Tuesday, July 15, 2008

PREMIO ALEJANDRO MENESES


El pasado 10 de julio, alrededor de las once y media de la mañana, en Profética, se anunció al ganador de la tercera edición del Premio nacional de Cuento Joven "Alejandro Meneses": Yassir Zárate Méndez, originario de Tlaxcala, estado donde también naciera Alejandro Meneses, en cuyo recuerdo se lanza la convocatoria.


A continuación un fragmento de la entrevista que publicó el día de hoy el periódico La jornada de Oriente:

Hola, buenos días, hoy no quiero cereal (¡Pop!)
Zárate define su literatura como pop en el sentido en que entendió ese tipo de arte a mediados del siglo XX. Un arte al mismo tiempo irreverente y juguetón. Que propone una obra estética “ni tan llena de manierismos y exageraciones, pero tampoco tan hierática y seria”.
Hola, buenos días, hoy no quiero cereal (¡Pop!) es el libro con el que ganó el premio “Alejandro Meneses” y cuyos cuentos escribió de 2003 a 2008. De él, su autor destaca el título Nasty sex (Los fantasmas tienen sueño), una historia de “sexo sucio, melancolía y tristeza” escrita en 2003 que habla de una noche del 11 de septiembre de 2010, en un México gobernado por López Obrador.
El nombre del texto está inspirado en la canción del mismo título del grupo de rock mexicano La revolución de Emiliano Zapata, que está incluido en el soundtrack de la película de Alfonso Cuarón Y tu mamá también.


Alejandro Meneses nació en Altzayanca, Tlaxcala, murió sorpresivamente hace tres años y publicó los libros de cuentos Días extraños, Angela y los ciegos, Vidas lejanas y el póstumo Tan lejos, tan cerca, participó en la antología De párvulas bocas, además de publicar las recopilaciones Casa vacía y Noche adentro. También impartió talleres de cuento en la SOGEM.

Wednesday, June 25, 2008

REENCUENTROS


Permítaseme dejar de lado, por unos momentos, reseñas de libros y recomendaciones, para recordar la marea de brazos, las manos rematadas por celulares en modo de grabar, de tomar instantáneas, los gritos coreando el nombre de quien, solo en el escenario, un micrófono como trampolín para sus palabras, agradeció la asistencia de casi diez mil personas, recordó cómo la vida es un hilillo entre las hojas de unas tijeras.
El fin de semana pasado el Auditorio Nacional cobijó seis voces salidas de los discos de 33 1/3 revoluciones por minuto, bailes y notas que llevaron al público hasta épocas alojadas en el fondo de la memoria. El Reencuentro actuó en cartelera doble. Afuera, la lluvia, las cámaras atrapando los gritos de “¡Menudo, Menudo!”, las portadas de discos en alto, seis rostros infantiles –adultos en el escenario.
Por espacio de casi cuatro horas, repartidas en dos sesiones, la música de los ochentas llenó un espacio del nuevo siglo. Veintiocho canciones coreadas a rabiar, ovaciones y gritos de pie, intentos de seguir el próximo paso en la coreografía, de alcanzar la camioneta antes de que se sumerja en el estacionamiento, temas como Quiero ser, Claridad, No te reprimas, Cuándo pasará, músicos ejecutando con maestría los nuevos arreglos. Menudo volvió a transpirar magia sobre el escenario. Otro nombre, la misma esencia: El Reencuentro. ¿El concierto de despedida? ¿Para siempre? Espero que no.
También fue el reencuentro con amistades añejas. Las preguntas acerca de las clases se fueron con el tiempo; ahora son los hijos, el trabajo, tal vez una mayor disposición para estar fuera del vestíbulo, esperando hasta las diez de la noche, sin la presión por la tarea, qué va a decir mi mamá, me van a castigar, no tendré un nuevo permiso.
Las amigas. Estuve una vez más con chicas que conocí en convivencias, por correspondencia. En ese instante los años fueron cero. De nuevo la mirada atenta al movimiento de la camioneta, las pláticas con los encargados de transportar al Reencuentro, los pasos que intentan ser seguros ante el personal del hotel. La diferencia, la madurez; los gritos fuera del hotel se quedaron en el tiempo del Azteca, la Plaza de Toros, el Estadio Universitario de Nuevo León.
Disfruté los conciertos como si fueran los primeros, bailé, canté, sudé, disparé flashazos a diestra y siniestra, a discreción, admiré a los seis niños antiguos, ahora hombres atractivos, sin duda alguna, de traje negro y gafas oscuras, de mezclilla, tal vez unos kilos de más, una disculpa por el estado de salud… No importa, son los amigos que recorren nuestro camino, que hacen uso de la voz para desenterrar épocas mejores, o peores, por qué no, pero de las que definitivamente son pieza fundamental.

