Thursday, March 16, 2006

EDGAR ALLAN POE.


Gracias a los cuentos y poemas por los que adquirió fama a Edgar Allan Poe, escritor estadounidense nacido en Boston en 1809 y muerto en 1849, siempre se le ha relacionado con la oscuridad. Las narraciones de su autoría son un gran aporte para la estructuración del cuento contemporáneo y la novela policiaca. De atmósferas opresivas, siempre imaginadas en tonalidades de gris y negro, llenas de gatos negros, por supuesto, con un punto luminoso en los ojos, lunas colocadas detrás de nubes y hombres con el cabello en desorden y la cabeza entre las manos –si la sueltan seguramente caerá–. Se le asocia al consumo excesivo del alcohol y, probablemente, al de las drogas. Siendo un famoso escritor, vivió en la miseria, muy cerca de las enfermedades y de la muerte: su esposa Virginia, sus padres. En la escuela, estas respuestas escritas en un examen significan el acierto.
A la distancia poco mayor de siglo y medio de su muerte, se han hecho diversas hipótesis acerca de las causas de la misma, con la finalidad de arrojar luz en circunstancias tan parecidas a las imperantes en sus relatos.
Se dice que lo encontraron casi sin vida con la ropa de alguien más, que tras ingerir una pequeña cantidad de alcohol adquiría el aspecto de una persona en estado total de embriaguez, que pudo padecer ataques epilépticos, que su muerte pudo ser la consecuencia de un envenenamiento por mercurio, monóxido de carbono o la carencia de una enzima metabolizante del alcohol.

Era época de elecciones en Baltimore. 1849.En esos tiempos –algo parecido a las prácticas políticas de hoy, ¡parece mentira!–, se secuestraba a personas para llevarlas a votar por determinado candidato, se les hacía beber hasta la embriaguez y se les cambiaba de ropa constantemente. Así podrían emitir su voto más de una vez. Si la persona ya no era capaz ni de trazar una equis sobre una línea, la abandonaban donde fuera. Esta hipótesis explicaría la ropa que llevaba Poe. ¿Y la muerte por envenenamiento alcohólico?
Su organismo pudo carecer de la enzima deshidrogenasa alcohólica. Alojada principalmente en el hígado, es la sustancia que se encarga de metabolizar el alcohol –la reacción es oxidación–, en acetaldehído, y posteriormente en ácido acético o etanóico, sustancia menos agresiva, presente en un 4% en el vinagre. De esta forma se descompone del 90 al 98% del alcohol presente en la sangre; el porcentaje restante se elimina por la orina, el sudor o las lágrimas.
En dado caso, e ignorando su condición, las personas que lo secuestraron para llevarlo a votar, lo embriagaron, causándole la muerte por envenenamiento, al no poder eliminar el alcohol.

Los personajes de Edgar Allan Poe siempre fueron de salud frágil, propensos a enfermedades, inmersos, más que rodeados, en atmósferas que les infieren terribles tormentos psicológicos. Un ejemplo es el cuento "El pozo y el péndulo", donde el personaje–narrador es encarcelado en una celda sin siquiera una partícula de luz; donde él, al principio, no aventura el movimiento más mínimo. Durante el tiempo que dura la oscuridad, sufre de constantes desmayos y sus movimientos son tambaleantes; todo ello a causa del desconocimiento del entorno.
Pero en este cuento, podría estar describiendo los síntomas de la epilepsia que, se aventura, pudo padecer. Esta situación lo llevó a un conocimiento preciso de síntomas como los movimientos espasmódicos de los músculos de la cara o un andar tambaleante, hasta la pérdida de consciencia, espasmos convulsivos de partes del cuerpo, explosiones emocionales, o periodos de confusión mental.

“... Y entonces se deslizó en mi imaginación, como una rica nota musical, la idea del reposo delicioso que nos espera en la tumba. La idea vino dulce y furtivamente, y me parece que me fue menester un largo tiempo para tener de ella una apreciación completa; pero en el momento mismo en que mi espíritu comenzaba al fin a comprender bien y a conservar esta idea, las figuras de los jueces se desvanecieron como por encanto; los grandes hachones se redujeron a la nada; sus llamas se extinguieron enteramente; lo negro de las tinieblas sobrevino; todas las sensaciones parecieron hundirse como en una inmersión loca y precipitada del alma en el Hades. Y el universo no fue más que noche, silencio, inmovilidad...
... A la larga, con una loca angustia de corazón, abrí vivamente los ojos. Mi horroroso pensamiento se encontraba confirmado. La negrura de la eterna noche me rodeaba. Hice un esfuerzo para respirar. Me parecía que la intensidad de las tinieblas me oprimía y me sofocaba...” (El pozo y el péndulo. Narraciones extraordinarias, EMU).

El Calomel es otra de las posibles causas de su muerte. Este medicamento, hecho a base de cloruro de mercurio, se recetaba contra el cólera. A principios de la década de los 30’s, y en 1849, cuando Poe vivía en Baltimore, hubo epidemias de cólera. La primera mató a más de 850 personas. El narrador, poeta y crítico, pudo haber sido recetado con dicho medicamento para prevenir una muerte por cólera. En dosis elevadas, el Calomel es causa de envenenamiento por mercurio. Sus síntomas: excitación, pérdida de la memoria, insuficiencia renal, sudoración, temblor, dificultad para hablar.
Algo a lo que también estuvo expuesto, es el monóxido de carbono (CO), respirado muy probablemente en Nueva York y Baltimore, en casas iluminadas por lámparas de gas.

Con la finalidad de apoyar cualquier hipótesis, se le practicaron estudios a cabellos tanto del escritor como de su esposa Virginia, pedidos para tal efecto en la casa–museo de Edgar Allan Poe.
Diluyendo los filamentos en ácido nítrico (HNO3), se obtuvo un plasma en el que se determinó la concentración de mercurio, plomo, uranio y monóxido de carbono en el organismo. Los resultados que arrojó dicho análisis, en los cabellos de él, fueron que las concentraciones de mercurio y plomo son altas –esta última tal vez gracias al agua que ingería–, pero no determinantes como para causarle la muerte; no se detectó la presencia de monóxido de carbono, lo que sí estuvo presente en los análisis de Virginia.

La muerte de este escritor bostoniano sigue, como en cada uno de sus cuentos, rodeada por una atmósfera tan densa, que no permite ningún paso en dirección a su esclarecimiento. Los análisis no pueden decirnos si murió a causa del secuestro durante las elecciones, o de una golpiza –otra de las hipótesis, que hace referencia a los hermanos de Mrs. Shelton, primera amiga de la adolescencia, ahora viuda, a quien propuso matrimonio en 1849.
Para redondear la atmósfera, se dice que año con año, en el aniversario de su nacimiento, un extraño llega a visitar su tumba y deja como presente tres rosas, media botella de cognac, su sombrero, y se retira no volviendo a aparecer hasta el siguiente 19 de enero.

Tuesday, March 14, 2006

MINIFICCIONES Y ANUNCIOS.

Final
Después de saltar a través del aro y recibir una galleta como recompensa, terminó el acto. La joven se quitó las orejas de peluche rosa y fue a lavarse el rostro.

El mimo
Se sienta en una silla de aire, un periódico invisible frente al rostro blanco. lo voltea más de una vez antes de acomodarse la boina, que ahora le cubre los ojos. La prenda negra sale disparada, la empuja con el pie al intentar recogerla. El público reunido alrededor de la fuente lo ovaciona. El artista se inclina ante manos que, agitándose en alto, imitan el movimiento de las aspas de una lavadora.
Aprovecho para hacer un anuncio: los próximos dos sábados en Catedral, el Suplemento Cultural del periódico Síntesis, publicaré textos.

