Tuesday, February 21, 2006

MÁS DE "BLANCO Y NEGRO"


“El día 1º de enero de 2003, Fulano de Tal se levantará de su lecho. Un aparato le administrará una magnífica ducha, y no de agua vulgar infecta, llena de microbios y nada rica en oxígeno, sino de aire líquido, convenientemente esterilizado y saturado de brisas campestres, de olores a tomillo y a mejorana, que desperecen, refresquen y comuniquen nueva alegría y fresco bienestar al interesado. Y tampoco será una simple ducha exterior como las que ahora nos damos, sino que, por medio de complicadísima red de tubos y enchufes, limpiará boca, dientes, narices, oídos y aparato digestivo, dejando al paciente tan lubricado por dentro y por fuera como un cañón modelo en un parque de artillería.
Como la limpieza del cuerpo engendra la alegría del alma, Fulano estará contento y satisfecho. Abrirá, pues, el balcón de su cuarto, que supondremos situado en la 123 avenida de la ciudad de Nueva York, y se dejará caer suave y graciosamente al suelo, merced a un paracaídas perfeccionado, que evitará el trabajo de bajar escaleras y el consiguiente desgaste muscular. Al llegar a la calle, Fulano encontrará en ella el bullicioso espectáculo habitual. Las aceras movibles instaladas a derecha e izquierda trasladarán de un punto a otro miles y miles de personas, que de pie o sentadas en el suelo se distraerán, esperando, como el borracho del cuento, que llegue la casa a donde van, y leyendo revistas o libros, conversando de negocios o jugando al ping–pong y al salta en mesitas que alquilarán los golfos del siglo XXI. Fulano será hombre pudiente y podrá permitirse el lujo de andar a pie por el centro de la calle, bajo la sombra de los árboles, pagando para ello su cumquibus, supuesto que el andar a pie y despacio será entonces una diversión carísima, sólo asequible a los potentados, quienes habrán de indemizar en buena moneda a la sociedad el perjuicio que le causen a eludir la general ley del trabajo y al escurrir el hombro en el concierto del universal ajetreo.
Una vez en paseo, Fulano sentirá curiosidad de saber cuanto pasa en el mundo, y para cumplir su deseo se dirigirá a cualquiera de los puestos de periódicos situados a lo largo de las calles y paseos, es decir, que se colocará ante una elegante columna de hierro forjado, algo parecida a las actuales básculas automáticas, y depositando un penique en la rendija, si quiere enterarse de la discusión verificada el día anterior en tal o cual academia, liceo o reñidero político, al punto verá desarrollarse ante sus ojos toda la escena en la tira de un cinematógrafo polícromo, mientras un fonógrafo perfecto y que no sonará a voz cascada de castañera vieja, como los de ahora, repetirá los discursos de los oradores, los rumores, los aplausos y hasta el ruido de las bofetadas y de los puntapiés, cuando los haya; si quiere saber de la obra estrenada en la noche precedente, el mismo cinematógrafo periodístico reproducirá todas las escenas, y el mismo fonógrafo todas las palabras de los actores, o los gorgoritos de las tiples; y si a más de ver la pieza aspira a formar una opinión sensata sin molestarse en discurrir, por un penique más verá reproducidos los gestos y las palabras de los señores que compongan a la sazón el trust de la crítica teatral.
Saciada su momentánea curiosidad en poco tiempo, Fulano sentirá ganas de almorzar y acto continuo se dirigirá a la botica o laboratorio alimenticio más acreditado de Nueva York. Allí, por unos cuantos perros grandes, le suministrarán cinco píldoras de sustancia químicamente pura asimilable en su totalidad, equivalentes a un consommé; un plato de huevos, otro de carne, otro de pescado y otro de legumbres, con los cuales quedará nutrido para unas cuantas horas, sin miedo a complicaciones gástricas ni intestinales. Pero como ya hemos dicho que Fulano es hombre rico, y la alimentación química, si bien habrá resuelto para entonces la parte más ardua y terrible del problema social, no tendrá nada de sibarítica, Fulano se irá con sus píldoras a uno de los más delicados restaurants platónicos, y mientras deglute la píldora correspondiente al caldo, un camarero le pondrá ante ojos y narices una taza de auténtico, dorado y humeante caldo, y se la llevará intacta cuando con vista y olfato haya el cliente apurado el goce más intenso y espiritual de la gastronomía; lo mismo ocurrirá con los demás platos. Y aun cuando entonces las sociedades de templanza formarán parte de la máquina gubernamental del mundo, y el alcohol y sus preparados figurarán en la lista de los venenos, a los ricos se les tolerará la nefanda corruptela de oler una copita de whisky o de coñac después de la comida; pero olerlo nada más, y eso teniendo en cuenta que la olfación de semajantes porquerías constituirá una intoxicación lenta, y el Estado tendrá verdadero interés en que fallezcan muchos ricos, porque, abolido ya el sistema de los patrimonios, no habrá más universal heredero que la sociedad, la cual se encargará de enterrar al muerto y de mantener y cuidar a los vivos. De tal manera, nadie tendrá en que se muera este o el otro señor sino un interés infinitesimal y a prorrata, quedando con esto suprimidos los tíos ricos y los sobrinos derrochadores tan usuales en comedias y caricaturas.” (Fragmento).

F. Navarro y Ledesma.

Tomado de Blanco y Negro, Madrid, año trece, número 609, 3 de enero de 1903.


En el texto se incluyen objetos de la época, como el fonógrafo, moneda de ese entonces e incluso, en el libro, se ilustra con un hombre con una hélice que lo ayuda a saltar del balcón, pero vestido con sombrero y flor en el ojal, monóculo, bastón.
Por otro lado, ¿qué pensamos ahora que pasará de aquí a cien años? Tal vez los países sean enteramente suburbios de casa abandonadas y fogatas en las calles, y las islas albergarán a los nietos de los actuales políticos, con un séquito de sirvientes –personal selectísimo, no cualquiera que se consiga en una agencia– y permanentemente vestidos con pijamas de seda, hablando de su última función privada de cine.

Friday, February 17, 2006

LA PERVERSIÓN DEL IDIOMA.


Del caso que en estos días está en boca de todos –y lo estará durante un buen tiempo, creo–, me referiré a la perversión que los personajes dan a las palabras utilizadas. ¿Qué tienen que hacer en boca de un gobernador –abogado– y de un empresario frases como “mi gober' precioso”, “papá”, “mi héroe”, además de un reducido catálogo de insultos usados más de una vez a lo largo de la conversación (¡qué pobreza de lenguaje!)? Y no son las palabras en sí, sino la intención impresa en ellas. Alguna ocasión, en tardes cuando la Matraca era un punto de reunión para beber osos, cervezas y escuchar al mejor maestro, Alejandro Meneses comentó que después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, los escritores alemanes tuvieron que reinventar su propio idioma; palabras como “pureza”, “horno”, “ario”, “judío”, necesariamente, irremediablemente, remitían a los horrores vividos por judíos, gitanos, etc. Guardando distancias, éste es el mismo caso (ya no podremos pensar en Superman o los niños en su padre, como nuestro héroe, o en un longevo e impredecible personaje literario cuando se pronuncie “precioso”), y no es un hecho aislado, pues en general, los políticos hacen trizas el idioma desde que existen. Cuando abren su mentirosa boca, todo el mundo da un significado contrario a los discursos –ya saben: la solidaridad, el apoyo a los que menos tienen, servir al pueblo, los ingresos, bla bla, bla.
Pareciera que tanto el textilero como sus interlocutores se criaron en la bragueta de un cargador –pido perdón a los cargadores por emparentarlos con tan finas y selectas personalidades.
Y no es que ellos no hallan recibido la educación adecuada, pues tienen los medios para hacerlo. Por lo menos en el caso de Kamel Nacif pienso que es una manera de demostrar hasta dónde se extiende su poderío, es un signo de prepotencia –véanme como me dirijo a los miembros del gobierno, valgo más que esa periodista–. En el transcurso de esta semana el presidente de la Cámara de la Industria textil de Puebla y Tlaxcala, comentó que se podría pensar que la totalidad de los empresarios textiles son iguales, y que no es cierto. En este punto puedo externar mi opinión, basada en las experiencias que he tenido, en mi propia vida. Durante nueve años estuve laborando en empresas del ramo del acabado textil y constato que el presidente de la Cámara está equivocado. Los dueños, todos, son un conjunto de prepotencia y palabras soeces, hacen sentir su poder gritándole a las personas que, quieran reconocerlo o no, son quienes los ayudan al aumento de su riqueza: los obreros, personas de producción que en muchas ocasiones no gozan del seguro social, se les adeudan prestaciones como el fondo de ahorro para el retiro y el INFONAVIT, que trabajan con muy poca o nula protección personal, con productos químicos y tienen que meter mano en máquinas con rodillos, pinzas... Bueno. Lo también lamentable, además de la persecución a la escritora, es que un gobernador de supuesta extracción popular –ya no estoy tan convencida–, esté obedeciendo a intereses empresariales.
Por último, quiero informar que la muy célebre Comunidad del Anillo organizó un encuentro con carácter de urgente: una sesión espiritista con el objetivo de convocar a J.R.R. Tolkien. Frodo Bolson fue el convocante, pues escuchó que alguien que no es el Gollum estaba pronunciando “precioso”, para su gusto, con mucha insistencia. Armados de quija y ejemplares ilustrados de los libros del mencionado Tolkien, llegaron hasta Sudáfrica para tan memorable ocasión. Las pesadillas que habían tenido antes de reunirse se confirmaron: el escritor está furioso, se revuelve en su tumba. Después de tomarse las manos alrededor del primer libro de la trilogía, el autor habló por la boca de Gandalf el blanco y está pidiendo, exigiendo, que el Congreso poblano aplique un impuesto a la bancada priísta, que se reduzca en un quince por ciento el salario de Mario Marín por lo que resta del sexenio, que se graven con impuestos especiales las ganancias por la maquila de pantalones de mezclilla, un boteo, un teletón, lo que sea, para que se le paguen los derechos de autor, pues la palabra “precioso” es de uso exclusivo del Gollum, además de formar parte de su imagen y personalidad... ¿o acaso será que tendremos pronto un nuevo Gollum?

Thursday, February 09, 2006

HACE MÁS DE UN SIGLO


Revisando en un libro del año 1903, encontré esta poesía. Se trata de la revista semanal Blanco y negro, de Madrid, año trece, número 613, 1 de febrero de 1903, acompañada en el libro por los números publicados a lo largo del año. Y bueno, me parecieron interesantes las metáforas, en las que compara a una bailarina clásica, creo, por la descripción de su vestuario, con un ángel, un fantasma, una flor o remolino.

La bailarina

Aérea, gentil, vaporosa,
esparce al abrir sus gasas
perfumes enervadores
que la atmósfera embalsaman.
Desde el fondo de la escena
rápidamente adelanta
encorvándose o alzando
su figura soberana.
Tiene caprichos de ondina;
yérguese furiosa, salta;
ya es flor que gira, ya es rápido
remolino que arrebata;
ya es la mujer picaresca
que, rebosando de gracia,
lleva el compás de la música
con su cabeza gitana;
ya es el ángel que, moviendo
con suave rumor las alas,
al tomar impulso adquiere
vaguedades de fantasma,
y que en éxtasis divino
súbitamente se para,
envuelta en el rayo de oro
que la sigue mientras baila.
Destellos deslumbradores
la luz de su traje arranca,
y claridades de aurora
se reflejan en su cara;
es la figura sublime
que no envejece ni pasa,
es eterna; simboliza
la juventud y la gracia.

Leopoldo López de Sáa.

Monday, February 06, 2006

ALGO PARA QUE SU SANGRE SE HAGA PIEDRA


Encontré en una publicación mensual gratuita –Kombo, cultura y lugares. Enero 2006, No. 5– algunos datos sobre la tortura, usada, por ejemplo, para extraer una declaración del torturado, la que muchas ocasiones es falsa, provocada por el dolor físico.
Esta publicación hace un pequeño recuento de los instrumentos usados en esta práctica. Entre ellos, el “aplasta cabezas”

“La cabeza se ubica bajo el casquete superior y la barba en la base del instrumento, se gira lentamente el tornillo para comprimir el cráneo. Primero se destruyen los dientes, se rompen o astillan en la boca. Los ojos salen de sus órbitas y finalmente el cráneo se rompe. En las primeras etapas el torturador podía pisar o golpear el casquete provocando más dolor en la víctima”.