MÁS DE LIBROS Y AUDITORIO

Otra nota tomada de la Jornada, libros, excelentes precios y ¡¡hasta autografos!!
Leñero y Monsiváis, en la avalancha de lectores
Mónica Mateos-Vega
Junto a los jóvenes que hacen fila para pagar las gangas adquiridas en la segunda venta de bodega de libros de remate, esperan su turno escritores como Vicente Leñero y Carlos Monsiváis. El público los reconoce, se les acerca para felicitarlos, acaso para pedirles un autógrafo, apenas unos momentos para seguir husmeando entre las mesas de libros y ganarle a alguien más, no una rebaja, sino un tesoro, una querencia o un capricho. Todos van para evitar que un libro sea destruido.
Fantástico, salvar libros
En opinión de Monsiváis –quien va “armado” con una amplia mochila para guardar sus compras– “salvar libros es fantástico, y no es superlativo el término porque reúne al mismo tiempo la necesidad de no continuar estrangulando las bodegas y la posibilidad de que los lectores adquieran libros a bajo precio. Si bien la calidad varía, hay un porcentaje alto de libros interesantes.
“También me entusiasma que se demuestra que no todo ha quedado abolido por el imperio de la televisión, y que si hay oportunidades, brotan lectores. No digo que los lectores necesiten de la oportunidad para existir, pero cuando se dan acontecimientos como éste, los lectores llegan por un impulso necesario y magnífico, se evita la desaparición de libros que esta vez van a llegar a las personas indicadas. Los libros buscan a los lectores”.