Friday, March 10, 2006

REMEDIO II


Para no despertar entre ecos de gritos no gritados, entre sombras de un escenario diluido al arrojar las cobijas. Para no encontrarse con mantas de aire escapadas del sueño, aprovechando la hendidura de la vigilia, hablando con alguien cuya voz acaba de difuminarse. Si no se desea abrir los ojos y sentirlos húmedos, haciéndose agua sobre las mejillas y la almohada, mirar no hacia el techo, o a la cortina de la ventana que está quieta como si el viento acabara de extinguirse, sino hacia el relleno de plumas, aún hacia el sueño, todavía flotando junto a la lámpara apagada. Si el último deseo que se tendría es salir del descanso con una mano aprisionando por dentro el cuello y traer el pasado de alguien más (por favor, de algún habitante de ojos permanentemente entornados, con doce horas de diferencia, que señala este sitio en el globo terrestre en el escritorio de su salón), que, se sabe, es el que arrastramos, el que, como los muertos, no se ve pero muerde una parte de la sombra para tener su casa, y está en el aliento de los vivos; el remedio es no soñar.

¿ESTO ES LA MUERTE?


En la fotografía que se arrincona en esta página se ve a tres hombres en el borde –auténtico, violento– de la muerte. Otros hombres, también desamparados, apuntan sobre ellos sus pobres armas. Todos parecen ajenos, lejanos, tristísimos en su condición de hombres que matan y que mueren. Los que disparan, con seguridad, también ya han muerto. La imagen detiene, indefinidamente, el instante de la nada.

Ante la muerte sólo hay preguntas. El “empujón brutal”(Miguel Hernández) siempre será sorpresivo y uno deseará, siempre, ser el hortelano que llora, no el que muere. Pero en la muerte no hay deseos, supongo.

La enfermedad y el accidente son absurdos. No hay razón en ellos. El cabello se eriza y se rebela ante tales posibilidades. ¿Quién puede imaginar su muerte? Hay opciones: la cama, el cáncer, el paredón, el asalto, la mala vida, el mismísimo corazón, una caída –como la de mi padre– desde veinte metros de altura, la soga, la comida, el alcohol, los barbitúricos, el golpe, la bala, la vida vivida, una bala. Todo mata.

La muerte tiene aliento y huele a flores. Es de noche.

Mis abuelas muertas eran jóvenes vivaces, conocían todo sobre el comino, la albahaca, los guisos ancestrales, las sábanas blancas. Me conocieron a mí, que he de morir. Cuando vemos a alguien, vemos su muerte. En el recuerdo sólo hay lluvia.

Es conocida la historia que Borges recuenta: un jardinero pide permiso a su patrón para irse de la ciudad porque ha visto a la Muerte. En realidad, la Muerte quedó sorprendida al verlo, porque esa noche lo tomaría en el lugar al que huyó. Así, la vida: uno va al encuentro de su muerte.

La muerte rejuvenece: ahora, mi padre, López Velarde, Jesucristo, José Carlos Becerra, James Dean, Jim Morrison, muchos más, siempre serán más jóvenes que yo.

En el espacio confuso de los sueños, en la madrugada, alguien susurra: es la muerte fiel. Sobre las huellas que dejamos en los objetos, la muerte sopla. Va y viene, Ella, por nuestra vida.

Asustado, el recién muerto pregunta: “¿Dónde estoy?”

Sobre la mesa –cubierta de papel de China morado–, hay velas, panes, licores, complejas viandas, sencillas flores. En el claroscuro de la habitación, hombres y mujeres rezan por sus muertos. Los niños juegan con sus calaveritas.

¿Cómo seré cuando no sea? En las fotografías que permanezcan alguien verá mi rostro, mis ropas, mi antigüedad, el cielo de un noviembre irrecuperable. Verá a mi hija junto a mí, a mi mujer que me toma la mano para siempre, a los niños de la tarde de ese parque. Además, un personaje siniestro, a quien nadie reconoce, que se coló a la fiesta y aparece a mis espaldas.

Alejandro Meneses.

Tomado de la revista Erinias, No. 4, invierno 2005–2006, pág. 23. Escuela Libre de Psicología.

Wednesday, March 08, 2006

MUJERES, MÚSICA, LITERATURA...


La música observa desde diferentes ángulos a la mujer, uno de sus temas recurrentes; a veces con desprecio, con picaresco doble sentido, a veces esperando su presencia o que se digne siquiera a voltear, para así, confirmar la propia existencia. Rock, boleros, pop, música popular... La mujer está presente interpretando o siendo parte de la letra.
Alguien que tiene cierta visión fantasmagórica de la mujer, es el cantautor puertorriqueño Robi Draco Rosa. Haciendo alusión a la frase de Jules Michelet que inicia el libro Aura, de Carlos Fuentes (Ediciones ERA, 39ª. Reimpresión, 2001):

El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña;
es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la
segunda visión, las alas que le permiten volar hacia
el infinito del deseo y de la imaginación... Los
dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre
el pecho de una mujer...

Robi Draco incluye a la mujer en sus canciones cubierta con bruma, con velos que, tirados por los dedos del viento, remarcan las siluetas de reloj de arena. Las palabras de Michelet se relacionan con la canción “Blanca mujer” del disco Vagabundo, lanzado en el año de 1996. En ella, alguien espera ser llevado entre los brazos de una mujer que representa a la muerte; además, tiene el anhelo incumplido, por decisión propia, de la compañera:

New Orleans
a primeros de abril
en el noventa y cuatro,
él está condenado a morir
por amar demasiado.

Si quisieras ahora venir
y acabar de una vez con mi vida
yo te lo pido blanca mujer
que me lleves a tu eterna guarida.

Tengo tantas ganas de ti
pero no puedo llevarte ahora.
Te toca todavía vivir,
porque aún no te ha llegado la hora...

En el caso de "Penélope", de esa misma producción, el velo impuesto no es el de la muerte, sino el de un sueño que separa, una pesadilla donde la mujer es un punto inapresable, rodeado de árboles como esqueletos, a quien se desea prodigar regalos, atenciones. La causa de la separación es generada por quien la extraña:

Me despierto en el alba, soñando no sé qué;
desayuno con lluvia y te recuerdo en el café.
Soñé tu figura lejos
esperando en los suburbios del olvido
y me vi solo, zarpando en barcos de oro
que llené con regalos para ti
y luego vi que por celos, el mar de mis tormentos
se tragaba el barco y aquel loco que era yo.
Y todo naufragó.
Qué lejos tú...

Así como la música, la literatura aborda a las mujeres para conferirles diferentes investiduras: medio para obtener algo que se desea o pretextos para desviarse del sendero, en el cuento de "El pescador y su alma" –donde el personaje desea entregarse al amor de una bella sirena (¿qué es una sirena, sino una mujer que el mar ha arrastrado para acariciarla?)–; actriz ingenua que antes excitó la imaginación, en la novela El retrato de Dorian Gray, ambos de Oscar Wilde:

“... Padre... Una vez subí en mis redes a la hija de un rey. Es más bella que la estrella de la mañana y más blanca que la luna. Por su cuerpo entregaría gustoso mi alma y por su amor renunciaría al cielo...”

“...Y a mediodía recordó que uno de sus compañeros... le había hablado de cierta bruja joven que vivía en una caverna... Y fue hacia ella corriendo, tal era su impaciencia por deshacerse de su alma... la joven bruja supo que él se acercaba y riendo, se soltó la roja cabellera...”
“... ¿Qué te falta?... Soy más rica en tormentas que el propio viento, porque sirvo a uno que es más poderoso que el viento... Pero pongo precio, buen mozo, pongo precio...”
“...Quiero desprenderme de mi alma...”