Fue utilizado por la inquisición, está considerado dentro del grupo de instrumentos causantes de muerte, pero después de dejar sentir al reo el tormento aplicado.

Sólo un comentario después de leer el artículo y admirar la fotografía: ¡¡Auch!!

Thursday, February 02, 2006

NO ESTOY DE ACUERDO.

Hoy quisiera expresar mi opinión acerca de la entrevista concedida por el poeta Alí Calderón al diario Intolerancia, publicada en la sección cultural del día lunes 30 de enero de este año.
En ella, expresa que “la generación anterior no es tan exitosa en los medios de legitimación de la literatura. La generación nueva, con poco trabajo, y esto por una cuestión de edad, han demostrado mucho más que los anteriores”, y que “la muerte de Meneses, tan sentida en el medio, es un símbolo de que esa vieja manera de entender, hacer y vivir la literatura “ya fue” y que está apareciendo una nueva manera de trabajar la literatura a través del rigor. Es un curioso símbolo producto de la sincronicidad que se construyó. Claro, lo digo con respeto y pena”.

“El poeta poblano Alí Calderón, ganador del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2004, habló en entrevista para Intolerancia Diario sobre Imago Prima, el poemario publicado a finales del año pasado por la Universidad Autónoma de Zacatecas después de obtener el galardón; también sobre el proceso de transición que vive la literatura poblana, de la manera bohemia de hacer vivir y comprender la literatura por parte de algunos escritores de la generación anterior, hacia una nueva forma “más razonada”, de los jóvenes escritores con formación universitaria”. (Tomado de Intolerancia diario, sección cultural, pág. 22, del lunes 30 de enero de 2006).

Primero, sería muy elitista excluir a los que no tuvieron la suerte o los medios para ser universitarios. No todos los escritores jóvenes tienen esa formación. Dejando de lado a una servidora –técnico en química industrial, asistente a los talleres de cuento de Alejandro Meneses desde el 2002, con la inquietud de escribir–, hay escritores egresados de la universidad, sí, pero no de una carrera de letras o de una escuela privada. Por ejemplo Alejandro Badillo Cervantes, quien ha publicado en cinco ocasiones en la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla. Él es egresado de la carrera de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla y de los talleres impartidos por Alejandro Meneses en la SOGEM–Puebla. En mi humilde opinión, es uno de los mejores escritores jóvenes, narrador que se ha hecho presente, además de en Crítica, en los suplementos culturales de periódicos como Intolerancia, Cambio y Síntesis, y en la antología “De párvulas bocas”.
Luego, sobre la vieja forma de vivir la literatura, “bohemia” o de una nueva forma “más razonada”, no creo que sea cuestión de generaciones. Es algo personal –con todo respeto, no veo que los integrantes de la generación de Alejandro Meneses estén muriendo también–. Alguien que tenga el gusto por escribir, o que se dedique a ello de tiempo completo, lo visualizará desde su punto de vista, ya sea bohemio, muy académico, abstemio, haciéndole caso más a los instintos que a los conocimientos que se puedan tener, sea de la generación que sea...
La muerte de Alejandro no es ningún símbolo, o una señal para el cambio de dirección de la literatura. Es un acontencimiento que nos tomó por sorpresa, que a quienes fuimos sus alumnos nos sigue doliendo y quisiéramos fuera ficción. Extrañamos al amigo, quien también, con el solo hecho de estar presente, en su departamento, en La Matraca, en quién sabe dónde, y hablo a título personal, daba una especie de seguridad al momento de estar estructurando un cuento.
Alejandro Meneses ES un excelente narrador. No siento que la fama o algún premio sean los indicadores de éxito, sino el ser constante, el vivir la literatura –vivir– y tener su propia manera de expresarse, de buscar dentro del alma, como Meneses lo hizo hasta el final.

Wednesday, February 01, 2006

DANÉS-DINAMARQUÉS.

Revisando el manual de zoología fantástica, cuyo prólogo ya he compartido, encontramos el gentilicio “dinamarqués”.

El kraken

El kraken es una especie escandinava del zaratán y del dragón de mar o culebra de mar de los árabes.
En 1752, el dinamarqués Eric Pontoppidan, obispo de Bergen, publicó una Historia Natural de Noruega, obra famosa por su hospitalidad o credulidad; en sus páginas se lee que el lomo del kraken tiene una milla y media de longitud y que sus brazos pueden abarcar el mayor navío. El lomo sobresale como una isla; Eric Pontoppidan llega a formular esta norma: “Las islas flotantes son siempre krakens”. Asimismo escribe que el kraken suele enturbiar las aguas del mar con una descarga de líquido; esta sentencia ha sugerido la conjetura que el kraken es una magnificación del pulpo.
Entre las piezas juveniles de Tennyson, hay unadedicada al kraken. Dice, literalmente, así:
Bajo los truenos de la superficie, en las honduras del mar abismal, el kraken duerme su antiguo, no invadido sueño sin sueños. Pálidos reflejos se agitan alrededor de su oscura forma; vastas esponjas de milenario crecimiento y altura se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza, pulpos innumerables y eormes baten con brazos gigantescos la verdosa inmovilidad, desde secretas celdas y grutas maravillosas. Yace ahí desde siglos, y yacerá, cebándose dormido de inmensos gusanos marinos hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo. Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles, rugiendo surgirá y morirá en la superficie.

Me di a la tarea de buscar en el diccionario “dinamarqués” (el de la Enciclopedia Encarta 2003, el de la Ral Academia Española, decimonovena edición), y en ambos aparece como sinónimo de “danés”, no como una forma incorrecta. Aún le damos el beneficio de la duda a Borges, autor del citado manual. Mientras tanto, seguiremos informando.

Saturday, January 28, 2006

LIBRO SIN AUTÓGRAFO



La presentación del libro póstumo del escritor tlaxcalteca–poblano Alejandro Meneses, Tan lejos, tan cerca, de Ediciones de Educación y Cultura, Colección Íntimos, comenzó el martes 24 de enero, cuando, poco antes de las nueve de la mañana, encendí la televisión en el canal de Televisa Puebla. Anunciaron la presentación del jueves 26 en Profética, a las siete de la tarde; también me enteré que habían regalado tres libros.
En Profética ya está a la venta Tan lejos, tan cerca, las gruesas tapas negras protegen papel lustroso y letras grandes. El libro incluye seis cuentos: Cosas veredes, La vocación del soldado y Luna árabe, conforman el apartado Tan lejos; La bella vida, Los días de baile y Mientras llueve, es el Tan cerca. El cuidado de la edición estuvo a cargo de Beatriz Meyer.
El jueves, desde el mediodía, una inusual lluvia lavó las calles para que Meneses asistiera a la presentación de su libro póstumo; inevitablemente, el último. El agua se deslizó por paredes y aceras, pertinaz, tranquila en su respiración acompasada, con la sutileza de quien no ha sido invitado y se le deja por educación. La lluvia, comprendiendo su calidad de extranjera en esta época del año, terminó por la tarde.
Antes de las siete todo estaba listo. Las sillas en el patio central de la casona antigua que es Profética, las mesas y bancos para los presentadores, micrófonos, agua, unos cuantos rostros conocidos repartidos entre el pizarrón de la entrada y la librería. Con mi papá, regresé a las siete. Esta vez más de sus alumnos estaban presentes. En la pared, frases blancas con fondo negro; frases de Meneses, sacadas de su pluma, de su alma. Fotografías de una presentación anterior, Casa vacía, recopilación de sus tres libros. Bety Meyer llegó retrasada. Vodkas con refresco en vasos alargados, la bebida ligada irremediablemente a Alejandro. En el ánimo de los asistentes, un escritor ido, un amigo ausente. Fue la noche de Alejandro Meneses, donde sólo faltó su voz grave dando más vida a uno de sus cuentos, sus sonrisas, su autógrafo en cada ejemplar adquirido –la edición de lujo, tapas gruesas y cubierta negra–. También los ojos líquidos, la boca cerrada, descendente, la pregunta –¿cómo se atrevió a irse?–, reclamaron su lugar entre los amigos, dentro de las gargantas, en el pecho.
La banda menesiana estuvo completa: Sergio, tarde; Alejandro, Princesa, Elías, Maribel, una servidora. (En la foto, Maribel, yo y Princesa, de izquierda a derecha).
Sólo me faltaste tú, profe, Meneses. Quise no llorar pero, ante tus frases, tus fotografías, tu recuerdo, la tristeza es un reflejo más de mi cuerpo, como estirar la pierna en un consultorio médico, al sentir un leve golpe de martillo en la rodilla. Prometí tomarme un oso, o por lo menos medio, a tu salud, en honor a ti. No lo hice, y no por falta de valor, sino por falta de osos, se fueron cuando los busqué.
Al igual que en la presentación de Casa vacía, la pequeña cámara con rollo 110, de 24 exposiciones, la misma que ha seguido a quienes admiro, a mí misma hasta Aguascalientes, captó instantes de la presentación, tus frases sobre el muro, a mis amigos –tus amigos– reunidos en torno a ti. Sólo faltaste tú, repito. Me gustaría, cuando la revelación saque a la luz esas imágenes, ver tu silueta junto a mis hombros, como en una fotografía anterior.
Al mismo tiempo, este libro, como el de Noche adentro, se quedará sin una frase de tu puño y letra, sin una dedicatoria para mi alma de escritora. Sin un autógrafo.

Tuesday, January 24, 2006

FOTOGRAFÍAS DE RULFO.



Cuesta demasiado pensar que en algún momento estos dos elementos estaban unidos (según el Génesis). ¿Cómo sería ese aire-agua? Tal vez tendríamos branquias y las aletas de nuestros pies nos arrastrarían por suelos siempre lodozos. Barro sobre nuestra piel, el sol tratando de abrirse paso entre arcoiris perpetuos, las raíces de árboles y arbustos probando el alimento ofrecido sobre la tierra, flotando. Atraparíamos peces con una red, como si fueran mariposas y si nos mostraran los planos de un barco, de un simple velero, pensaríamos en una máquina para viajar a otros planetas y las autoridades encerrarían al osado inventor.

Monday, January 23, 2006

ALEJANDRO MENESES AÚN ANDA POR AQUÍ.

Algo que está en mi correo gracias al Caballero inexistente...
NI TAN LEJOS, NI TAN CERCA...

