Wednesday, November 14, 2007

Y LOS DIOSES SE HICIERON ARENA

La noche del lunes 12 de noviembre, Día Nacional del Libro, se presentaron los libros ganadores de los premios nacionales Gutierre de Cetina, de poesía, y Alejandro Meneses, de narrativa, ambos en su segunda edición.
Profética fue el espacio perfecto para celebrar la literatura y en mi caso, la vida y obra de mi maestro, Alejandro Meneses, para recordarlo antes de iniciar la lectura de un fragmento de “A solas”, cuento incluido en Dios de arena.
En el libro Los días y sus designios, Álvaro Solís evoca lugares y personas donde su infancia camina y respira, olas enormes, el mar de su Tabasco; en Dios de arena, deidades de piedra vuelven a erguirse, a exigir corazones en alto sobre adoratorios, almas adquiridas muchos años después del propio nacimiento se desprenden de las páginas, brillo de obsidiana y plumas de quetzal, la muerte en forma de un camino que sólo puede ser recorrido en compañía de perros pelones, Latinoamérica precolombina –tierra de nostalgias por las que la autora siente tristeza.
Los poetas Enrique de Jesús Pimentel y Víctor Rojas, representantes de dos de las entidades convocantes del concurso, fueron los encargados de comentar ambas obras. Víctor Rojas leyó la cuarta de forros de Los días y sus designios: “Autor de una ya extensa obra lírica a sus treinta y tres años, Álvaro no escapa a la tentación de cantar a esta edad, la del Cristo azul de López Velarde, la edad en que Huidobro confiesa haber nacido. Pero la mirada del poeta tabasqueño es otra, no pretende atrapar lo trascendental ni busca la refundación de la poesía, emprende el viaje de la memoria a través de los sentidos y en contacto permanente con el mundo cotidiano que rodeó su infancia”.
En Dios de arena, las frases se tienden por caminos llenos de huellas viejas, intentan recrear la atmósfera del encontronazo con la cultura europea que terminó con su forma de vida y creencias, con sus dioses. La cuarta de forros de este libro dice que “el diseño narrativo de Judith Castañeda se sustenta en la urdimbre morosa y detallada de imágenes que, más que definir, sugieren un acontecer a veces inasible. Ponderada por su capacidad de crear atmósferas envolventes y por el uso del lenguaje cercado por la feracidad de lo poético, la obra que obtuvo el Premio de Cuento Joven Alejandro Meneses en su edición 2007 rinde un interesante homenaje al desaparecido escritor de quien fue alumna la galardonada. Dios de arena es un conjunto de cuentos donde el imperio de lo onírico no está reñido con la exploración de un territorio histórico poco escrutado por la narrativa contemporánea. Un tiempo en que los dioses antiguos se convertían en arena y los caminos terminaban frente a un “muro lleno de lagrimones pardos”.

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