“...Y el alma le dijo:
–En una ciudad que conozco hay una posada. Estuve en ella con marineros que bebían vino de dos colores... se nos acercó un anciano con una alfombra de cuero y un laúd... Y cuando hubo extendido su alfombra... tocó las cuerdas metálicas de su laúd y una muchacha con el rostro velado entró corriendo y se puso a bailar para nosotros... ”
“...cuando el joven pescador oyó las palabras de su alma, se acordó de que la sirenita no tenía pies y no podía bailar, y un gran deseo se apoderó de él y se dijo:
No es más que una jornada de camino y puedo volver junto a mi amor...” (Editorial Época).

En El retrato de Dorian Gray, la mujer es Sibyl Vane, la primera víctima de la transformación del alma de Dorian, actriz de teatro, quien antes de conocerlo vivía para actuar enamoramientos y ahora, ante la realidad del amor, dentro de una promesa de matrimonio, se convierte en una pésima actriz, y está feliz de serlo:

“Has matado mi amor... Solías excitar mi imaginación. Ahora no excitas ni siquiera mi curiosidad... Te amaba porque... tenías talento e inteligencia, porque hacías realidad los sueños de los grandes poetas y dabas forma y sustancia a las sombras del arte... Lo has tirado todo... Ahora no eres nada para mí... Has estropeado el romance de mi vida. ¡Qué poco sabes del amor, si dices que él echa a perder tu arte... ¿Qué eres ahora? Una actriz de tercera con una cara bonita...
...No hablas en serio Dorian... Estás actuando...” (Ediciones y distribuciones Mateos. Clásicos Selección).

Sibyl termina suicidándose, siendo una marca en un retrato mágico.
En Los miserables, del francés Víctor Hugo, la mujer es inocencia y luminosidad para una vida silenciosa, que se cuida de caminar en las sombras, como la de Juan Valjean: Cossette. O bien, es un juguete que se puede manipular hasta el cansancio, exprimir, tirar de sus miembros y romperlos; entonces se le abandona en un rincón o en una fosa común: Fantina.

“...Luego, volviéndose hacia Fantina, añadió:
–Ya tienes para seis meses.
La desgraciada se estremeció.
–¡Seis meses, seis meses de prisión! –exclamó. ¡Seis meses de ganar siete sueldos por día! ¿Qué va a ser de Cossette, mi hija, mi hija? Debo más de cien francos a los Thernardier, señor inspector, ¿no lo sabeís?...”

“...El cura creyó... que lo mejor era reservar, de lo que había dejado Juan Valjean, la mayor cantidad posible para los pobres. Al fin y al cabo, ¿de quién se trataba? De un presidiario y de una mujer pública. Por estas razones simplificó cuanto pudo el entierro de Fantina, y le redujo a lo estrictamente necesario que se llama la fosa común...” (Editorial Porrúa, Sepan cuantos...).

En el ámbito local, el escritor Alejandro Meneses, fallecido a mediados del año pasado, dedica un libro de relatos a su visión de la mujer, de lo femenino: Ángela y los ciegos.
“En Ángela y los ciegos, dos primos–amantes se buscan, se persiguen, sin encontrarse: sus fugaces contactos confirman la lejanía que, paradojícamente, los une... Ángela –maestra de ciegos que no logra dar con la escuela a la que había sido enviada– adopta diversos rostros y diversas edades.
Su primo padece esas constantes metamorfosis: está sujeto al tiempo de Ángela Adónica. Sin embargo, siempre irá tras ella, en la niñez y en la juventud, por los corredores de una casa crepuscular y por playas soleadas, por las calles de una ciudad fantasmal y por cantinas donde sólo beben ancianos; será su compañera en la universidad para después abandonarlo un domingo por la noche, mientras él sufre un implacable dolor de muelas...”
Con Alejandro Meneses, la mujer es lejanía, algo que se observa, imposible acercarse a ello, aunque se deseé y se busque el camino. Es separación perpetua y una masa aglutinada que sólo admite a las de su mismo sexo, excluyente:

“...Yo me quedé tras la puerta, rodeado por el resplandor de las ceras; entre ellas, la de mi hermano.
Me asomé:
Mi madre pasó su mano áspera por el cabello de mi prima. La estrechó contra su pecho, acercándola hasta un sitio al que yo nunca había podido llegar. Mi madre vio mi cara lejana: luz y sombra sobre los rasgos que algún día fueron de mi padre. Con la cabeza me señaló la escalera, el mundo exterior, la lluvia.
Y se quedaron solas. Como siempre, sin mí.” (Ediciones Cal y Arena, 2000).

Thursday, March 02, 2006

REMEDIO.


Convertirá el corazón en cenizas, las humedecerá para que el fuego no regrese a pintarlas de rojo y las haga bailar y subir. Al mismo tiempo, el agua de los ojos se evaporará, dejando caminos de sal a lo largo de la piel de cera, senderos irrenovables. Los paisajes dibujados en blanco por el lápiz del invierno, las alfombras de cerdas ocres y marrón tendidas a lo largo del camino de otoño, los colores azules, rosas, amarillos violetas... La primavera, el sol durante la estación húmeda, serán cada uno accidentes dentro del negro y el vacío. Serán los labios cerrados y las pupilas cubiertas por párpados y alturas de polvo.
No regresarán los días de punzadas frente a un monolito blanco, a una cruz y un ramo de verde acartonado. No regresará el día, ni el sol sacará la humedad de los poros. Ni autos en la avenida escoltada por señalamientos, ni los acordes de una canción que habla del único hombre que mide las calles nocturas con su sombra. Tampoco crecerá un hoyo negro en la garganta ante una fotografía de alguien sin respiración ni peso.
Pero tampoco habrá deseos de hundir los dedos en una piel ajena. Las fuerzas para conducir un bolígrafo sobre el papel, transportar paisajes mentales a la realidad de la celulosa vacía, quedarán reducidas a cero. ¿Cuál será entonces su valor, el valor del fin del eco de un eco emitido antes de las glaciaciones?
El que tome este remedio podría preguntar si valió la pena abandonarse a las paletadas de los hombres, regresar al espacio ocupado antes de nacer, por dejar de sentir el alma hecha de cáscaras que se van desprendiendo con los golpes de la respiración. Y querrá de nuevo oir voces, sentir punzadas en cada cambio en el ambiente, observar el monolito que resguarda a alguien igualmente ciego, sordo y mudo.
Pero es entonces cuando quienes lo tienen en la mente, oyen sus pisadas en cuartos vacíos y mojan sus rostros con la sal que ha dejado de correr por su cuello, estarán tomándose de las manos alrededor de una mesa casi hecha virutas, apretando los ojos ante una mujer de turbante y uñas ultramar que, asegura, puede hablar con el ausente porque conoce el lenguaje de los cementerios y las salas crematorias.
La única contraindicación del remedio no es para el paciente, sino para quienes esperan a sus espaldas. Es la transferencia de los síntomas, contra los que es inservible.