Enrique de Jesùs Pimentel

EL NIMBO PERMANENTE. No sólo fueron la fecha de nacimiento y la de su verdadero viaje las que Alejandro Meneses se encargó de velar con el nimbo de la incertidumbre: también el último tramo de su obra narrativa ha quedado, tal vez para siempre, envuelto en la bruma de las interrogantes.
En rigor, los libros que publicó en vida se reducen a tres. Obra condensada y estricta cuya dimensión nos habla de una vocación escritural permeada siempre por la precisión y la exigencia. Días extraños, la colección de cuentos que publicó Fomento Editorial de la UAP, apareció en el año de 1987; Ángela y los ciegos, Editorial Cal y Arena, en el año 2000 y, finalmente, Vidas lejanas, Ediciones ABZ, vio la luz en 2003. Este último agregaba a su material inédito un cuento incluido en Días extraños: "El barco de cristal". Una antología de su obra cuentística, Casa vacía, fue publicada por la Editorial Lunarena en 2004.
EL VIAJE A ESPAÑA. Tan lejos, tan cerca es, sería, su cuarto libro. Expliquémonos; a principios de 2004, Alejandro Meneses aceptó la invitación de esta editorial de reciente formación para que su libro inaugurara la colección Íntimos, la cual albergaría a escritores y escritoras que nacieron o en la región o se avecindaron en ella, pero han realizado su trabajo literario más importante en suelo poblano. El libro de Meneses sería escrito durante un viaje a España: las historias debían establecer un paralelo entre culturas hermanas.
El narrador comenzó a hacer y deshacer maletas, se informó de los lugares que podía visitar, de la casa donde hospedarse, de bares, vinos, tapas y pinchos, así como de los trámites burocráticos que debía ejecutar para obtener los documentos inherentes al periplo: visa, pasaporte. En este punto, su talante heterodoxo en materia de procedimientos oficinescos encontró los primeros diques; demorados y repetidos viajes a su natal Altzayanca le develaron la casi incombatible dificultad de obtener una copia certificada de su acta de nacimiento, cuando menos una que guardase concordancia con el nombre que usaba para ejercer como ciudadano. Los amigos que nos acercamos para ofrecerle ayuda en los vaporosos trámites comenzamos a vislumbrar cierto desgano que, conforme pasaban los días, se hizo más visible. A eso hubo que sumar que el viaje a tierras ibéricas despertó en los allegados el recuerdo de otra visita de Alejandro, muchos años antes, al mismo país. En aquella ocasión la preparó muy bien, la anunció con el protocolo debido y, cortésmente, se despidió de todos. Sin embargo, cuando pensábamos que estaba a punto de regresar, descubrimos que no se había ido.
PARA QUE IR TAN LEJOS. A mediados de abril de 2004, en una fiesta que debió haber sido la de su despedida ante el inminente viaje y que se convirtió en mi fiesta de cumpleaños, Alejandro contó, con un estilo tan inigualable como el de sus narraciones escritas, que dos o tres días antes había dejado olvidada su cartera en un taxi que lo transportó del centro de la ciudad de Puebla a su casa, en lo que él llamaba, nunca se supo si democrática o despectivamente, "las goteras de Cholula". Con la cartera, junto con los billetes de curso legal y las fotografías que se cargan como talismanes del corazón, Alejandro había perdido para siempre su credencial de elector. Una traba adicional que colmó el vaso de las contrariedades. Luego de esa confesión, la incipiente primavera nos entregó una certeza: Alejandro Meneses no iría nunca a España.
Pero el proyecto del libro continuó vigente. A pesar del frustrado viaje y de algunos problemas de salud que lo aquejaron en los meses posteriores, para fines del año pasado era también una certeza que Alejandro estaba escribiendo el libro prometido. En febrero de 2005, cuando fue convocado por una naciente editorial a participar en un libro que reuniría cuentos alrededor de El Quijote, en el año de su cuarto centenario, Meneses colaboró con un texto que, de manera evidente, procedía del libro planeado. En De claro en claro se publicó el cuento Cosas veredes; al rematar uno de los diálogos finales entre el protagonista, Quijano, y su taxista madrileño, Sánchez, el narrador desliza la frase que da nombre a este volumen:
"-¿Irás a América? -le preguntó Alonso, una tarde, al final del verano.
Sánchez miró lo que nunca había imaginado.
-No tengo cómo -dijo.
-Yo sí tuve cómo venir a morir a España -dijo Quijano, pensando en Tlaxcala.
Se vieron. Tan lejos, tan cerca."
LA PÁGINA FINAL. Un incidente más dificultó la llegada de los textos a la imprenta. Cuando el autor se apersonó para hacer entrega de un adelanto del material, el disquete en el que lo llevaba no desplegó sus archivos; no abrió, como solemos decir. Era miércoles, día que, según Alejandro, no existía. El jueves supimos que se había reunido con alguien (nunca sabremos quién) a comer. Al parecer el festejo se prolongó y el viernes una de sus ex mujeres lo encontró en cama, indispuesto. Sin decir nada ni a familiares ni amigos, la señora guardó su preocupación hasta el sábado, cuando por fin trató de alertar a la familia. Mientras, sus amigos lo buscábamos infructuosamente por los escondrijos donde su rutina de hombre solitario le tenía siempre dispuestos una mesa y un vaso de vodka. Fue un fin de semana oscuro. Un mal presentimiento nos agobiaba. La mala salud de Alejandro y su renuencia a ir al médico eran los factores que alimentaban la desazón. No respondía a las llamadas telefónicas. El buzón del celular sustituía al saludo cordial de nuestro amigo y convertía el silencio en una especie de mariposa negra adherida al cristal de una ventana.
El martes de la semana siguiente, una llamada confirmó nuestros temores: Alejandro había muerto. No tuvimos el consuelo de saber con certeza cuándo, a qué hora había exhalado el último suspiro, cuáles habían sido sus últimas palabras. Nos enteramos de su muerte apenas una hora antes de la cremación de sus restos.
EL LIBRO POSTUMO. La colaboración de la familia en la búsqueda de los textos fue determinante para la culminación de este proyecto. Integrados y confrontados con el proyecto elaborado por el propio autor, se logró la reunión de la mayor parte de ellos. Sólo dos cuentos mencionados en el índice primitivo no se fusionaron a este corpus: La vida en secreto, del que, hasta ahora, no se tienen mayores noticias, y Hacer las Indias, del que se encontró poco menos de una cuartilla.
Dos textos inéditos reparan la ausencia de esas narraciones. Esos cuentos son Luna árabe y Mientras llueve. El primero no es un cuento: es un espacio simbólico, pletórico de claves personales, guiños y alguna solicitud encriptada como la que encierran las palabras finales: Please don't go. O no tan finales si se infiere, como muchas cosas lo hacen suponer, que todavía se planteaba hacerle adiciones y modificaciones, tal vez, sólo tal vez, de baja intensidad. El segundo es un relato que da testimonio de una larga filiación literaria y vital: Scott Fitzgerald.
El cuidado de la edición, a cargo de Beatriz Meyer, procuró respetar el estilo, sobre todo en los cuentos en los cuales se percibían ciertos desniveles narrativos difíciles de hallar en otros textos. Ello indicaba, junto con otros aspectos del proceso personal de escritura de Alejandro, que esos relatos quedaron, si no inconclusos, sí en obra negra, sin retoques formales, esos giros estilísticos suyos tan leves pero tan reconocibles como el olor de la lluvia. La labor era ardua. Sólo el cariño y la persistencia fueron la guía para encontrar la solución a algunas frases, a ciertos finales que su fervor narrativo ponderaba una y otra vez y que nosotros tuvimos que elegir de acuerdo con el conocimiento del amigo y su obra. Tan lejos, tan cerca, el último libro de Alejandro Meneses, se convirtió así en un símbolo, un monumento a la amistad y a la pasión por la escritura.
Libro de umbrales, Tan lejos, tan cerca es un espejismo, una colección de historias inscritas en los límites de luz y oscuridad en los que el autor se movió toda su vida. Dos relatos, Luna árabe y Los días de baile, parecen indicar los derroteros por los que su búsqueda estética andaba al momento de su muerte. La conciencia del fin, la soledad, los fantasmas, la noche con su carga etílica, la luna que siempre lo acompañó son los elementos con los que Alejandro tejía una cuerda para llegar al interior de las cosas. Su fuerza narrativa, terrible y devastadora por momentos, es el elemento que mueve relatos plenos de simbolismo, pasajes animados por la certeza de que el desconcierto y la incertidumbre son y seguirán siendo nuestras únicas recompensas.
EL VIAJE ÚLTIMO. Alejandro no fue a España a escribir este libro. Los que gozamos largos años de su privanza no nos sorprendimos mucho de ello. Sus viajes eran puro cuento; quizá el último también lo sea y algún día descubramos que no se ha ido, que anda por aquí, tramitando una papelería escabrosa y, Quijano distraído, en busca del taxista Sánchez que se llevó su cartera. Como quiera que sea, el territorio enorme en el que se mueve su literatura no requería de grandes desplazamientos físicos para construir las atmósferas minuciosas y seductoras que atrapan a sus lectores. Aunque era censor de efectismos fáciles, su narrativa no carece de efectos precisos y duraderos. Como duradera deberá ser la vigencia de su obra intrigante y dolorosa, profundamente comprometida con el espacio que más le interesaba explorar: los derroteros insospechados del alma humana.
JUEVES 26 EN PROFÉTICA. Tan cerca, tan lejos de Alejandro Meneses se presenta, finalmente, el próximo jueves 26 de enero en Profética, Casa de Lectura (3 sur 701). Participan con toda seguridad (si no se van a España o pierden su credencial de elector), Beatriz Meyer y Julio Eutiquio Sarabia. La editorial, Educación y Cultura, ha ofrecido que no faltará el vodka oso negro del cual era ombdusman el autor del libro.

Tuesday, January 17, 2006

¡¡¡¡EXTRA, EXTRA!!!! (Marianito voceador, el retorno)

Quiero anunciar una ceremonia que se realizará dentro de una semana, el jueves 26 de enero a las siete de la noche, en Profética (3 Sur esquina 7 poniente), la presentación del libro póstumo "Tan lejos, tan cerca", del excelente autor -profe, gurú, tlatoani- Alejandro Meneses (¡¿cómo te atreviste a irte?!). Lecturas y comentarios a cargo de la escritora Beatriz Meyer, del poeta Julio Eutiquio Sarabia, y de Mariano Morales, vicepresidente editorial del periódico Síntesis.
Es imperativo que la banda menesiana, y no sólo ella, sino todo Puebla,se congregue para este acto, donde se presentará un libro con cuentos inéditos (creo, no me hagan mucho caso) del mejor narrador que ha tenido esta ciudad, este país.
Repito la cita: Profética, jueves 26 de enero de 2006, siete de la noche, Alejandro Meneses, "Tan lejos, tan cerca". Es un homenaje a quien se lo merece tanto, y se hace obligatorio estar presentes.

Thursday, January 12, 2006

Wednesday, January 11, 2006

¿LETRAS O IMÁGENES?

Año nuevo y regresamos a la duda, si se prefiere la novela o la película o serie basada en ella. Ahora es el caso de Los miserables, del escritor francés Victor Hugo. Se han hecho varias películas, una en la década de los setenta, con Anthony Perkins como Javert -que, por cierto, no he visto- y otra en los noventa, con Liam Neeson (Valjean) y Greofrey Rush (Javert) bastante buena.
Acabo de ver una miniserie de seis horas con Gérard Depardieu (Valjean) y John Malkovich Javert), y me parece una excelente adaptación, muy apegada a la novela y con brillantes actuaciones. La recomiendo.
En cuanto al libro de más de mil páginas -edición Porrúa-, me pareció una manera original de escribir. Hay fragmentos donde pareciera que Victor Hugo envió a un grupo de personas por las calles de París para que espiaran cada movimiento de los personajes, y que luego escribieron "el autor de este libro dice..."
Para iniciar el año, recomiendo la miniserie y la novela de Los miserables. Las dos a la altura, excelentes tanto en el papel como en las imágenes.

Tuesday, January 03, 2006

MANUAL DE ZOOLOGÍA FANTÁSTICA.


Revisando entre los libros de mi papá, encontramos este manual, escrito por (¿pueden creerlo?) Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, de los Breviarios del Fondo de Cultura Económica –No. 125–, editado en 1957 y reimpreso en 1966 y1971. El libro habla sobre animales nacidos en las leyendas de diversos países, en la mente de escritores como C. S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia, de Edgar Allan Poe, Franz Kafka. Animales vistos con formas diferentes por personas diferentes, como el basilisco, visto en forma de serpiente y de gallo, el centauro, minotauro, la esfinge.
Reproduzco el prólogo del libro, escrito por los propios autores, en enero de 1954.