LOS LIBROS Y EL AUDITORIO NACIONAL

¡¡Bien!! Me gustó enterarme de la respuesta de la gente.
Tomado del periódico La Jornada en su edición del día de hoy, sección cultural:
"Cientos de personas acudieron ayer al llamado para “salvar” libros que el Gobierno del Distrito Federal (GDF) realiza por segundo año consecutivo, al organizar una venta de bodega de ejemplares de remate con la participación de las principales editoriales de la ciudad, las cuales ofrecen saldos a los lectores.
El argumento fue más que convincente: “la industria editorial tiene sus bodegas llenas de libros que han pasado por ventas y rebajas. No tiene cómo deshacerse de ellos, ya que se le prohíbe donarlos o regalarlos, a menos que paguen impuestos.
“Además del costo por almacenamiento, tienen que pagarlos como activos fiscales. Por tal motivo algunas editoriales se ven en la necesidad de triturarlos (otras no). Compra un libro para que siga existiendo, en lugar de que se tenga que destruir.”
La noticia corrió de voz en voz o por correo electrónico, sobre todo entre jóvenes universitarios que abarrotaron desde las 11 de la mañana el vestíbulo del Auditorio Nacional, donde se instalaron los anaqueles de las editoriales, muchas de ellas con libros “nuevecitos”, todavía con la envoltura de papel celofán.
De Tolstoi a Saramago
Con precios que iban desde los siete pesos, pronto se hicieron largas filas frente a las cajas para pagar, mientras algunas personas, celular en mano, hablaban a sus amigos para invitarlos a la ganga: “¿libros de Saramago? Sí, están todos los títulos, a 90 pesos, ¿cuál te llevo?”
Ediciones Era, Cal y Arena, Alfaguara, Océano, Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Porrúa y Larousse son algunos de los sellos que vaciaron sus bodegas. Desde novelas clásicas como La guerra y la paz de Tolstoi (en buenas ediciones, algunas en menos de 40 pesos) hasta libros de gran formato de fotografías de músicos de jazz (a 100 pesos), cuentos para niños de pasta dura (a 30 pesos), libros de texto, medicina, computación, arquitectura, historia, antropología, diccionarios, sin faltar los recetarios de cocina y los libros de autoayuda.
“Nada más de pensar que los que no se vendan se van a destruir, me dan ganas de comprar todos”, dice una señora que revisa el módulo de Ediciones El Equilibrista, mientras de reojo ve las colecciones de poesía y pide ayuda a una amiga para ir a “apartar” los que ya le gustaron.
Nadie sale de la venta con sólo un libro, inclusive los que nada más “entran a ver”, a los pocos minutos abren el monedero para llevarse un título que les pareció “barato y buenísimo”, porque “este libro allá afuera, en las librerías, es decir, en la vida real, esta re caro”, afirman.
Buscar un segundo mercado
La entrada al vestíbulo de la sala de conciertos es libre y, a diferencia de las ferias del libro formales, la vigilancia es laxa. Ningún librero cuida con demasiado celo su mercancía y eso lo agradece el público, que espera con gusto pagar, a veces en mesas que no tienen un encargado a la vista. En el fondo todos saben que aunque uno que otro volumen se vaya “gratis” a casa de alguien, es un mejor destino que triturarlo.
No sólo los lectores de hueso colorado llegaron al remate, también acudieron los comerciantes informales de libros, como Pedro, quien vende en un tianguis y adquirió ayer, al menos, 30 títulos de Tusquets, “una buena editorial”, asegura.
Compró varias novelas a 50 pesos, las cuales ofrecerá en su puesto “por lo menos, al doble, y aun así será barato”. El comerciante considera una lástima que se destruyan los libros que las grandes librerías no venden, “sin buscar la alternativa de un segundo mercado o una mejor promoción, pues si este tipo de ventas se anunciara de mejor manera, este espacio resultaría insuficiente.
“Los libros que me llevo no los compra la gente a su precio normal porque son muy caros. Y sí hay mercado, lo que no hay es dinero. Por ejemplo, un hit editorial te cuesta 200 pesos o más, con descuento, unos 170 pesos, pero de ahí hacia arriba. En Sanborns hay bestsellers en 350 pesos, es una barbaridad pagar tanto dinero por un libro: ése es problema de los libros, el precio, no que no queramos leer. Por eso existe la piratería”, concluye Pedro.
A la una de la tarde los anaqueles de Editorial Diana estaban semivacíos, pero los vendedores aseguraron que mañana llevarán más títulos; calculan que venderán unos 15 mil ejemplares, mientras que en Alfaguara informaron que ofrecerán 8 mil de aquí al domingo, cuando concluya el remate. La venta se realiza de 11 a 19 horas".

Thursday, June 19, 2008

SALVA UN LIBRO

Algo que llegó a mi correo:

2º GRAN REMATE DE LIBROS. ¡SALVA UN LIBRO!
En el Auditorio Nacional, Del martes 24 al domingo 29 de junio de 2008
de 11:00 a 19:00 horas
ENTRADA LIBRE
La Secretaría de Cultura y el Auditorio Nacional organizan a través de la Coordinación del Programa de Fomento a la Lectura 'Para leer en Libertad' la 2a Venta de bodega de libros de remate. Compra un libro para que sigan existiendo, en lugar de que se tenga que destruir. La Industria Editorial tiene sus bodegas llenas de libros que han pasado por venta, rebajas y saldos. No tiene cómo deshacerse de ellos ya que se le prohíbe donarlos o regalarlos a menos que paguen impuestos por los mismos.
Además de costarles el almacenamiento tienen que pagar como activos fiscales. Por tal motivo algunas editoriales se ven en la necesidad de triturarlos (otras no).
La Secretaría de Cultura del GDF, para evitar esta práctica tan terrible, decidió hacer una gran venta de bodega de donde pongan los libros a precio de remate.

Friday, June 06, 2008

ACERCA DE CRITICA

Algo que llegó a mi correo:

Triple mordaza
Por Enrique Serna
El cierre de espacios donde se ejerce la crítica es una pérdida para la calidad del debate público, de la deliberación democrática y también de la cultura y la literatura.
En el medio periodístico y en el mundo cultural de México, escapar de la mediocridad es un acto subversivo que se paga tarde o temprano con la exclusión o la mordaza. En países donde el talento no es un estigma, un periodista radiofónico que alcanza los más altos niveles de audiencia recibe aplausos y estímulos por parte de la empresa donde trabaja. En México esos logros ameritan un castigo ejemplar, como lo vimos a principios de año, cuando Televisa Radio y el. Grupo Prisa decidieron enviar a la congeladora a Carmen Aristegui, por el delito de haber conducido el noticiero radiofónico más influyente y escuchado del país. Se supone que el espíritu crítico, la honestidad y la independencia son las virtudes más estimadas en un periodista. Carmen Aristegui las tiene de sobra, pero la mafia política y empresarial que la sacó del aire necesitaba justamente lo contrario: gente servil a quien pudiera imponer líneas.
Lo suplementos culturales nunca podrán tener en México el impacto de un noticiero y, por lo tanto, los atentados contra la pluralidad en ese terreno levantan menos ámpula en la opinión pública, a pesar de tener consecuencias igualmente graves. Desde su fundación, el Confabulario de El Universal fue un suplemento polémico y agitador, que trató de remover las aguas estancadas de la república literaria. La apertura editorial de su director Héctor de Mauleón atrajo a las páginas del suplemento a muchas plumas importantes, pero sobre todo despertó el interés del público lector, que lo devoraba semana a semana. Quizá el Confabulario no tuviera el impacto comercial de secciones como el "Aviso oportuno': pero cuando los dueños del periódico decidieron incursionar en el terreno de la cultura ya conocían su baja rentabilidad. Sea cual sea el motivo que tuvieron para cerrar el suplemento, su decisión es un acto de barbarie que restringe la libertad de expresión en un campo donde la censura y la auto censura suelen acallar a las voces críticas. Por la red de intereses creados en el mundillo del arte y las letras, en México los críticos de todas las disciplinas tienen obstáculos muy serios para decir lo que piensan. Héctor de Mauleón concedió plena libertad a sus colaboradores y señaló con mordacidad los vicios de una burocracia cultural inepta y engreída, en vez de aprovechar su tribuna para hacer relaciones públicas. ¿Se le castiga por haber seguido una línea editorial combativa? Como en el caso de Carmen Aristegui, una injusticia profesional tan flagrante deja entrever la mano negra de un censor taimado.
Por si no bastara con el artero golpe al Confabulario, el odio a la inteligencia amenaza también con suprimir una de nuestras mejores publicaciones universitarias: la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla, dirigida por Armando Pinto. A pesar de su bajo presupuesto, el rigor intelectual y la altura literaria de Crítica le han valido desde hace muchos años el aprecio de un selecto pero importante grupo de lectores dentro y fuera de México. Es insólito que una revista universitaria de provincia promueva con eficacia la lectura de los clásicos, tienda puentes con literaturas extranjeras y tenga en su plantilla de colaboradores a grandes figuras de las letras latinoamericanas. Como todo milagro suscita envidias, sus autores han sido víctimas de una campaña mediática en Puebla, orquestada por un poetastro resentido que recibió dos críticas adversas en la revista, y en venganza por ese atentado contra su ego se ha erigido en representante de la comunidad universitaria poblana para exigir el cese de Pinto, con el noble propósito de sustituido en su puesto. Se trata, sin duda, de una pataleta ridícula, pero el director de la revista ya ve acercarse la guillotina y ha enviado a sus colaboradores un S.O.S. donde expresa el temor de que ese energúmeno pueda convencer al rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Espero que los defensores de Crítica logremos impedir que se consume este cuartelazo, pero cualquier cosa puede pasar en un estado donde gobierna Mario Marín. Si la mediocridad continúa ganando espacios en México, llegará el momento en que nadie tenga foro alguno para denunciarla. (revista nexos, junio de 2008)