Tuesday, February 21, 2006

MÁS DE "BLANCO Y NEGRO"


“El día 1º de enero de 2003, Fulano de Tal se levantará de su lecho. Un aparato le administrará una magnífica ducha, y no de agua vulgar infecta, llena de microbios y nada rica en oxígeno, sino de aire líquido, convenientemente esterilizado y saturado de brisas campestres, de olores a tomillo y a mejorana, que desperecen, refresquen y comuniquen nueva alegría y fresco bienestar al interesado. Y tampoco será una simple ducha exterior como las que ahora nos damos, sino que, por medio de complicadísima red de tubos y enchufes, limpiará boca, dientes, narices, oídos y aparato digestivo, dejando al paciente tan lubricado por dentro y por fuera como un cañón modelo en un parque de artillería.
Como la limpieza del cuerpo engendra la alegría del alma, Fulano estará contento y satisfecho. Abrirá, pues, el balcón de su cuarto, que supondremos situado en la 123 avenida de la ciudad de Nueva York, y se dejará caer suave y graciosamente al suelo, merced a un paracaídas perfeccionado, que evitará el trabajo de bajar escaleras y el consiguiente desgaste muscular. Al llegar a la calle, Fulano encontrará en ella el bullicioso espectáculo habitual. Las aceras movibles instaladas a derecha e izquierda trasladarán de un punto a otro miles y miles de personas, que de pie o sentadas en el suelo se distraerán, esperando, como el borracho del cuento, que llegue la casa a donde van, y leyendo revistas o libros, conversando de negocios o jugando al ping–pong y al salta en mesitas que alquilarán los golfos del siglo XXI. Fulano será hombre pudiente y podrá permitirse el lujo de andar a pie por el centro de la calle, bajo la sombra de los árboles, pagando para ello su cumquibus, supuesto que el andar a pie y despacio será entonces una diversión carísima, sólo asequible a los potentados, quienes habrán de indemizar en buena moneda a la sociedad el perjuicio que le causen a eludir la general ley del trabajo y al escurrir el hombro en el concierto del universal ajetreo.
Una vez en paseo, Fulano sentirá curiosidad de saber cuanto pasa en el mundo, y para cumplir su deseo se dirigirá a cualquiera de los puestos de periódicos situados a lo largo de las calles y paseos, es decir, que se colocará ante una elegante columna de hierro forjado, algo parecida a las actuales básculas automáticas, y depositando un penique en la rendija, si quiere enterarse de la discusión verificada el día anterior en tal o cual academia, liceo o reñidero político, al punto verá desarrollarse ante sus ojos toda la escena en la tira de un cinematógrafo polícromo, mientras un fonógrafo perfecto y que no sonará a voz cascada de castañera vieja, como los de ahora, repetirá los discursos de los oradores, los rumores, los aplausos y hasta el ruido de las bofetadas y de los puntapiés, cuando los haya; si quiere saber de la obra estrenada en la noche precedente, el mismo cinematógrafo periodístico reproducirá todas las escenas, y el mismo fonógrafo todas las palabras de los actores, o los gorgoritos de las tiples; y si a más de ver la pieza aspira a formar una opinión sensata sin molestarse en discurrir, por un penique más verá reproducidos los gestos y las palabras de los señores que compongan a la sazón el trust de la crítica teatral.
Saciada su momentánea curiosidad en poco tiempo, Fulano sentirá ganas de almorzar y acto continuo se dirigirá a la botica o laboratorio alimenticio más acreditado de Nueva York. Allí, por unos cuantos perros grandes, le suministrarán cinco píldoras de sustancia químicamente pura asimilable en su totalidad, equivalentes a un consommé; un plato de huevos, otro de carne, otro de pescado y otro de legumbres, con los cuales quedará nutrido para unas cuantas horas, sin miedo a complicaciones gástricas ni intestinales. Pero como ya hemos dicho que Fulano es hombre rico, y la alimentación química, si bien habrá resuelto para entonces la parte más ardua y terrible del problema social, no tendrá nada de sibarítica, Fulano se irá con sus píldoras a uno de los más delicados restaurants platónicos, y mientras deglute la píldora correspondiente al caldo, un camarero le pondrá ante ojos y narices una taza de auténtico, dorado y humeante caldo, y se la llevará intacta cuando con vista y olfato haya el cliente apurado el goce más intenso y espiritual de la gastronomía; lo mismo ocurrirá con los demás platos. Y aun cuando entonces las sociedades de templanza formarán parte de la máquina gubernamental del mundo, y el alcohol y sus preparados figurarán en la lista de los venenos, a los ricos se les tolerará la nefanda corruptela de oler una copita de whisky o de coñac después de la comida; pero olerlo nada más, y eso teniendo en cuenta que la olfación de semajantes porquerías constituirá una intoxicación lenta, y el Estado tendrá verdadero interés en que fallezcan muchos ricos, porque, abolido ya el sistema de los patrimonios, no habrá más universal heredero que la sociedad, la cual se encargará de enterrar al muerto y de mantener y cuidar a los vivos. De tal manera, nadie tendrá en que se muera este o el otro señor sino un interés infinitesimal y a prorrata, quedando con esto suprimidos los tíos ricos y los sobrinos derrochadores tan usuales en comedias y caricaturas.” (Fragmento).

F. Navarro y Ledesma.

Tomado de Blanco y Negro, Madrid, año trece, número 609, 3 de enero de 1903.


En el texto se incluyen objetos de la época, como el fonógrafo, moneda de ese entonces e incluso, en el libro, se ilustra con un hombre con una hélice que lo ayuda a saltar del balcón, pero vestido con sombrero y flor en el ojal, monóculo, bastón.
Por otro lado, ¿qué pensamos ahora que pasará de aquí a cien años? Tal vez los países sean enteramente suburbios de casa abandonadas y fogatas en las calles, y las islas albergarán a los nietos de los actuales políticos, con un séquito de sirvientes –personal selectísimo, no cualquiera que se consiga en una agencia– y permanentemente vestidos con pijamas de seda, hablando de su última función privada de cine.

Friday, February 17, 2006

LA PERVERSIÓN DEL IDIOMA.


Del caso que en estos días está en boca de todos –y lo estará durante un buen tiempo, creo–, me referiré a la perversión que los personajes dan a las palabras utilizadas. ¿Qué tienen que hacer en boca de un gobernador –abogado– y de un empresario frases como “mi gober' precioso”, “papá”, “mi héroe”, además de un reducido catálogo de insultos usados más de una vez a lo largo de la conversación (¡qué pobreza de lenguaje!)? Y no son las palabras en sí, sino la intención impresa en ellas. Alguna ocasión, en tardes cuando la Matraca era un punto de reunión para beber osos, cervezas y escuchar al mejor maestro, Alejandro Meneses comentó que después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, los escritores alemanes tuvieron que reinventar su propio idioma; palabras como “pureza”, “horno”, “ario”, “judío”, necesariamente, irremediablemente, remitían a los horrores vividos por judíos, gitanos, etc. Guardando distancias, éste es el mismo caso (ya no podremos pensar en Superman o los niños en su padre, como nuestro héroe, o en un longevo e impredecible personaje literario cuando se pronuncie “precioso”), y no es un hecho aislado, pues en general, los políticos hacen trizas el idioma desde que existen. Cuando abren su mentirosa boca, todo el mundo da un significado contrario a los discursos –ya saben: la solidaridad, el apoyo a los que menos tienen, servir al pueblo, los ingresos, bla bla, bla.
Pareciera que tanto el textilero como sus interlocutores se criaron en la bragueta de un cargador –pido perdón a los cargadores por emparentarlos con tan finas y selectas personalidades.
Y no es que ellos no hallan recibido la educación adecuada, pues tienen los medios para hacerlo. Por lo menos en el caso de Kamel Nacif pienso que es una manera de demostrar hasta dónde se extiende su poderío, es un signo de prepotencia –véanme como me dirijo a los miembros del gobierno, valgo más que esa periodista–. En el transcurso de esta semana el presidente de la Cámara de la Industria textil de Puebla y Tlaxcala, comentó que se podría pensar que la totalidad de los empresarios textiles son iguales, y que no es cierto. En este punto puedo externar mi opinión, basada en las experiencias que he tenido, en mi propia vida. Durante nueve años estuve laborando en empresas del ramo del acabado textil y constato que el presidente de la Cámara está equivocado. Los dueños, todos, son un conjunto de prepotencia y palabras soeces, hacen sentir su poder gritándole a las personas que, quieran reconocerlo o no, son quienes los ayudan al aumento de su riqueza: los obreros, personas de producción que en muchas ocasiones no gozan del seguro social, se les adeudan prestaciones como el fondo de ahorro para el retiro y el INFONAVIT, que trabajan con muy poca o nula protección personal, con productos químicos y tienen que meter mano en máquinas con rodillos, pinzas... Bueno. Lo también lamentable, además de la persecución a la escritora, es que un gobernador de supuesta extracción popular –ya no estoy tan convencida–, esté obedeciendo a intereses empresariales.
Por último, quiero informar que la muy célebre Comunidad del Anillo organizó un encuentro con carácter de urgente: una sesión espiritista con el objetivo de convocar a J.R.R. Tolkien. Frodo Bolson fue el convocante, pues escuchó que alguien que no es el Gollum estaba pronunciando “precioso”, para su gusto, con mucha insistencia. Armados de quija y ejemplares ilustrados de los libros del mencionado Tolkien, llegaron hasta Sudáfrica para tan memorable ocasión. Las pesadillas que habían tenido antes de reunirse se confirmaron: el escritor está furioso, se revuelve en su tumba. Después de tomarse las manos alrededor del primer libro de la trilogía, el autor habló por la boca de Gandalf el blanco y está pidiendo, exigiendo, que el Congreso poblano aplique un impuesto a la bancada priísta, que se reduzca en un quince por ciento el salario de Mario Marín por lo que resta del sexenio, que se graven con impuestos especiales las ganancias por la maquila de pantalones de mezclilla, un boteo, un teletón, lo que sea, para que se le paguen los derechos de autor, pues la palabra “precioso” es de uso exclusivo del Gollum, además de formar parte de su imagen y personalidad... ¿o acaso será que tendremos pronto un nuevo Gollum?