“A un chico lo llevan por primera vez al jardín zoológico. Ese chico será cualquiera de nosotros o, inversamente, nosotros hemos sido eses chico y lo hemos olvidado. En ese jardín, en ese terrible jardín, el chico ve animales vivientes que nunca ha visto; ve jaguares, buitres, bisontes y, lo que es más extraño, jirafas. Ve por primera vez la desatinada variedad del reino animal, y ese espectáculo, que podría alarmarlo u horrorizarlo, le gusta. Le gusta tanto que ir al jardín zoológico es una diversión infantil, o puede parecerlo. ¿Cómo explicar este hecho común y a la vez misterioso?
Podemos, desde luego, negarlo. Podemos pretender que los niños bruscamente llevados al jardín zoológico adolecen, veinte años después, de neurosis, y la verdad es que no hay niño que no haya descubierto el jardín zoológico y que no hay persona mayor que no sea, bien examinada, neurótica. Podemos afirmar que el niño es, por definición, un descubridor y que descubrir el camello no es más extraño que descubrir el espejo o el agua o las escaleras. Podemos afirmar que el niño confía en los padres que lo llevan a ese lugar con los animales. Además, el tigre de trapo y el tigre de las figuras de la enciclopedia lo han preparado para ver sin horror al tigre de carne y hueso. Platón (si terciara en esta investigación) nos diría que el niño ya ha visto al tigre, en el mundo anterior de los arquetipos, y que ahora al verlo lo reconoce. Schopenhauer (aún más asombrosamente) diría que el niño mira sin horror a los tigres porque ignora que él es los tigres y los tigres son él o, mejor dicho, que los tigres y él son de una misma escencia, la Voluntad.
Pasemos, ahora, del jardín zoológico de la realidad al jardín zoológico de las mitologías, al jardín cuya fauna no es de leones sino de esfinges y de grifos y de centauros. La población de este jardín debería exceder a la del primero, ya que un monstruo no es otra cosa que una combinación de elementos de seres reales y que las posibilidades del arte combinatorio lindan con lo infinito. En el centauro se conjugan el caballo y el hombre, en el minotauro el toro y el hombre (Dante lo imaginó con rostro humano y cuerpo de toro) y así podríamos producir, nos parece, un número indefinido de monstruos, combinaciones de pez, d epájaro y de reptil, sin otros límites que el hastío o el asco. Ello, sin embargo, no ocurre; nuestros monstruos nacerían muertos, gracias a Dios. Flaubert ha congregado, en las últimas páginas de la Tentación, todos los monstruos medievales y clásicos y ha procurado, sus comentadores nos dicen, fabricar alguno; la cifra total no es considerable y son muy pocos los que pueden obrar sobre la imaginación de la gente. Quien recorra nuestro manual comprobará que la zoología de los sueños es más pobre que la zoología de Dios.
Ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el dragón surge en distintas latitudes y edades. Es, por así decirlo, un monstruo necesario, no un monstruo efímero y casual, como la quimera o el catoblepas.
Por lo demás, no pretendemos que este libro, acaso el primero en su género, abarque el número total de los animales fantásticos. Hemos investigado las literaturas clásicas u orientales, pero nos consta que el tema que abordamos es infinito.
Deliberadamente, excluimos de este manual las leyendas sobre transformaciones del ser humano: el lobisón, el werewolf, etc.
Queremos asimismo agradecer la colaboración de leonor Guerrero de Coppola, de Alberto D’Aversa y de Rafael López Pellegri.

J.L.B.
M.G.

Martínez, 29 de enero de 1954.

FIN DE VIAJE.

El título de la primera novela de Virginia Woolf, publicada en 1915. Inicia con una caminata donde Helen Ambrose reprime el llanto, aferrada a una baranda junto al puente. Trata sobre un viaje por mar –el que, seguro, ella no quería hacer, aunque nunca se aclara si esa es la causa de su llanto–, desde Inglaterra hasta una colonia imaginaria en Sudamérica, llena de ríos y una vegetación exhuberante. Los protagonistas, la familia Ambrose y su sobrina Rachel, inician el viaje en un bote, en el que “dan un aventón” al matrimonio Dalloway, que aparecería en una novela posterior, y se instalan en una villa cercana a un hotel, donde Rachel conoce a Terence, un joven del que se enamora y piensan casarse. En la estadía entre villa y hotel, Woolf introduce varios personajes, a los que a veces se refiere con el nombre, y a veces sólo con el apellido. La novela termina con los huéspedes comentando la muerte de Rachel, a causa de una enfermedad adquirida en el viaje, que se manifiesta con fiebre y delirios, entreteniéndose en otras actividades.
A lo largo de la novela, lo que persiste es el análisis de la psicología de los personajes por medio de otros. Además, una atmósfera un tanto aristócrata, pláticas acerca de política, de la elección de estudios y comparación entre Inglaterra y el lugar en América, del clima o las causas de la enfermedad de Rachel.
En lo personal se me dificultó un poco la lectura del libro, por ser tantos los nombres que se introducen a lo largo de la trama, por referirse a los personajes de manera diferente. Y creo que un final más adecuado hubiera sido uno acerca de la familia Ambrose, y no el que se refiere a los huéspedes jugando ajedrez en un salón del hotel.
De cualquier manera me parece un libro recomendable, en el que tal vez la edición (Caralt–BUC) no ayudó mucho a la lectura.

Thursday, December 22, 2005

ATMÓSFERAS GEMELAS.


Hoy quiero comparar dos canciones –excelentes canciones– de dos de mis compositores favoritos, a mi parecer los mejores cantautores latinos, junto con Franco de Vita: “Bar”, contenida en el nuevo disco de Ricardo Arjona, “Adentro”, y “La flor del frío”, de Robi Draco Rosa, canción de 1996 del disco “Vagabundo”.
En ambos temas se recrea un bar a media luz, tabaco y rostros hechos de sombras. En los dos un cantante actua en el lugar. Una canción recurrente (Bar), junto a otra que es la única que tiene el cantante y cada noche la interpreta (La flor del frío).
Ricardo Arjona habla de una mujer quue siempre lo escuchaba cantar, de la que él se enamoró. Un día ella no regresó. Él sigue en la vieja tarima, consumiéndose, perdiendo la voz. tal vez el bar sólo esté a medias, muy pocos siguen yendo a oír al hombre que se apoya en el piano para no caer.
Robi Draco también actúa detrás de un piano. Él sólo canta una canción y la escasa gente le aplaude. Él también habla de un amor, dos personajes que se esconden entre las paredes de una casa, señalados, luego perdonados. En este tema imagino a dos hombres escondiéndose, tal vez Rimbaud y Paul Verlaine, dado los gustos literarios de Draco. En este caso, la atmósfera del bar es perfecta, aderezada por la melancólica y, podría decirse, si la comparamos con los cánones, desafinada voz de Draco, unas rechiflas al inicio de la canción y escasos aplausos al final.
La atmósfera que rodea a la de Ricardo Arjona es menos densa y creo que se rompe un poco al mencionar el nombre de la mujer ausente: Dolores.
En ambos casos excelentes canciones, cantautores talentosísimos, cada uno en su estilo.
Otros discos de Robi Draco Rosa: Frío, Libertad del alma, Mad Love, Songbirds and Roosters. Ricardo Arjona: Galería Caribe, Solo, Vivo, Animal Nocturno, Historias.

Monday, December 19, 2005

RECOMENDACIÓN.

Hoy quiero recomendarles el nuevo disco de Ricardo Arjona, "Adentro". En especial, la canción "Bar", es un excelente trabajo de composición. Recrea atmósferas llenas de humo, de velas apagadas. Primordialmente es una canción sobre el tiempo, sobre una mancha que ocupa una silla, el lugar de una persona que un día no llegó a escuchar cantar al personaje y que aún no ha vuelto.
Otro tema interesante es el de "Mojado", que habla sobre los indocumentados que cruzan la frontera hacia Estados Unidos. En esta canción participa el grupo Intocable.
Un buen disco, y los dejo con trozos de mi canción preferida: "Y allí se sentaba ella, allí se enamoró de mí, allí en esa silla ella, un día se aburrió de mí..."

Wednesday, December 14, 2005

FIN DE AÑO.


Es buen tiempo para pensar un poco y escribir otro tanto sobre lo que nos trae cada fin de año. Dirán, sí, trae paz, niños comiendo dulces azulosos, familias alrededor de una mesa cundida, árboles iluminados de los que cuelgan esferas rojas y plateadas, guirnaldas colgando de nuestra puerta y bailes desde el anochecer hasta que el cielo tiene pincelazos anaranjados. O lo anterior, exceptuando la mesa, el baile, los dulces, los árboles y las guirnaldas: sólo la compañía de los padres, hijos, primos, abuelos, amigos...
A veces el fin de año es la duplicación de nuestra soledad.
Las fiestas de fin de año traen rostros que viven en otra dimensión, cuya puerta de acceso es un epitafio en la cripta, un pequeño compartimento encerrado dentro de la iglesia, una fotografía en la repisa. Nos humedecen los ojos y cierran la garganta, nos estrangulan por dentro. Esperan que dibujemos una imitación de sonrisa, que nos sumerjamos en piscinas de sidra y vodka, que, a solas, la sonrisa estalle al no poder congelarse un segundo más en nuestro rostro.
Y es a solas cuando llegan esas visitas transparentes, las personas hechas de sales de plata emergen de fotos, se posicionan dentro de la cabeza y repiten momentos en nuestra compañía: caminar de madrugada en busca de un taxi, pláticas entre vasos llenos de refresco y alcohol, lectura de historias metidas en papel tamaño carta. Nos hacen sentir de nuevo que nos necesitan, les llevamos un libro hasta el sillón, las ayudamos a ponerse en pie, ofrecemos nuestros brazos para que no regresen al suelo, sonreímos ante lo que ya no puede leer ni caminar, ante quien ya no está y no volverá a estar nunca; aunque nuestra mente los forjara de agua y tierra, ¿qué haríamos? Un maniquí que no podría responder a nuestros brazos abiertos, a los hola suspendidos como plumas en el aire.
Trae, repito, los ojos húmedos y el rostro deformado, el querer cerrar la puerta para que los trineos se estrellen en el jardín; ganas de mutilar los cuernos de los renos, el marfil en elefantes, la joroba del camello y golpear con martillos la herradura en los caballos, convertir cada esfera en pedacitos brillantes, bajo los zapatos, de estar acompañados por nuestra sombra y no felicitar a nadie (¿por qué?), de que la arena en los relojes caiga hacia arriba, las manecillas giren a la izquierda y que esos cuerpos vuelvan a tener peso y volumen, que el sol los duplique de nuevo sobre los adoquines y sus pasos generen eco a nuestro lado.
El fin de año también es ganas de apagar el día e incinerar pétalos rojos. De visitar las regiones oscuras que, a decir de varios, ocupan nueve planos por debajo de la tierra. Quedarnos allí, levantando mantas hechas de pelusa para buscar caras surcadas de sol y tiempo, otras apresadas entre anteojos rectangulares. Preguntando a cada persona dónde están, si los han visto leyendo con los pies apoyados en una mesa y el bastón al lado, o en un bar de fuentes secas y televisores encendidos en canales de música. Conteniendo el aliento y la decepción al ver majillas de calcio y dientes como estacas, no encontrar a quienes esperábamos.
A veces, en los casos más extremos, aumentan las ganas de abrir el propio cuello y dejar que esa pesadez invada la atmósfera, liberar los sollozos para que vayan a disolverse a un río; jalar del gatillo, apretar el nudo, respirar agua para después volver a esos mismos rostros, a verlos. Allí, se podría pensar, sí los saludaremos, nos meteremos en su abrazo y nuestros ojos se unirán a su mirada... ¿y si no es así? ¿Si flotáramos hechos nubes, alejados por los continentes, el ecuador y los usos horarios? ¿Valdría la pena?
Debe pensarse que la noche de San Silvestre no sólo es la muerte de un lapso de 365 días; también podría convertirse en la muerte de tejidos y músculos, en la nota sensacionalista de la sección policiaca, en la reafirmación de que la escencia, el soplo que habita este frasco en constante descomposición llamado cuerpo, hace tiempo que se evaporó.

Tuesday, December 13, 2005

¿NOVELA O PELÍCULA?


La mayoría de las veces, si no es que todas, las novelas adaptadas a la pantalla grande resultan bastante alejadas de la idea impresa en el libro. Cuántas no se han hecho de Drácula o Frankenstain, donde ambos personajes son hasta cierto punto caricaturescos, siempre mostrando los colmillos, abriendo la capa o caminando como si tuvieran una tabla en la espalda.
En el caso de la novela de Mary Shelley, que por cierto, antes de leer nunca me hubiera imaginado que fue escrita por una mujer, pues creo que no eran los temas comunes manejados por las mujeres en el siglo XIX, la película más apegada a la novela es la protagonizada por Robert de Niro y Kenneth Branagh en 1994. El director y actor inglés nacido en 1960 logra una atmósfera gris, opresiva, completamente tétrica, creo, mayor que la que rodea a la historia en la novela. Cambia algunos detalles, por ejemplo, la muerte de Justine, en la novela es ejecutada por la muerte del hermano menor de Víctor. Su muerte en la película es más atroz: imagínense un salto en bunjee sin resorte, donde la persona es asegurada por el cuello. La escena es terrible: la turba se apodera de la chica, la llevan hasta la azotea de la prisión, y la lanzan con un nudo en el cuello. Su cuerpo pende unos instantes, ante la mirada de su madre, Víctor y Elizabeth, y las pedradas que lanzan manos anónimas, personas que la creen asesina de un niño de seis o siete años.
Otra parte que difiere con la trama del libro, es el renacimiento de Elizabeth, quien desde antes del ataque de Robert de Niro, el monstruo creación de su novio, era vestida y peinada de una manera muy tétrica: el maquillaje pálido contrastando con un cabello ensortijado y en desorden, los vestidos de colores cenizos, cada detalle apuntalando esa atmósfera deprimente, que culmina con Branagh bailando con algo similar a un maniquí remendado y sin peluca, gira entre escenas del baile de despedida, antes de partir hacia la universidad: Elizabeth recién nacida.
Tanto libro como película encierran lo mismo: ¿qué se hace ante algo que se quería, se consiguió, y ahora no sabemos para qué sirve? La escena en que Branagh y de Niro se sostienen en un salón inundado de líquido amniótico, de Niro desnudo y Branagh casi, Víctor para poner de pie a su creación, la que luego cuelga entre cadenas, aparentemente muerto. Kenneth Branagh lo mira exhausto, hace algunas anotaciones en su diario. Ya tiene lo ansiado por tanto tiempo, lo que su obsesión por la muerte lo motivó a crear... ¿y ahora qué?
Excelente película, magníficas actuaciones –incluyendo escenas hechas para el beneplácito de las admiradoras de Robert de Niro y Kenneth Branagh–. En lo personal, prefiero la película; donde la atmósfera está perfectamente lograda.

Thursday, December 08, 2005

¿A DÓNDE IRÁ?


A veces quisiera seguir la tapia, averiguar hasta dónde está el final, dónde me llevará. Sentir los adobes deshaciéndose entre mis dedos, pegados a la pared, a su rugosidad, sin pensar en lo que dejo atrás, o si tengo que volver.

Tuesday, December 06, 2005

EXTRA, EXTRA!!!!!!!!! (Marianito voceador)

Imperativo comprar el último número de la revista Crítica, de la Universidad Autónoma de Puebla, y la de Erinias, de la Escuela Libre de Psicología. En la primera, aparece un cuento de Alejandro Meneses, Una noche en Cholula. Además, el famosísimo cuento El Caso Max Power, del famoso escritor poblano-chilango Alejandro Badillo. Ambos muy recomendables.
En Erinias, una entrevista sobre su visión de la literatura, y un artículo pequeño, sobre la muerte, escrito por él mismo.
Y quién lo pensaría. De cualquier manera uno muere, de hecho es lo único que se tiene seguro cuando se patalea por primera vez fuera de la matriz. Pero nunca se imagina que tan joven, ni las circunstancias.
Perdón, la melancolía nos gana en estas fechas; las ausencias, los huecos que no se pueden llenar con nada, con nadie. De hecho creo que es lo único que está presente al 100%, ni las luces, ni los regalos o la comida, tal vez ni siquiera los buenos deseos. En cada lugar siempre hay lágrimas y el consabido, lugar común de novelas, nudo en la garganta, que creo yo no llega a explicar la masa sólida que aprisiona por dentro del cuello.
Bueno, celebren mucho, beban bastante, lloren un poco y compren las dos revistas.

Thursday, December 01, 2005

CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA.


Hace poco vi de nuevo una película llamada Azahares para tu boda, de 1950. Se trata de un dramón kilométrico donde la historia empieza antes de la revolución, y termina alrededor de la época en que fue filmada. Para no hacer el cuento largo, se trata de los impedimentos que una pareja tiene para casarse –por ejemplo diferencias de credo, pues él, Eduardo Noriega, no cree en el matrimonio por la iglesia–. Total que nunca se casan, ella, Marga López, envejece cuidando a sus padres y al final, él muere en casa de ella.
Algo común, pero recién descubrí que además está mal hecha. Sí, de veras, pues a lo largo de la película se dan múltiples referencias históricas, como el inicio de la Revolución –en la que participa el novio de Marga–, la guerra civil española, de mediados de los 30’s, la intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial –y con ellos el escuadrón 201 mexicano–, a finales de 1941.
Lo inverosímil llega al ver la caracterización de los actores. Al momento de la guerra española, los personajes han tenido un envejecimiento de aparentemente 40 años, cuando según el inicio de la historia, sólo han pasado unos 25 años. Además, en ese momento de la historia, un grupo de niños juega en la calle con Joaquín Pardavé, y su vestuario es completamente de los años cincuenta: pantalones de pinzas, un poco anchos, algunos con tirantes.Saludos y seguiremos descubriendo detalles en las películas.

EL PERFUME.


Del autor Patrick Süskind, la novela El Perfume, de 1985. Aunque ya había tenido algunos comentarios sobre ella, apenas tuve la oportunidad de leerla. A lo largo del libro están presentes los olores, siempre los olores, ya sean agradables o desagradables, como de jazmines, rosas, pescado, queso o sudor, se hace constantemente referencia a los aromas. El personaje, un hombre dotado de olfato biónico, al principio es un niño a quien no aceptan ni las nodrizas, por la absoluta falta de un olor corporal. Luego se emplea como aprendiz de perfumería. En la mayor parte del libro se mencionan diversos métodos para extraer el perfume a flores y otras plantas, como la destilación al principio, y la absorción por medio de grasa de cerdo y vaca hacia el final.
El personaje, Jean–Baptiste Grenouille, guarda en su memoria cada olor, de lo que se vale para pedir empleo a Baldini, maestro perfumero, como su aprendiz. Elabora e imita perfumes ayudándose de la extensísima base de datos que guarda en el cerebro. Comete su primer asesinato antes de llegar con Baldini, aproximadamente a los quince años de edad, cuando trabajaba con Grimal, curtidor de pieles. Llega hasta el otro lado del Sena atraído por una fragancia nunca antes percibida, emanada por una muchacha que pela ciruelas amarillas en la oscuridad. Y le aprisiona el cuello hasta que ella deja de respirar, para después olfatearla.
Unos siete años después –los cuales pasa en una caverna de la montaña, después de renunciar al puesto con Baldini, huyendo del olor de los seres humanos–, llega a su nariz un perfume similar al de aquella muchacha. Es una niña a la que planea quitarle el olor en dos años más, cuando madure. En tanto se emplea con una viuda y continúa aprendiendo el oficio. Ahora está obsesionado por tener un aroma, pues su cuerpo carece de él por completo. Para elaborar su preciado perfume mata a dos docenas de doncellas antes de asesinar a la elegida, aunque su padre la lleva fuera de la ciudad.
La novela termina con la muerte de Grenouille a su regreso a París, quien en posesión del perfume largo tiempo deseado, se planta en medio de un grupo de hombres y mujeres que, atraídos por el olor, el cual les induce a estimar y desear al personaje, lo destrozan, comen su carne y pelean por tener un trozo de su ropa.
Después de la muerte de la última doncella, la principal, lo descubren y justo antes de la ejecución en una cruz, tanto autoridades como población terminan amándolo, deseándolo –lo que logra que él pierda el conocimiento, pues se da cuenta que nunca tendrá un olor propio, y esa falta de olor lo asfixia–, retirando todos los cargos, vaya hasta el padre de la víctima principal lo lleva a su casa y le ruega ser su hijo. Así se rindieron ante el perfume elaborado con la última escencia de las veinticinco doncellas.
La ejecución hubiera estado fuera de la atmósfera, llena de oscuridad y discreción que rodean al personaje, de olores. En todo momento lo primordial fueron los olores: el olor lo salvó la primera vez, el olor movió a otras personas a matarlo, el olor fue la motivación para asesinar, fue parido entre olores y él, era el único que carecía por completo de un perfume.
Una novela excelente, una primera novela de este autor alemán que recomiendo leer, que se ha convertido en otra de mis favoritas.

Monday, November 28, 2005

AMORES DE SEGUNDA MANO.

Hace poco tuve la oportunidad de leer el libro Amores de segunda mano, del autor Enrique Serna. Me lo prestó una amiga –gracias Maribel–, después de que ya me habían platicado de la obra. Once cuentos en los que los personajes, por así decirlo, se resignan a no tener algo que ansiaban, y terminan conformándose con algo más.
En el cuento inaugural, El alimento del artista, la voz narrativa es la de una mujer que, al principio, actúa una relación sexual ante el público, y termina teniendo relaciones verdaderas a la vista del hombre que la escucha, y le pide que por lo menos aplauda cuando terminen. Los relatos que más me sorprendieron, Hombre con minotauro en el pecho y La extremaunción. En el primero, un niño llega a pedirle un autógrafo a Picasso. Él pensó, como al final sucedió, que alguien querría comerciar con la firma si la estampaba en cualquier papel, así que le dibujó un minotauro en el pecho. No se atreverían a vender al niño. Pero se equivocó, pues durante algún tiempo el minotauro fue expuesto y visto por mucha gente, comprado por personas que odiaban el arte. Al final, nos enteramos que el personaje está narrando su desgracia desde prisión, pues borró el autógrafo de Picasso –creyó que era dueño de su cuerpo–, que ya se había convertido en patrimonio del pueblo por ser una obra artística.
En La extremaunción, el personaje es un sacerdote que en el pasado intentó casarse con la sobrina de una moribunda quien, más que oponerse, sedujo al personaje, para después correrlo pretextando que él había sido quien intentó seducirla. Al final, en vez de recibir la extremaunción, la mujer muere después de que el sacerdote tiene un encuentro sexual con ella y le hace saber que esa es su extremaunción.
Eufemia es un cuento de decepciones amorosas, en el que el personaje, una sirvienta que estudia mecanografía y aspira a ser la mejor secretaria, se enamora del hombre que repara la máquina de escribir que le presta su patrona. Él la deja después de prometerle matrimonio. Ella viaja por diferentes poblaciones haciendo escritos y cartas. El relato empieza y termina con dos aspectos de la misma escena: al inicio, Eufemia escribe una melosa carta que intenta dictarle una muchacha enamorada de un soldado, y al final, él recibe la noticia del abandono de la muchacha. Ya que perdió el amor, Eufemia se conforma con el sentimiento de amargura que le quedó.
Los textos que completan Amores de segunda mano son: El desvalido Roger, La última visita, Borges y el ultraísmo, Amor propio, El coleccionista de culpas, La noche ajena –un original relato sobre cómo se le oculta a alguien que es ciego– y La gloria de la repetición.
Es un libro muy ameno, el cual recomiendo leer.

Saturday, November 26, 2005

MESA REDONDA CON DRACO ROSA.

Una entrevista que encontré, de uno de mis cantantes favoritos. Tomada del diario El Nuevo Día, de Puerto Rico. 22 de octubre de 2005.