Thursday, February 09, 2006

HACE MÁS DE UN SIGLO


Revisando en un libro del año 1903, encontré esta poesía. Se trata de la revista semanal Blanco y negro, de Madrid, año trece, número 613, 1 de febrero de 1903, acompañada en el libro por los números publicados a lo largo del año. Y bueno, me parecieron interesantes las metáforas, en las que compara a una bailarina clásica, creo, por la descripción de su vestuario, con un ángel, un fantasma, una flor o remolino.

La bailarina

Aérea, gentil, vaporosa,
esparce al abrir sus gasas
perfumes enervadores
que la atmósfera embalsaman.
Desde el fondo de la escena
rápidamente adelanta
encorvándose o alzando
su figura soberana.
Tiene caprichos de ondina;
yérguese furiosa, salta;
ya es flor que gira, ya es rápido
remolino que arrebata;
ya es la mujer picaresca
que, rebosando de gracia,
lleva el compás de la música
con su cabeza gitana;
ya es el ángel que, moviendo
con suave rumor las alas,
al tomar impulso adquiere
vaguedades de fantasma,
y que en éxtasis divino
súbitamente se para,
envuelta en el rayo de oro
que la sigue mientras baila.
Destellos deslumbradores
la luz de su traje arranca,
y claridades de aurora
se reflejan en su cara;
es la figura sublime
que no envejece ni pasa,
es eterna; simboliza
la juventud y la gracia.

Leopoldo López de Sáa.

Monday, February 06, 2006

ALGO PARA QUE SU SANGRE SE HAGA PIEDRA


Encontré en una publicación mensual gratuita –Kombo, cultura y lugares. Enero 2006, No. 5– algunos datos sobre la tortura, usada, por ejemplo, para extraer una declaración del torturado, la que muchas ocasiones es falsa, provocada por el dolor físico.
Esta publicación hace un pequeño recuento de los instrumentos usados en esta práctica. Entre ellos, el “aplasta cabezas”

“La cabeza se ubica bajo el casquete superior y la barba en la base del instrumento, se gira lentamente el tornillo para comprimir el cráneo. Primero se destruyen los dientes, se rompen o astillan en la boca. Los ojos salen de sus órbitas y finalmente el cráneo se rompe. En las primeras etapas el torturador podía pisar o golpear el casquete provocando más dolor en la víctima”.

Fue utilizado por la inquisición, está considerado dentro del grupo de instrumentos causantes de muerte, pero después de dejar sentir al reo el tormento aplicado.

Sólo un comentario después de leer el artículo y admirar la fotografía: ¡¡Auch!!

Thursday, February 02, 2006

NO ESTOY DE ACUERDO.

Hoy quisiera expresar mi opinión acerca de la entrevista concedida por el poeta Alí Calderón al diario Intolerancia, publicada en la sección cultural del día lunes 30 de enero de este año.
En ella, expresa que “la generación anterior no es tan exitosa en los medios de legitimación de la literatura. La generación nueva, con poco trabajo, y esto por una cuestión de edad, han demostrado mucho más que los anteriores”, y que “la muerte de Meneses, tan sentida en el medio, es un símbolo de que esa vieja manera de entender, hacer y vivir la literatura “ya fue” y que está apareciendo una nueva manera de trabajar la literatura a través del rigor. Es un curioso símbolo producto de la sincronicidad que se construyó. Claro, lo digo con respeto y pena”.

“El poeta poblano Alí Calderón, ganador del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2004, habló en entrevista para Intolerancia Diario sobre Imago Prima, el poemario publicado a finales del año pasado por la Universidad Autónoma de Zacatecas después de obtener el galardón; también sobre el proceso de transición que vive la literatura poblana, de la manera bohemia de hacer vivir y comprender la literatura por parte de algunos escritores de la generación anterior, hacia una nueva forma “más razonada”, de los jóvenes escritores con formación universitaria”. (Tomado de Intolerancia diario, sección cultural, pág. 22, del lunes 30 de enero de 2006).

Primero, sería muy elitista excluir a los que no tuvieron la suerte o los medios para ser universitarios. No todos los escritores jóvenes tienen esa formación. Dejando de lado a una servidora –técnico en química industrial, asistente a los talleres de cuento de Alejandro Meneses desde el 2002, con la inquietud de escribir–, hay escritores egresados de la universidad, sí, pero no de una carrera de letras o de una escuela privada. Por ejemplo Alejandro Badillo Cervantes, quien ha publicado en cinco ocasiones en la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla. Él es egresado de la carrera de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla y de los talleres impartidos por Alejandro Meneses en la SOGEM–Puebla. En mi humilde opinión, es uno de los mejores escritores jóvenes, narrador que se ha hecho presente, además de en Crítica, en los suplementos culturales de periódicos como Intolerancia, Cambio y Síntesis, y en la antología “De párvulas bocas”.
Luego, sobre la vieja forma de vivir la literatura, “bohemia” o de una nueva forma “más razonada”, no creo que sea cuestión de generaciones. Es algo personal –con todo respeto, no veo que los integrantes de la generación de Alejandro Meneses estén muriendo también–. Alguien que tenga el gusto por escribir, o que se dedique a ello de tiempo completo, lo visualizará desde su punto de vista, ya sea bohemio, muy académico, abstemio, haciéndole caso más a los instintos que a los conocimientos que se puedan tener, sea de la generación que sea...
La muerte de Alejandro no es ningún símbolo, o una señal para el cambio de dirección de la literatura. Es un acontencimiento que nos tomó por sorpresa, que a quienes fuimos sus alumnos nos sigue doliendo y quisiéramos fuera ficción. Extrañamos al amigo, quien también, con el solo hecho de estar presente, en su departamento, en La Matraca, en quién sabe dónde, y hablo a título personal, daba una especie de seguridad al momento de estar estructurando un cuento.
Alejandro Meneses ES un excelente narrador. No siento que la fama o algún premio sean los indicadores de éxito, sino el ser constante, el vivir la literatura –vivir– y tener su propia manera de expresarse, de buscar dentro del alma, como Meneses lo hizo hasta el final.