Había grabadora, libreta y cámaras. Pero esta vez las preguntas no las hizo un periodista, sino un grupo de empleados y amigos de El Nuevo Día, que se reunieron ayer en la redacción de este diario para participar de una mesa redonda con el cantante Draco Cornellius Rosa. A tan sólo horas de comenzar una nueva función de su concierto Draco Live, que repite esta noche, el cantante conversó sin parar.
¿Cómo te sientes con esta nueva serie de conciertos?
Tocar en el Centro de Bellas Artes ha sido extraño y positivo. Desde pequeño estuve ahí con Menudo y regresar ahora es como llegar a la Luna. Esta será la última vez que toque en mucho tiempo, porque me voy a grabar y decidí no regresar hasta el 2007 ó 2008.
¿Cómo comparas la experiencia de estar en una sala pequeña como el Centro de Bellas Artes y un coliseo?
A veces me deprimen los coliseos, aunque la última vez la pasé muy bien. Siempre queda cierto vacío porque hay mucha gente y uno no puede verlos a todos. En Bellas Artes puedo mirar los ojos de la gente y eso se siente bien.
Después de hacer la película “Salsa”, ¿tienes planes de regresar al mundo del cine?
“En esa película conocí a mi esposa, la pasé bien y luego seguí un camino complicado. Es curioso, porque hace un tiempo me llamó el director Robert Rodríguez y hablamos de su visión. Tenemos una mentalidad similar y sí me interesa hacer algo. Estamos comunicándonos, porque hay un proyecto con Quentin Tarantino y otras cosas, pero estamos decidiendo qué se va a hacer.
¿Por qué el cambio de nombre de Robi a Draco?
De pequeño me nombraron Robert Edward y lo encontré extraño. Hace muchos años me enteré que hay maneras de cambiar los nombres y así lo hice. Antes de diciembre 6, cuando salga mi nuevo dvd voy a hacer un ritual para- sin ser muy mórbido- enterrar a Robi. Voy a resucitar a Draco, pues hay mucha gente- incluyendo mis hijos- que simplemente me conocen como Draco. Mi pasaporte, mi licencia y certificados están bajo Draco. Mis padres no se molestaron con el cambio porque sigo siendo Rosa.
A muchos artistas no les gusta mezclarse con la política, ¿porqué a ti te interesa el tema?
Es algo natural, siempre he sido bastante sincero. Si veo alguna injusticia soy el primero que me paro a protestar. Muchas veces pierdo oportunidades, pero tu espíritu no te lo pueden quitar y eso para mí no tiene precio.
Si una organización te hiciera un acercamiento para luchar por el ideal de Puerto Rico o las causas que crees, ¿trabajarías con ellos?
Todo depende de si encuentro un aliado con quien pueda sentir confianza. Solo no me atrevo caminar por esos mundos porque soy muy radical, por supuesto sin violencia. Por eso necesitaría el apoyo de otras personas para todo lo que tenga que ver con “the land of Borinquen”.
¿Cómo percibes a Puerto Rico desde la distancia?
Es difícil... con la muerte de Filiberto me llamaron cuando comenzó el rumor en la radio y estaba pendiente. Después que él murió mi hijo Revel me preguntó quién era Filiberto y fue la primera vez que lloré frente a mi nene mayor. Esa situación me mata adentro y por supuesto que desde lejos el País me mueve mucho. Es lo único que uno tiene.
Por poner un ejemplo, uno va a Singapur sabiendo que se han hecho estudios comparativos sobre la realidad de la colonia. Regreso y en mis locuras digo... ¿cómo va a ser que con tanta gente inteligente todavía seamos una colonia? No creo en ser completamente independiente de un sistema. Nos necesitamos, no creo en caminar solos. El Che se equivocó cuando se fue solo a Bolivia y lo mataron, pero tampoco creo en el sistema actual. ¿La solución? No la tengo, pero espero estar vivo y ver que vamos a trascender esta realidad.
¿Tienes algún proyecto creativo actual relacionado a las artes visuales?
Me interesa apoyar el arte. Estoy un poquito frustrado con un museo en Puerto Rico pues hicimos gestiones para que trajeran la obra del artista Jean- Michel Basquiat, quien tiene un trabajo impresionante. No se ha hecho nada aún cuando su exposición está viajando por el mundo, pero la burocracia de estos lugares no lo ha permitido.
¿Has tenido oportunidad de escuchar el nuevo disco de Ricky Martin?
No lo he escuchado y dudo que lo vaya a escuchar. No es nada personal, simplemente porque tampoco he escuchado lo último de U2. Hay gente que hace música por unas razones, para lograr ciertas cosas... Le deseo lo mejor, pero simplemente es algo que no voy a hacer. No escucho música contemporánea, del reggaetón lo único que reconozco es Tego Calderón, Voltio y Residente Calle 13.
¿Cómo cambió tu vida al ser padre?
Mucho, con esto de la mortalidad uno piensa más las cosas. Por otra parte, me interesa mucho expandir la familia. Ahora no es el momento, porque para la mujer puede ser muy difícil, pero sí me encantaría tener 10 ó 15 hijos.
¿Tus hijos te han preguntado que significan sus nombres?
Ellos lo entienden muy bien porque es positivo. Revel significa revelación, no es de rebeldía. El segundo, Redamo proviene del latín y significa el regreso del amor.

EN LA INTERNET.

Revisando algunas páginas, me encontré de nuevo con una muy interesante, que ya había visto en ocasiones anteriores: www.aviondepapel.com En ella hay varios artículos sobre escritores, Poe, García Márquez, entre otros. Hoy quiero recomendárselas y aunque para la literatura no existe ninguna receta o fórmúla mágica, creo que es una buena guía para quienes quieren quebrarse un poco la cabeza, sentarse ante una hoja sin habitantes.
Aquí un fragmento de lo que se puede encontrar en esta página:

Los primeros vuelos literarios acaban en aterrizajes forzosos llenos de abstracciones. El piloto entra en la cabina del avión y se sienta frente a un cuadro de mandos lleno de lucecitas de imaginación y de manivelas de prisas que desembocan en sustantivos y verbos abstractos, en lugar de contar y atrapar mil palabras con una imagen empática.
Al piloto novel le entra vértigo de mirar hacia la literatura visual desde lo alto de la cabina, tanto que no cuenta su historia, sino que la explica y la llena de reflexiones, sin mostrar en una escena las manías del personaje, sus obsesiones, su entorno.
Los vuelos previos están sobrecargados de verbos sin contenido, en lugar de verbos de acción; los primeros párrafos deben llenarse de objetos y colores, de acciones y detalles peculiares que hagan que el lector sobrevuele la ficción contada.
Tal y como lo narra la metáfora de Michael Ende en "Una historia interminable", donde su protagonista era absorbido por el libro mientras leía. Así deberían ser los textos literarios, así tiene que sentirse el lector: entusiasmado por la lectura, con el piloto automático puesto y volando ante el placer de la ficción.
La literatura es un arte dirigido al sentido de la vista para evocar mediante palabras lo que no se escucha, lo que no se huele, lo que no se saborea. El discurso visual atrapa con palabras, entra por los ojos y se derrama por el resto de sentidos.
"Mientras cose, una madre descubre que su hijo ha madurado". Esta reflexión no es literatura. Todos los manuales de futuros aviadores recogen una escena de "Cien años de Soledad" de Gabriel García Márquez, quien muestra -no explica- cómo una madre descubre un día cómo su hijo abandona la pubertad. El escritor colombiano nos regala este fragmento mágico lleno de objetos, acciones y sensaciones:
Sentada en el mecedor de mimbre, con la labor interrumpida en el regazo, Amaranta contemplaba a Aureliano José con el mentón embadurnado de espuma, afilando la navaja barbera en la penca para afeitarse por primera vez. Se sangró las espinillas, se cortó el labio superior tratando de modelarse un bigote de pelusas rubias, y después de todo aquello quedó igual que antes, pero el laborioso proceso le dejó a Amaranta la impresión de que en aquel instante había empezado a envejecer: -Eres idéntico a Aureliano cuando tenía tu edad -dijo-. Ya eres un hombre.
Las personas estamos acostumbradas a la imagen, porque se acerca y asemeja a la realidad y porque apenas exige contarla. Sin embargo, las palabras se asocian a los objetos tangibles que designan y por su ambigüedad, o por su contenido abstracto, no siempre muestran la realidad concreta a la que está acostumbrado el lector.
El cuento resuelve con palabras este problema, dado que de manera breve crea una ecuación literaria perpetua: a menor extensión mayor intensidad.
Julio Cortázar dedicó a Antoni Tàpies un cuento llamado Graffiti en el que el autor argentino muestra la desesperación y angustia de su personaje ahogado en ginebra. Cómo lo cuenta y con tal brevedad es uno de los regalos de la literatura:
Volviste al alba, después de que las patrullas ralearon en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tamajales; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca con otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
Grafitti, en Queremos tanto a Glenda de Julio Cortázar.
Así es, la estrechez de las ficciones crea intensidad en la historia narrada, y si no, no hay más que recordar aquellos cuentos maternales antes de acostarnos en los que parecía que estuviéramos viviendo las andanzas de Caperucita Roja y del Lobo Feroz, del Gato con Botas y del marqués de Carabás.
Esta es una de las grandes herramientas del oficio de aviador, sobrevolar la literatura con una buena visibilidad de palabra: personajes y lugares llenos de detalles peculiares, pequeñas acciones en menoscabo de las reflexiones, objetos cromáticos y palpables, párrafos llenos de olores y sabores.
Después de un vuelo previo, el buen aviador revisa sus textos con la ilusión de atrapar al lector en una imagen evocadora, sin la necesidad de mil palabras, de mil reflexiones. Con la certeza de pilotar con visibilidad.

Les deseo vuelos sin turbulencia.

Monday, November 21, 2005

MINIFICCIONES.

Amantes hasta el fin
Sus encuentros se hicieron cada vez más frecuentes. Él se refugiaba entre los muslos de ella. Ella sentía congelársele la espalda, apoyada sobre el frío del mármol.
Esa noche, la invocación de una medium los interrumpió. Cesaron las caricias y cada quien regresó a su tumba.


Viajero
Está amaneciendo. Después de presenciar batallas en la cumbre del mundo y pescar sirenas que al cantar llevan a los navegantes hacia la Gran Catarata, regresa a su cuerpo dormido para abrir los ojos antes que suene el despertador.

NOCHE ADENTRO.

Hoy tuve la oportunidad de adquirir el libro "Noche Adentro", de la colección Asteriscos de la Universidad Autónoma de Puebla -donde Meneses publicó su primer libro en 1987, Días extraños- póstumo de Alejandro Meneses, que recopila nueve cuentos de sus libros anteriores Días Extraños, Ángela y los ciegos y Vidas lejanas.
Transcribo lo que está impreso en la solapa de la contraportada, teniendo como fondo una fotografía reciente de Alejandro.
(...) La narrativa, los cuentos en especial, requieren no sólo de imaginación, sino de una buena dosis de sentido poético, de la musicalidad del lenguaje. A veces, los narradores se olvidan de esto: la prosa también es un ritmo, del lenguaje y del tiempo verbal. La inteligencia del escritor de cuentos se muestra cuando elige la estructura, la manera de encontrar una historia. Podríamos decir que ésa es la base del "estilo personal" de narrar.
(Prefiero los cuentos) que no siguen esa monserga valadeciana del planteamiento, nudo y solución. Prefiero la ambigüedad a la certeza, a la vía única. Tal vez eso sólo sea justo en los cuentos policiacos. No me agrada el canon ni las recetas, porque equivalen a una "discriminación" literaria, a intolerancias tarugas que sólo entienden el mundo, la realidad a partir de seguridades y métodos, cosas que, de ninguna manera, explican el mundo. Si se ha logrado descifrar el universo a punta de ecuaciones -la consabida E=mc2-, no se ha logrado lo equivalente con el alma, ni la vida.
Alejandro Meneses.

Profe, en estos casi cinco meses no he dejado de extrañarte.

Wednesday, November 16, 2005

SALVADOR GALLARDO DÁVALOS.

La ceremonia de premiación del Concurso de Literatura Jóven Salvador Gallardo Dávalos se llevó a cabo en el Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes "Fraguas", el pasado viernes 11 de noviembre, a las 8:00 P.M.
Tuve la suerte de resultar ganadora en la modalida de narrativa, con un volumen de cinco cuentos, "La distancia hasta el espejo".
El mismo día, a las siete de la noche, se hizo la presentación del libro de los ganadores del año pasado, estando presente Karen Ortiz, quien resultó ganadora con la obra Muerte encuentra una mujer, cuentos donde el personaje es el mismo, en diferentes épocas, Manuela. En cada uno de los cuentos, Manuela se refiere a la relación que guarda con otras personas.
Tengo que agradecer a Alejandro Meneses, el mejor cuentista de México, por sus enseñanzas, su guía (profe, desde aquí, donde estés, espero que te sientas orgulloso de tu alumna. Quiero volver a verte); también a Bety Meyer y a mis amigos, Alejandro Badillo, Elías, Sergio, en fin a los talentosos escritores que conocí en los talleres de cuento.
Ahora esperaré el próximo año la publicación del volumen de cuentos, junto al ganador de poesía, Jorge Saucedo, de Guadalupe Nuevo León. Desde aquí también una felicitación para él.

AL FINALIZAR LA TORMENTA.