Wednesday, February 01, 2006

DANÉS-DINAMARQUÉS.

Revisando el manual de zoología fantástica, cuyo prólogo ya he compartido, encontramos el gentilicio “dinamarqués”.

El kraken

El kraken es una especie escandinava del zaratán y del dragón de mar o culebra de mar de los árabes.
En 1752, el dinamarqués Eric Pontoppidan, obispo de Bergen, publicó una Historia Natural de Noruega, obra famosa por su hospitalidad o credulidad; en sus páginas se lee que el lomo del kraken tiene una milla y media de longitud y que sus brazos pueden abarcar el mayor navío. El lomo sobresale como una isla; Eric Pontoppidan llega a formular esta norma: “Las islas flotantes son siempre krakens”. Asimismo escribe que el kraken suele enturbiar las aguas del mar con una descarga de líquido; esta sentencia ha sugerido la conjetura que el kraken es una magnificación del pulpo.
Entre las piezas juveniles de Tennyson, hay unadedicada al kraken. Dice, literalmente, así:
Bajo los truenos de la superficie, en las honduras del mar abismal, el kraken duerme su antiguo, no invadido sueño sin sueños. Pálidos reflejos se agitan alrededor de su oscura forma; vastas esponjas de milenario crecimiento y altura se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza, pulpos innumerables y eormes baten con brazos gigantescos la verdosa inmovilidad, desde secretas celdas y grutas maravillosas. Yace ahí desde siglos, y yacerá, cebándose dormido de inmensos gusanos marinos hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo. Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles, rugiendo surgirá y morirá en la superficie.

Me di a la tarea de buscar en el diccionario “dinamarqués” (el de la Enciclopedia Encarta 2003, el de la Ral Academia Española, decimonovena edición), y en ambos aparece como sinónimo de “danés”, no como una forma incorrecta. Aún le damos el beneficio de la duda a Borges, autor del citado manual. Mientras tanto, seguiremos informando.

Saturday, January 28, 2006

LIBRO SIN AUTÓGRAFO



La presentación del libro póstumo del escritor tlaxcalteca–poblano Alejandro Meneses, Tan lejos, tan cerca, de Ediciones de Educación y Cultura, Colección Íntimos, comenzó el martes 24 de enero, cuando, poco antes de las nueve de la mañana, encendí la televisión en el canal de Televisa Puebla. Anunciaron la presentación del jueves 26 en Profética, a las siete de la tarde; también me enteré que habían regalado tres libros.
En Profética ya está a la venta Tan lejos, tan cerca, las gruesas tapas negras protegen papel lustroso y letras grandes. El libro incluye seis cuentos: Cosas veredes, La vocación del soldado y Luna árabe, conforman el apartado Tan lejos; La bella vida, Los días de baile y Mientras llueve, es el Tan cerca. El cuidado de la edición estuvo a cargo de Beatriz Meyer.
El jueves, desde el mediodía, una inusual lluvia lavó las calles para que Meneses asistiera a la presentación de su libro póstumo; inevitablemente, el último. El agua se deslizó por paredes y aceras, pertinaz, tranquila en su respiración acompasada, con la sutileza de quien no ha sido invitado y se le deja por educación. La lluvia, comprendiendo su calidad de extranjera en esta época del año, terminó por la tarde.
Antes de las siete todo estaba listo. Las sillas en el patio central de la casona antigua que es Profética, las mesas y bancos para los presentadores, micrófonos, agua, unos cuantos rostros conocidos repartidos entre el pizarrón de la entrada y la librería. Con mi papá, regresé a las siete. Esta vez más de sus alumnos estaban presentes. En la pared, frases blancas con fondo negro; frases de Meneses, sacadas de su pluma, de su alma. Fotografías de una presentación anterior, Casa vacía, recopilación de sus tres libros. Bety Meyer llegó retrasada. Vodkas con refresco en vasos alargados, la bebida ligada irremediablemente a Alejandro. En el ánimo de los asistentes, un escritor ido, un amigo ausente. Fue la noche de Alejandro Meneses, donde sólo faltó su voz grave dando más vida a uno de sus cuentos, sus sonrisas, su autógrafo en cada ejemplar adquirido –la edición de lujo, tapas gruesas y cubierta negra–. También los ojos líquidos, la boca cerrada, descendente, la pregunta –¿cómo se atrevió a irse?–, reclamaron su lugar entre los amigos, dentro de las gargantas, en el pecho.
La banda menesiana estuvo completa: Sergio, tarde; Alejandro, Princesa, Elías, Maribel, una servidora. (En la foto, Maribel, yo y Princesa, de izquierda a derecha).
Sólo me faltaste tú, profe, Meneses. Quise no llorar pero, ante tus frases, tus fotografías, tu recuerdo, la tristeza es un reflejo más de mi cuerpo, como estirar la pierna en un consultorio médico, al sentir un leve golpe de martillo en la rodilla. Prometí tomarme un oso, o por lo menos medio, a tu salud, en honor a ti. No lo hice, y no por falta de valor, sino por falta de osos, se fueron cuando los busqué.
Al igual que en la presentación de Casa vacía, la pequeña cámara con rollo 110, de 24 exposiciones, la misma que ha seguido a quienes admiro, a mí misma hasta Aguascalientes, captó instantes de la presentación, tus frases sobre el muro, a mis amigos –tus amigos– reunidos en torno a ti. Sólo faltaste tú, repito. Me gustaría, cuando la revelación saque a la luz esas imágenes, ver tu silueta junto a mis hombros, como en una fotografía anterior.
Al mismo tiempo, este libro, como el de Noche adentro, se quedará sin una frase de tu puño y letra, sin una dedicatoria para mi alma de escritora. Sin un autógrafo.

Tuesday, January 24, 2006

FOTOGRAFÍAS DE RULFO.



Cuesta demasiado pensar que en algún momento estos dos elementos estaban unidos (según el Génesis). ¿Cómo sería ese aire-agua? Tal vez tendríamos branquias y las aletas de nuestros pies nos arrastrarían por suelos siempre lodozos. Barro sobre nuestra piel, el sol tratando de abrirse paso entre arcoiris perpetuos, las raíces de árboles y arbustos probando el alimento ofrecido sobre la tierra, flotando. Atraparíamos peces con una red, como si fueran mariposas y si nos mostraran los planos de un barco, de un simple velero, pensaríamos en una máquina para viajar a otros planetas y las autoridades encerrarían al osado inventor.

Monday, January 23, 2006

ALEJANDRO MENESES AÚN ANDA POR AQUÍ.

Algo que está en mi correo gracias al Caballero inexistente...
NI TAN LEJOS, NI TAN CERCA...