No tengo idea de cómo llegué a esta colonia de obreros que viajan en bicicleta desde antes que amanezca. Abandono el refugio que fue la portería de la vecindad y me alejo. Aire frío en la nariz. Junto al camino, senderos de hojas color ocre que la lluvia arrancó. Arriba, techo de nubes anaranjadas del amanecer, cercano a los de madera y lámina.
Ayer salí de nuestro departamento con lo puesto. No quise traer nada que me lo recordara. Esperé en la esquina un taxi que llegó después de media hora. El que volvió a empapar mis zapatos con el lodo de un bache, que me llevaría a casa de Fabiola –no pensaba regresar con mi tía y sus “no quería decir te lo dije, pero te lo dije” que entre sonrisas, muestran su placa de dientes perfectos–. Bajé frente al zaguán plateado lleno de grafittis negros. Dos billetes en la mano del conductor, “quédese con el cambio”. Sacó el brazo antes de dar vuelta en la esquina. Toqué el timbre una, cinco veces. Me cansé de llamar, mi amiga no vive donde recordaba.
Caminé hasta esta vecindad. Me senté junto al portón. Del interior salieron varios hombres con bufandas cubriéndoles la nariz. Subieron a sus bicicletas sin detenerse. Había dejado de llover. Venus se encendió junto a la luna. En la acera, dos sombras cosidas a mis pies; el alumbrado público. Miré mi reloj, faltaba muy poco para las once. A las once sonó la alarma de una fábrica lejana. Varios hombres regresaron pedaleando sin prisa.
Pies que golpeaban las baldosas del patio. Escapó un grito. Otro. Madera azotada. Cerré los ojos. Dientes apretados. Tapé mis oídos. No podía soportar, tampoco moverme. La cabeza me estallaba, giraba sobre mis hombros. Voces y pasos mezclados. Pulsaciones a cada lado de la frente. Los portazos rompían mis tímpanos. Cada ruido se entrelazaba con su doble. Las imágenes frente a un espejo de tiempo.
Una niña corre. Se detiene antes de llegar al portón donde la observo. Tiene las piernas llenas de lodo. Los zapatos mojados, sus pies nadan dentro de ellos. El vestido rosa no la protege de los golpes del viento. Rostro sucio de nueve años, cabello largo en desorden, lágrimas bajo sus ojos negros. Ella soy yo. Soy yo. Soy ella...
Una voz dentro de mi mente... “¿Qué tienes nena?”
No es nada, sólo que papá ha vuelto a pegarle a mamá. “¿Y qué vas a hacer?” Quisiera defenderla, pero soy muy pequeña. Él le pidió dinero para comprar caguamas. Se ha tomado cinco desde ayer, quién sabe dónde le caben tantas. Mami trabajó toda la semana hasta tarde para juntar lo de la renta.
La niña solloza. Espalda contra la pared descascarada. Un abrazo. Intenta callar ante la portera (reprimo lágrimas en el pecho de señorita del DIF). No puede. No encuentra refugio en el estambre olivo del chal. Los vecinos entran derribando la endeble puerta de lámina. Dentro se oyen gritos, forcejeos: “Pa’qué se meten, ¿quién chingaos los llamó?... ¡Fuiste tú pendeja!... ¡Suéltenme cabrones!...” El público fuera del portón es cada vez más numeroso. Únicamente yo permanezco con los ojos cerrados, aunque no ajena como quisiera.
Entre dos hombres sacan a su papá. A mi papá lo llevan a la delegación. Los cargan de los brazos. Sus pies abren surcos en el lodo. Tras ellos, una mujer intenta esconder su cara amoratada con las mangas sucias del suéter. Las ojeras de mamá entre mechones pajizos de cabello. Lo defiende. Llora. Toma de los hombros a los policías y los jala del uniforme, “nomás era un susto, ¿verdad que sí?”, sonríe nerviosa, observa a los vecinos.
Intento hablarle. Preguntar algo que nunca me quedó claro: pero mamá, si te pegó. Tú dices que te caíste siempre que te pega, ¿por qué lo defiendes? Tengo nueve años y estoy llorando. Nadie hace caso de mi voz.
Intenté consolar a la mujer del rostro amoratado. Puse mi mano sobre su cabeza entrecana. Ella se volvió intentando sonreír y yo regresé a sentarme fuera del portón. No era mamá.
–No debes quedarte aquí. Ven conmigo, estarás mejor.
La niña siguió a la mujer que la llevaba de la mano. Se perdieron detrás de una puerta. De nuevo todo quedó atrás. La noche cubrió voces, pasos. Al fin pude abrir los ojos y respirar tranquila. El dolor en las sienes se diluyó. Unas gotas finísimas volvieron a resbalar por paredes y techos, sobre la tela roja de mi impermeable. Sentí algo de calor entre el frío. Zapatos marrón con la plantilla asomándose por la punta, junto a mí. Levanté los ojos, una mujer de cabello desaliñado. Era la portera, me ofreció un rincón para pasar la noche, té de tila.
–Gracias señora, pero tengo que irme.
Dijo que la siguiera.
–Por la mañana podrá irse, señorita. Ahora es peligroso–. Unas risas y el ruido de botellas descorchándose me hicieron entrar en su cuarto, detrás de ella.
Tomé el líquido humeante. Se alejó con el pozuelo vacío y la espalda cubierta con el chal. Me acomodé en un sillón. El impermeable rojo de cobija. Las rodillas dobladas. La niña del vestido rosa estaba sentada a la mesa, sus pies sin alcanzar el suelo. Remojaba un pan dentro de un pozuelo igual al mío. Intenté sonreírle, pero no tuve valor para encontrame con sus ojos. Me miró, había dejado de llorar. Sus párpados estaban enrojecidos, hinchados. Al acercarme, liberó las lágrimas que retenía. Su rostro se deshizo entre mis brazos. Voy a cuidar a mi mamá, dijo sin que el llanto le impidiera tejer la frase completa, mientras crecía hasta convertirse en una mujer de veintisiete años, egresada de ingeniería química. Yo volví a ser esa niña de nueve años que aparenta ser más pequeña, que aunque intenta ser fuerte al ahogar sus sollozos sobre el pecho de la universitaria, le moja el saco negro con sus lágrimas.
Regresé al sillón y dormité durante toda la noche. Un hormigueo constante recorría mis piernas desde los tobillos. Abría los ojos con cada tic-tac del pequeño reloj de pilas colocado sobre una cómoda. Los cerraba queriendo eliminar cada recuerdo que asaltó mi mente.
No pude.
Ayer llegué tarde de trabajar. El día fue fatal. Los resultados del análisis del lote de ácido se perdieron. Mi jefe gritaba, perdió el avión a Estados Unidos. Las diez horas en el laboratorio se convirtieron en años. La salida no fue mejor. Gruesas gotas de agua se estrellaron en el parabrisas. Fuera del estacionamiento ningún auto se movía. Los cláxones no paraban de sonar. Me uní a ellos en su intento por acelerar el tiempo.
Encendí el radio. Tenemos información de que hubo un accidente en el boulevard Hermanos Serdán. Al parecer un autobús se estrelló contra la reja de la Normal. Todavía no sabemos si hubo lesionados. La lluvia también provocó una carambola. Elementos de vialidad ya están en el lugar de los hechos. A los automovilistas que se encuentran en la zona les recomendamos tener precaución y paciencia, escuché entre estática en el noticiario. Así que un accidente convirtió la calle en una sala de conciertos. Cambié de estación. Tropicales, inglés, radio hablada... Preferí apagarlo.
Mis dedos tamborileando en el volante. Un claxon. Gotas frente a los triángulos de luz. La fila no podía avanzar. Me estaba poniendo nerviosa. Hace dos meses que intento dejar de fumar. Cuando empezó mi afición por el cigarro, mi tía me decía: ¿por qué no lees las letras chiquitas hija?, dicen que es causa de cáncer y enfisema pulmonar. Como si no lo supieras. Aun así fue imposible dejar de pensar en el humo fabricando entramados que ascienden y se deshilachan con el viento. No pude evitarlo. Mi mano abrió la guantera esperando encotrar la cajetilla que había dejado hace una semana. Copia de las llaves del zaguán. Papeles del laboratorio. Una botellita de vodka de doscientos mililitros semivacía. Abrí la ventana y la arrojé, golpeó el cofre de un auto antes de romperse en el asfalto. El conductor gritó algo que no pude entender (otra vez una méndiga botella). Nunca encontré los cigarros. ¡Diablos! El semáforo en verde. Con una linterna, el de tránsito me indicó que podía avanzar. Estaba cerca del departamento. Hundí el acelerador al tener frente a mí la calle despejada.
Observé la ventana casi oscura, las cortinas sin cerrar. Un resplandor temblaba. Me costó trabajo abrir, la lluvia había apretado la chapa. El pasillo vacío. Por debajo de las puertas escapaba luz. Subí las escaleras hasta el tercer piso arrastrando los pies. En el último descanso me quité los zapatos.
Abrí la puerta y encendí la luz.
Entonces algo conocido, remoto, volvió. De cada rincón se desprendía el olor a alcohol, a tabaco. La televisión al máximo volumen. Envolturas metálicas tapizando la alfombra. Ceniceros cundidos. Botellas sobre la mesa de centro y entre mis manuales del laboratorio manchados de grasa. Vidrio ámbar y verde con bordes puntiagudos. Largas. Cúbicas. Aunque no quisiera me sé casi todas las bebidas que contuvieron. Tequila, vodka, ron. Los disparos en la película no cesaban. Y desparramado en el sofá, él. Zapatos mal puestos. Camisa de fuera. Cabellos en desorden. Me miraba con los ojos todavía enrojecidos. “Lily... sho...” Las palabras enredándosele en la lengua. Di un portazo.
Entré en la recámara. Otra vez azoté la puerta. Él no tardaría en aparecer, lo conozco. Cada fin de semana que lo sorprendo ebrio se repite la misma escena. Seguí mi rutina de cuando llego del trabajo: guardé mi bolsa, sentada frente al tocador, comencé a desmaquillarme. Miré el fondo del espejo, que me devolvió mi habitación invertida y su figura apoyándose en el umbral.
–¿Qué tienes?
–Nada... Hombres. Se creen que con diez litros de etanol en la cabezota son más hombres... Imbécil.
–¿Qué dijiste?
–Lo que oíste.
Silencio. Se acercó trastabillando, con las manos crispadas. Me empujó a la cama, la colcha roja de estampado escocés revuelta. Desabrochó su camisa. Busqué con la mirada algo con qué defenderme. Rodé hasta llegar junto al buró. Tiré la lámpara. Un bolígrafo, libreta de direcciones. Allí estaba, en el suelo. Una botella de cristal verde que terminó hecha añicos sobre los grabados de la cabecera. La empuñé con ambas manos. Temblaban. Las astillas lo apuntaban. Parecían trozos de metal atraídos por el campo magnético de su cuello. Cada vez más cerca. Rozaban las venas saltadas. Era el grueso cuello de papá. Era su cuerpo de enorme barriga, sus barbas crecidas durante las tres noches de juerga. Con la actitud de siempre que regresaba: quiero el dinero, dámelo o lo busco. Pero yo no era mamá. No permanecería a su lado. Yo no abandonaría a la niña. No iba a permitir que cada noche me hablara a golpes. Yo me defendería. Si era necesario lo degollaría. Un poco más cerca. Sólo un poco más cerca...
De pronto se evaporó. Apareció mi novio en su sitio, en su tiempo. Delgado, la camisa abierta. Temeroso e inmóvil. La espalda contra el espejo del tocador, queriendo zambullirse. Ojos desmesuradamente abiertos. Los efectos del alcohol se evaporaron. Vi que al otro lado del tocador mi arma cortaba las venas de su cuello. Su cuerpo de enorme barriga caía, enrojeciendo con su sangre la alfombra de la otra habitación, también mía. Yo jadeaba. Mi mano rompía sobre su rostro todas las botellas que encontraba. No quería que en ese montón de carne deforme reconocieran a mi padre. Después de llorar ante su rostro desfigurado, destendía la cama y lo cubría con la colcha. Me alejaba dejando la puerta abierta y una veladora encendida.
Pero de este lado no era papá. No... Dudé.
Sólo se escuchaba nuestra respiración agitada y en el pasillo, una llave entrando en una cerradura anónima.
–Lily, bájala por favor. Tenemos que hablar–, se defendía extendiendo un brazo frente a su rostro.
Lo imaginé junto a sus amigos de la universidad como en otras reuniones en las que estuve presente. En lugar de terminar la tesis, necesaria para un ascenso en la farmaceútica, hablaban de sus experiencias después de concluir las prácticas profesionales. Arrasaban con el licor y las frituras del OXXO de la esquina. Seguramente salieron del departamento arrastrándose como si no tuvieran piernas, dejando detrás una huella continua de alcohol.
Para mí no había nada de qué hablar. Solté la botella rota y salí de la recámara. Dijo algo pero no le entendí. Tampoco me interesaba. Un nuevo portazo.
Desde la esquina, vi su sombra alejarse y volver junto a la ventana más de tres veces. Correr las cortinas, asomarse. Una canción que no pude reconocer en el radio. ¿Qué estaría haciendo? Sonreí, creo que de veras lo asusté. No sería capaz de seguirme. Hasta que varios mechones revueltos cubrieron mis ojos, me di cuenta que estaba empapada. Me puse el impermeable que llevaba bajo el brazo.
Lo conocí en la facultad de ciencias químicas. Yo, en la fila que esperaba ante una de las ventanillas. Iba a inscribirme. Él caminaba hacia la salida. Me apartaron mi lugar desde las seis de la mañana, si no, escuché que decía. Volteamos al mismo tiempo. Le sonreí abrazada a la documentación.
Después de mi examen profesional, de la deliberación, asomaba los ojos entre los hombros de los miembros del jurado. Observaba mi traje azul marino y beige, usado por primera vez. El rostro expectante. Aprobada por unanimidad. Me abrazó junto a mi tía, también emocionada. Ella lloraba, besaba su medalla de la Virgen de Guadalupe. “Gracias, gracias Dios mío...” Apretaba la cadena plateada. La celebración, música y comida para tres en el departamento.
Ocho de la noche. Habíamos apagado el radio, era hora de la telenovela de mi tía. Los platos untados de salsa en el fregadero. Siete cervezas habían sido suficientes para hacerlo reír sin parar. Su rostro junto a mis labios. Su aliento golpeándome los pómulos, las rodillas temblando. Dimos vueltas y se derrumbó sobre una silla. Felicidades nena. ¿Sabes?, yo también quiero titularme pronto. Haré mi tesis, dijo. No le contesté, tampoco dibujé una sonrisa que festejara el título de ingeniero químico. Mi tía roncaba frente al televisor encendido, con las manos en el regazo y la cabeza reposando en su hombro derecho. Yo sólo tenía nariz para el aliento etílico, ojos para su posición: chueco, piernas abiertas y brazos caídos. Casi dormido, pese a los gritos de la protagonista de la telenovela, que no quería ver de nuevo a su galán, quien capítulos antes la engañó. El mío bostezó. Un beso robado dentro de la pantalla. Mi tía se acomodó en el sillón. La cubrí con su abrigo.
Salí al patio. Un ruido, no supe si en la telenovela o producto del golpe de un cuerpo contra el piso. Quería ver la luna, era el día en que estaba más cerca de la Tierra. Sentada al pie de las escaleras, pensé en mamá. Aunque me negué, en papá. Sentí que él me había acompañado. Que estaba presente en el aliento de mi novio. ¿Por qué? Volteé. Casi podía alcanzar un cráter con la mano. La luna, agujero blanco incrustado en lo negro del cielo sin estrellas. Luminosidad lechosa: nubes. En el departamento, la televisión enmudeció. Una voz ranchera cantaba, otra le hacía los coros más desafinados que he oído. Sentí sus vibraciones viajando por el barandal.
Cuando acepté vivir juntos un tiempo antes de casarnos, sin querer, me convertí en mamá. Él en papá.
El aire difumina las nubes, ahora blancas y de contorno amarillo. El sol calienta, evapora el agua de lluvia. Empiezo a sentir calor, la falta de alimento en el estómago. Preguntando a las mujeres que llevan niños de la mano, llego a la avenida principal. Aquí sí conozco, los camiones que van al centro no paran hasta la gasolinería. Todavía debo caminar diez calles y no hay una tienda abierta. Me gustaría tener un cigarro. Las copas de los árboles son trinos de aves despertando. Del asfalto húmedo asciende vapor. Volteo, no se ve un solo autobús.
Llego. Compro unas galletas en el OXXO.
–¿Algo más? –El dependiente me mira detrás del mostrador, tamborilea los dedos.
Volteo a ver las cajetillas de cigarros. Humedezco mis labios. Cuando voy a contestarle recuerdo que intento dejar de fumar.
–No, gracias.
Los empleados de la gasolinería, uniformes kaki, llenan tanques. Aparece el transporte que me regresará al departamento de mi tía –a sus acostumbrados “te lo dije, Liliana. Te advertí que él no sería capaz de olvidar su vicio por ti. No quisiste escucharme, allá tú”. Ni hablar, le concedo la razón.
Subo con las cuatro monedas para el conductor en la mano y mi desayuno en la bolsa del impermeable. El autobús no avanza, espera que del cielo le caigan pasajeros que lo conviertan en una lata de sardinas. Al fin, después de que los autos en la gasolinería desaparecieron y que piernas, brazos y dedos se rozan en el pasillo, nos vamos.
Calles conocidas empiezan su desfile detrás de la ventanilla abierta. Un hombre duerme con la cabeza junto a la mía. Lo empujo e intento cerrar. Nos detenemos. El semáforo de la esquina de mi departamento. El camellón con el árbol donde grabé su nombre para celebrar el inicio de una relación seria, de algo que tal vez culminaría en matrimonio.
No sé si seguir hasta la casa de mi tía. Me asomo. La sombra que estaba junto a la ventana anoche desapareció. Cuando voy a decidir si bajo, la luz verde nos indica el turno de avanzar. Al levantarme, empujo al hombre que dormitaba. Alguien toca el timbre para mí. “¡Bajan!”, gritan los pasajeros que se apiñan en la puerta trasera. El chofer disminuye el volumen de su radio, “¿van a bajar?”, pregunta y abre. Al poner un pie en la acera, el camión arranca. Camino esquivando los charcos que quedaron de la tormenta de ayer. La alcantarilla está destapada. Huele a amoniaco. Atravieso la calle y acaricio su nombre tallado en el árbol. Todavía no sé si degollarlo o echarle los brazos al cuello.
El zaguán frente a mis ojos. Un jetta rojo se acerca. Reconozco sus placas. Se abre la portezuela. Pude comprar cigarros, pero ya no tengo ganas de fumar. Quiero dejarlo. Pantalón de mezclilla con una mancha roja. Tomó de nuevo, cada fin de semana lo tengo que soportar. Que perdonar. Baja con una bolsa de plástico en la mano. Tensa, en forma de cubo. “¿Y qué vas a hacer?”, una pregunta para una época diferente. Para una situación parecida. Es tequila. Se repite el cuestionamiento: ¿qué vas a hacer? No lo sé, no me preguntes lo que todavía no sé...
Trato de esconderme entre los árboles del camellón, pero él me descubre. Deja su bolsa en el suelo. Nuestros ojos se encuentran. Él sonríe. Levanto la mano.

Tuesday, November 01, 2005

II ENCUENTRO DE MUJERES QUE ESCRIBEN.

Se realizó la semana pasada, en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla.
Antes de las dos de la tarde, las autoras que leyeron y hablaron sobre su obra, lo hicieron sobre temas, no podría decir que típicos de mujeres, pero sí muy cercanos a ellas: el lugar donde nacieron, tal vez algunas incluyeron en su obra algo autobiográfico; es decir, temas parecidos. A las doce del día llegó el turno de Beatriz Meyer, nacida en el D.F., quien también utilizó un pasaje de su vida como pretexto para escribir, pero de una manera diferente a las anteriores. Algo violento. Leyó la introducción de una novela inédita, que se basa mucho en el pelo (cabello) de las mujeres para describirlas y desencadenar acciones. Algo diferente de las anteriores participantes.
Luego llegó mi turno. Confieso el pánico escénico, las manos heladas, húmedas, algunos tartamudeos, no sabía bien cómo empezar. Leí un cuento también muy diferente a los anteriores: nada de autobiográfico y sí una preocupación por la isla de Puerto Rico y uno de mis cantantes favoritos, Robi Draco Rosa. El cuento, Vieques, narrado en primera persona, refirièndose a una segunda. La esposa de Draco, que se queda sola, esperándolo, mientras Robi está desaparecido después de la completa ocupación de la isla de Vieques por la marina norteamericana. Intercalo música, las canciones de él, su afición por la pintura, la lectura de Rimbaud. Creo que les gustó a todos. Luego el pánico escénico se fue (claro, ya había pasado al patíbulo, je, je).
Después de la comida, de nuevo a las lecturas, algunas hablaron más de por qué escribían, qué libro estaban por publicar o los publicados anteriormente. Una autora llamada Eve Gil, que confieso no conocer de antes de esa ocasión, leyó un cuento que dobló de risa a cada uno de los presentes, entre los que se encontraban muchos alumnos con libretas sobre las piernas y mochilas: los llevaron a hacer tarea, pobres.
Me emocioné al participar en algo así, y desde ya estoy apuntada para el siguiente año.
Un saludo.

Friday, October 28, 2005

CANCION.

Quiero compartir esta canción con quienes entren a perder un poco de tiempo, del cantautor puertorriqueño Robi Draco Rosa, quien a principios de diciembre lanzará un DVD con sus conciertos más recientes. Un saludo a sus admiradores.

Bandera
Una mano que me guie entre tinieblas.
Una mano que acaricie mis dolores.
Una mano que me dibuje mi camino.
Una mano y el destino
La tierra levanta banderas de guerra.
Y el rio no corre,
y el sabio se esconde.
La tierra levanta banderas de guerra,
y el rio no corre.
La tierra levanta banderas de guerra.
Y el rio no corre,
y el sabio se esconde.
La bella durmiente nunca se despierta,
y el principe lobo miente cuando habla.
La tierra levanta banderas de guerra.
Y el rio no corre,
y el sabio se esconde.
La tierra levanta banderas de guerra,
y el rio no corre

Thursday, October 27, 2005

EL ÚLTIMO MUNDO.

Regresamos a algo constructivo, los libros.
Acabo de leer una novela de un autor alemán cuyo nombre, gracias a mi fenomenal memoria, no recuerdo. El título del libro, El último mundo.
Al principio, pareciera que se trata de un hombre, que imagino joven, que, al rumorarse que un poeta ha muerto en el destierro, llega a buscarlo en los confines de la civilización romana. Pero no es así. Más bien trata de una ciudad en la costa, Tomis, a la que las personas llegan a quedarse y decaer, junto con ella, pues es descrita casi como un conjunto de escombros, al inicio sumergidos en la nieve, que poco a poco son engullidos por enredaderas. Me pareció muy recomendable, aunque a veces algo pesada.
Lo que me llamó la atención, fue el no poder situar la historia en un determinado tiempo. Simultáneamente, los nombres (Eco, Cota, Aracné, el emperador Augusto), nos da una idea de tiempo pasado, muy viejo. El entorno ayuda: laderas, casas pobres, ruinas en la montaña, barcos. Pero la mención de algunos detalles, como un camión que cada determinado tiempo pasa por la ciudad, o la proyección de películas en la pared blanca de un establecimiento, nos indican que la época no es tan remota.
Recomandable para leer....

Friday, October 21, 2005

HOY ESTOY EMOCIONADA.

Y es que acabo de ver mi nombre en un cartel. No es el clásico del SE BUSCA, junto a mi rostro y un número. No. En este cartel se anuncia un evento al que nombraron Encuentro de Mujeres que Escriben. Estoy, como lo dice el título, emocionada, pues nunca había tenido esa oportunidad. Así que, todo aquel que se detenga en este sitio, lea, pueda y quiera ir a apoyarme, a arrojarme huevos o jitomates, todo se recibe, el evento será en la 2 oriente # 410, en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla.
Sólo espero que el pánico escénico no se apodere de mí, y salga yo corriendo antes de las 12:45, que es la hora en que empieza mi participación.
Muchas gracias, allá los espero y luego les contaré cómo estuvo el ambiente, quienes leyeron y todos los chismes.
Un saludo.

Tuesday, October 18, 2005

DESPUÉS...

De un rato de no visitar mi rincón, aquí estoy de nuevo. Aún no sé de qué tema escribir. Pero quiero felicitar a mi amigo Alejandro, dueño del rincón de los bukowskianos, por su cumpleaños el pasado 14 de octubre, y también agradecerle su amistad y apoyo. Espero que cumpla otros 50, ¡ah, no, perdón, que son 28! Ejem, bueno... que siga deleitándonos con sus escritos y que pronto tengamos noticias del próximo libro (el mío está entregado, a ver si no me lo batean). Y bueno, nada más.