Enrique de Jesùs Pimentel

EL NIMBO PERMANENTE. No sólo fueron la fecha de nacimiento y la de su verdadero viaje las que Alejandro Meneses se encargó de velar con el nimbo de la incertidumbre: también el último tramo de su obra narrativa ha quedado, tal vez para siempre, envuelto en la bruma de las interrogantes.
En rigor, los libros que publicó en vida se reducen a tres. Obra condensada y estricta cuya dimensión nos habla de una vocación escritural permeada siempre por la precisión y la exigencia. Días extraños, la colección de cuentos que publicó Fomento Editorial de la UAP, apareció en el año de 1987; Ángela y los ciegos, Editorial Cal y Arena, en el año 2000 y, finalmente, Vidas lejanas, Ediciones ABZ, vio la luz en 2003. Este último agregaba a su material inédito un cuento incluido en Días extraños: "El barco de cristal". Una antología de su obra cuentística, Casa vacía, fue publicada por la Editorial Lunarena en 2004.
EL VIAJE A ESPAÑA. Tan lejos, tan cerca es, sería, su cuarto libro. Expliquémonos; a principios de 2004, Alejandro Meneses aceptó la invitación de esta editorial de reciente formación para que su libro inaugurara la colección Íntimos, la cual albergaría a escritores y escritoras que nacieron o en la región o se avecindaron en ella, pero han realizado su trabajo literario más importante en suelo poblano. El libro de Meneses sería escrito durante un viaje a España: las historias debían establecer un paralelo entre culturas hermanas.
El narrador comenzó a hacer y deshacer maletas, se informó de los lugares que podía visitar, de la casa donde hospedarse, de bares, vinos, tapas y pinchos, así como de los trámites burocráticos que debía ejecutar para obtener los documentos inherentes al periplo: visa, pasaporte. En este punto, su talante heterodoxo en materia de procedimientos oficinescos encontró los primeros diques; demorados y repetidos viajes a su natal Altzayanca le develaron la casi incombatible dificultad de obtener una copia certificada de su acta de nacimiento, cuando menos una que guardase concordancia con el nombre que usaba para ejercer como ciudadano. Los amigos que nos acercamos para ofrecerle ayuda en los vaporosos trámites comenzamos a vislumbrar cierto desgano que, conforme pasaban los días, se hizo más visible. A eso hubo que sumar que el viaje a tierras ibéricas despertó en los allegados el recuerdo de otra visita de Alejandro, muchos años antes, al mismo país. En aquella ocasión la preparó muy bien, la anunció con el protocolo debido y, cortésmente, se despidió de todos. Sin embargo, cuando pensábamos que estaba a punto de regresar, descubrimos que no se había ido.
PARA QUE IR TAN LEJOS. A mediados de abril de 2004, en una fiesta que debió haber sido la de su despedida ante el inminente viaje y que se convirtió en mi fiesta de cumpleaños, Alejandro contó, con un estilo tan inigualable como el de sus narraciones escritas, que dos o tres días antes había dejado olvidada su cartera en un taxi que lo transportó del centro de la ciudad de Puebla a su casa, en lo que él llamaba, nunca se supo si democrática o despectivamente, "las goteras de Cholula". Con la cartera, junto con los billetes de curso legal y las fotografías que se cargan como talismanes del corazón, Alejandro había perdido para siempre su credencial de elector. Una traba adicional que colmó el vaso de las contrariedades. Luego de esa confesión, la incipiente primavera nos entregó una certeza: Alejandro Meneses no iría nunca a España.
Pero el proyecto del libro continuó vigente. A pesar del frustrado viaje y de algunos problemas de salud que lo aquejaron en los meses posteriores, para fines del año pasado era también una certeza que Alejandro estaba escribiendo el libro prometido. En febrero de 2005, cuando fue convocado por una naciente editorial a participar en un libro que reuniría cuentos alrededor de El Quijote, en el año de su cuarto centenario, Meneses colaboró con un texto que, de manera evidente, procedía del libro planeado. En De claro en claro se publicó el cuento Cosas veredes; al rematar uno de los diálogos finales entre el protagonista, Quijano, y su taxista madrileño, Sánchez, el narrador desliza la frase que da nombre a este volumen:
"-¿Irás a América? -le preguntó Alonso, una tarde, al final del verano.
Sánchez miró lo que nunca había imaginado.
-No tengo cómo -dijo.
-Yo sí tuve cómo venir a morir a España -dijo Quijano, pensando en Tlaxcala.
Se vieron. Tan lejos, tan cerca."
LA PÁGINA FINAL. Un incidente más dificultó la llegada de los textos a la imprenta. Cuando el autor se apersonó para hacer entrega de un adelanto del material, el disquete en el que lo llevaba no desplegó sus archivos; no abrió, como solemos decir. Era miércoles, día que, según Alejandro, no existía. El jueves supimos que se había reunido con alguien (nunca sabremos quién) a comer. Al parecer el festejo se prolongó y el viernes una de sus ex mujeres lo encontró en cama, indispuesto. Sin decir nada ni a familiares ni amigos, la señora guardó su preocupación hasta el sábado, cuando por fin trató de alertar a la familia. Mientras, sus amigos lo buscábamos infructuosamente por los escondrijos donde su rutina de hombre solitario le tenía siempre dispuestos una mesa y un vaso de vodka. Fue un fin de semana oscuro. Un mal presentimiento nos agobiaba. La mala salud de Alejandro y su renuencia a ir al médico eran los factores que alimentaban la desazón. No respondía a las llamadas telefónicas. El buzón del celular sustituía al saludo cordial de nuestro amigo y convertía el silencio en una especie de mariposa negra adherida al cristal de una ventana.
El martes de la semana siguiente, una llamada confirmó nuestros temores: Alejandro había muerto. No tuvimos el consuelo de saber con certeza cuándo, a qué hora había exhalado el último suspiro, cuáles habían sido sus últimas palabras. Nos enteramos de su muerte apenas una hora antes de la cremación de sus restos.
EL LIBRO POSTUMO. La colaboración de la familia en la búsqueda de los textos fue determinante para la culminación de este proyecto. Integrados y confrontados con el proyecto elaborado por el propio autor, se logró la reunión de la mayor parte de ellos. Sólo dos cuentos mencionados en el índice primitivo no se fusionaron a este corpus: La vida en secreto, del que, hasta ahora, no se tienen mayores noticias, y Hacer las Indias, del que se encontró poco menos de una cuartilla.
Dos textos inéditos reparan la ausencia de esas narraciones. Esos cuentos son Luna árabe y Mientras llueve. El primero no es un cuento: es un espacio simbólico, pletórico de claves personales, guiños y alguna solicitud encriptada como la que encierran las palabras finales: Please don't go. O no tan finales si se infiere, como muchas cosas lo hacen suponer, que todavía se planteaba hacerle adiciones y modificaciones, tal vez, sólo tal vez, de baja intensidad. El segundo es un relato que da testimonio de una larga filiación literaria y vital: Scott Fitzgerald.
El cuidado de la edición, a cargo de Beatriz Meyer, procuró respetar el estilo, sobre todo en los cuentos en los cuales se percibían ciertos desniveles narrativos difíciles de hallar en otros textos. Ello indicaba, junto con otros aspectos del proceso personal de escritura de Alejandro, que esos relatos quedaron, si no inconclusos, sí en obra negra, sin retoques formales, esos giros estilísticos suyos tan leves pero tan reconocibles como el olor de la lluvia. La labor era ardua. Sólo el cariño y la persistencia fueron la guía para encontrar la solución a algunas frases, a ciertos finales que su fervor narrativo ponderaba una y otra vez y que nosotros tuvimos que elegir de acuerdo con el conocimiento del amigo y su obra. Tan lejos, tan cerca, el último libro de Alejandro Meneses, se convirtió así en un símbolo, un monumento a la amistad y a la pasión por la escritura.
Libro de umbrales, Tan lejos, tan cerca es un espejismo, una colección de historias inscritas en los límites de luz y oscuridad en los que el autor se movió toda su vida. Dos relatos, Luna árabe y Los días de baile, parecen indicar los derroteros por los que su búsqueda estética andaba al momento de su muerte. La conciencia del fin, la soledad, los fantasmas, la noche con su carga etílica, la luna que siempre lo acompañó son los elementos con los que Alejandro tejía una cuerda para llegar al interior de las cosas. Su fuerza narrativa, terrible y devastadora por momentos, es el elemento que mueve relatos plenos de simbolismo, pasajes animados por la certeza de que el desconcierto y la incertidumbre son y seguirán siendo nuestras únicas recompensas.
EL VIAJE ÚLTIMO. Alejandro no fue a España a escribir este libro. Los que gozamos largos años de su privanza no nos sorprendimos mucho de ello. Sus viajes eran puro cuento; quizá el último también lo sea y algún día descubramos que no se ha ido, que anda por aquí, tramitando una papelería escabrosa y, Quijano distraído, en busca del taxista Sánchez que se llevó su cartera. Como quiera que sea, el territorio enorme en el que se mueve su literatura no requería de grandes desplazamientos físicos para construir las atmósferas minuciosas y seductoras que atrapan a sus lectores. Aunque era censor de efectismos fáciles, su narrativa no carece de efectos precisos y duraderos. Como duradera deberá ser la vigencia de su obra intrigante y dolorosa, profundamente comprometida con el espacio que más le interesaba explorar: los derroteros insospechados del alma humana.
JUEVES 26 EN PROFÉTICA. Tan cerca, tan lejos de Alejandro Meneses se presenta, finalmente, el próximo jueves 26 de enero en Profética, Casa de Lectura (3 sur 701). Participan con toda seguridad (si no se van a España o pierden su credencial de elector), Beatriz Meyer y Julio Eutiquio Sarabia. La editorial, Educación y Cultura, ha ofrecido que no faltará el vodka oso negro del cual era ombdusman el autor del libro.

Tuesday, January 17, 2006

¡¡¡¡EXTRA, EXTRA!!!! (Marianito voceador, el retorno)

Quiero anunciar una ceremonia que se realizará dentro de una semana, el jueves 26 de enero a las siete de la noche, en Profética (3 Sur esquina 7 poniente), la presentación del libro póstumo "Tan lejos, tan cerca", del excelente autor -profe, gurú, tlatoani- Alejandro Meneses (¡¿cómo te atreviste a irte?!). Lecturas y comentarios a cargo de la escritora Beatriz Meyer, del poeta Julio Eutiquio Sarabia, y de Mariano Morales, vicepresidente editorial del periódico Síntesis.
Es imperativo que la banda menesiana, y no sólo ella, sino todo Puebla,se congregue para este acto, donde se presentará un libro con cuentos inéditos (creo, no me hagan mucho caso) del mejor narrador que ha tenido esta ciudad, este país.
Repito la cita: Profética, jueves 26 de enero de 2006, siete de la noche, Alejandro Meneses, "Tan lejos, tan cerca". Es un homenaje a quien se lo merece tanto, y se hace obligatorio estar presentes.

Thursday, January 12, 2006

Wednesday, January 11, 2006

¿LETRAS O IMÁGENES?

Año nuevo y regresamos a la duda, si se prefiere la novela o la película o serie basada en ella. Ahora es el caso de Los miserables, del escritor francés Victor Hugo. Se han hecho varias películas, una en la década de los setenta, con Anthony Perkins como Javert -que, por cierto, no he visto- y otra en los noventa, con Liam Neeson (Valjean) y Greofrey Rush (Javert) bastante buena.
Acabo de ver una miniserie de seis horas con Gérard Depardieu (Valjean) y John Malkovich Javert), y me parece una excelente adaptación, muy apegada a la novela y con brillantes actuaciones. La recomiendo.
En cuanto al libro de más de mil páginas -edición Porrúa-, me pareció una manera original de escribir. Hay fragmentos donde pareciera que Victor Hugo envió a un grupo de personas por las calles de París para que espiaran cada movimiento de los personajes, y que luego escribieron "el autor de este libro dice..."
Para iniciar el año, recomiendo la miniserie y la novela de Los miserables. Las dos a la altura, excelentes tanto en el papel como en las imágenes.

Tuesday, January 03, 2006

MANUAL DE ZOOLOGÍA FANTÁSTICA.


Revisando entre los libros de mi papá, encontramos este manual, escrito por (¿pueden creerlo?) Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, de los Breviarios del Fondo de Cultura Económica –No. 125–, editado en 1957 y reimpreso en 1966 y1971. El libro habla sobre animales nacidos en las leyendas de diversos países, en la mente de escritores como C. S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia, de Edgar Allan Poe, Franz Kafka. Animales vistos con formas diferentes por personas diferentes, como el basilisco, visto en forma de serpiente y de gallo, el centauro, minotauro, la esfinge.
Reproduzco el prólogo del libro, escrito por los propios autores, en enero de 1954.

“A un chico lo llevan por primera vez al jardín zoológico. Ese chico será cualquiera de nosotros o, inversamente, nosotros hemos sido eses chico y lo hemos olvidado. En ese jardín, en ese terrible jardín, el chico ve animales vivientes que nunca ha visto; ve jaguares, buitres, bisontes y, lo que es más extraño, jirafas. Ve por primera vez la desatinada variedad del reino animal, y ese espectáculo, que podría alarmarlo u horrorizarlo, le gusta. Le gusta tanto que ir al jardín zoológico es una diversión infantil, o puede parecerlo. ¿Cómo explicar este hecho común y a la vez misterioso?
Podemos, desde luego, negarlo. Podemos pretender que los niños bruscamente llevados al jardín zoológico adolecen, veinte años después, de neurosis, y la verdad es que no hay niño que no haya descubierto el jardín zoológico y que no hay persona mayor que no sea, bien examinada, neurótica. Podemos afirmar que el niño es, por definición, un descubridor y que descubrir el camello no es más extraño que descubrir el espejo o el agua o las escaleras. Podemos afirmar que el niño confía en los padres que lo llevan a ese lugar con los animales. Además, el tigre de trapo y el tigre de las figuras de la enciclopedia lo han preparado para ver sin horror al tigre de carne y hueso. Platón (si terciara en esta investigación) nos diría que el niño ya ha visto al tigre, en el mundo anterior de los arquetipos, y que ahora al verlo lo reconoce. Schopenhauer (aún más asombrosamente) diría que el niño mira sin horror a los tigres porque ignora que él es los tigres y los tigres son él o, mejor dicho, que los tigres y él son de una misma escencia, la Voluntad.
Pasemos, ahora, del jardín zoológico de la realidad al jardín zoológico de las mitologías, al jardín cuya fauna no es de leones sino de esfinges y de grifos y de centauros. La población de este jardín debería exceder a la del primero, ya que un monstruo no es otra cosa que una combinación de elementos de seres reales y que las posibilidades del arte combinatorio lindan con lo infinito. En el centauro se conjugan el caballo y el hombre, en el minotauro el toro y el hombre (Dante lo imaginó con rostro humano y cuerpo de toro) y así podríamos producir, nos parece, un número indefinido de monstruos, combinaciones de pez, d epájaro y de reptil, sin otros límites que el hastío o el asco. Ello, sin embargo, no ocurre; nuestros monstruos nacerían muertos, gracias a Dios. Flaubert ha congregado, en las últimas páginas de la Tentación, todos los monstruos medievales y clásicos y ha procurado, sus comentadores nos dicen, fabricar alguno; la cifra total no es considerable y son muy pocos los que pueden obrar sobre la imaginación de la gente. Quien recorra nuestro manual comprobará que la zoología de los sueños es más pobre que la zoología de Dios.
Ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el dragón surge en distintas latitudes y edades. Es, por así decirlo, un monstruo necesario, no un monstruo efímero y casual, como la quimera o el catoblepas.
Por lo demás, no pretendemos que este libro, acaso el primero en su género, abarque el número total de los animales fantásticos. Hemos investigado las literaturas clásicas u orientales, pero nos consta que el tema que abordamos es infinito.
Deliberadamente, excluimos de este manual las leyendas sobre transformaciones del ser humano: el lobisón, el werewolf, etc.
Queremos asimismo agradecer la colaboración de leonor Guerrero de Coppola, de Alberto D’Aversa y de Rafael López Pellegri.

J.L.B.
M.G.

Martínez, 29 de enero de 1954.