Saturday, May 10, 2008

HADAS SIN ALAS

Había una vez, en un reino muy, muy lejano, una bruja que hechizó una pluma. La bruja quería conocer los cuentos de la princesa al momento de ser escritos. Quería cantarlos antes que los pliegos llegaran a manos del bufón de la corte. Y entonces hizo aparecer la pluma en el castillo, cerca de la fuente del jardín principal, en la banca donde la princesa pensaba que los bucles de su próximo príncipe debían ser de nuevo rubios.
La princesa tocó la pluma. Era muy larga y negra, parecía venir de las alas de un cuervo tan alto como los arbustos del jardín. O más. El hada madrina de la princesa presintió tinta de sangre, herederas al trono reposando en féretros de cristal o entre doseles tornasolados en un sueño de todo el reino. Sacudió la cabeza, olvidó la tragedia de castillos vecinos, y tocó la pluma con su varita. La bruja no tendría ni los cuentos ni la sangre de la princesa.
Y entonces los cuentos de la princesa fueron otros. Le quitó las alas a las hadas, no volvió a imaginar bucles en la cabeza de sus príncipes –ni dorados ni de otro color–, llevó a sus heroínas a buscar lo que seguía a la frase “y vivieron felices por siempre”.
Los nuevos cuentos de esta princesa podrían dar como resultado el más reciente libro de Eve Gil, La reina baila hasta morir, editado por Ediciones Fósforo, donde la Cenicienta deja a su príncipe azul en el castillo, sale para tener sexo con desconocidos, y Blanca Nieves abre con un autógrafo de Reina Cardoso la posibilidad de trabajar en su periódico, de tener una relación diferente a la de directora–jefa de información.
Eve Gil lleva historias infantiles como Alicia en el País de las Maravillas, La Cenicienta o Blancanieves por el camino del erotismo y el humor, hace que sus personajes nos transmitan el afecto por la abuela a través de algo diferente a una canasta y un paseo en medio del bosque.
Son siete narraciones en las que voces en primera persona y omniscientes, a veces trenzadas con la de los personajes, nos llevan más allá del final feliz de los cuentos de hadas.
Con epígrafe de Anne Sexton, escritora estadounidense que se suicidó en 1974, el lector adivina la temática del libro. Es un poema donde Blancanieves, con ojos azules de muñeca, recurre a su espejo “como suelen hacerlo las mujeres”. En estas líneas se saca de contexto al personaje de cuento de hadas por excelencia.
Eve Gil repite este ejercicio desde el primer cuento, “Alicia o el diablo”, donde Alice o Lieselotte, la “tonta niña rubia, que quién sabe a quién habría salido en una familia de trigueños”, aparece después de años de haber sido secuestrada. De la niña con el cabello estirado hasta el dolor, la de bucles dorados, sólo queda el cubo de Rubik y una manía infantil de chuparse un mechón. Con humor hasta la última línea, asistimos a una historia en tercera persona, donde el narrador irrumpe constantemente, como un personaje más, aludiendo a la vergüenza de encontrar a una hija en condiciones desastrosas, muy lejanas a la heroína, a la princesa del cuento de hadas –“Cuando la pequeña Lieselotte reapareció ya no era pequeña. Era, de hecho, una mujer de inmensas ubres”–: “¡En el infierno se pudra el que inventó las pruebas de ADN!”
En “Cenicienta Hardcore”, el hada madrina se llama cirugía estética y tintes rubios, Cenicienta cambia su nombre por el de Lorna Villagrán, y la ocupación de los personajes femeninos de cuento de hadas –princesa–, cambia a su sinónimo de la actualidad: actriz de telenovelas. Aquí, la magia conecta miles de computadoras alrededor del mundo, de la ciudad, y le da a Cenicienta no un carruaje, tampoco zapatillas de cristal o un corcel y cochero. A través del internet consigue sexo con desconocidos. Asistimos a un encuentro que comienza desde el elevador, en primera persona. Y es, al final, en el elevador, donde la protagonista–narradora encuentra su zapatilla de cristal: un botón del uniforme del elevadorista, el empleado de Cordero –DosAmigos–, quien la dejó al final de la ruta del elevador “mareada y mojada como si sus palabras hubieran tocado su punto G”.
“Ataraxia” es una parodia del cuento de los hermanos Grimm, que aparecio en 1822 en sus Cuentos para la infancia y el hogar, y muestra una Reina que muere de envidia por la juventud de Nieves, su veinticuatroañera y reciente jefa de información, cuyos ojos siguen “ávidamente la trayectoria de los dedos de la jefa” mientras se abotona la blusa luego de un bochorno que venía “reptando desde la tersura de sus talones”.
Reina Cardoso no tiene complejos al enviar a su flamante reportera a morir en la guerra de Irak, de la que regresa como heroína. Y además candidata a un reconocimiento, para aumentar el odio de Reina. Provoca un accidente del que la jefa de información sale apenas viva. En estado de coma. Al final, la muerte de la directora del periódico El metropolitano, Nieves cabalga con el príncipe azul de consolación y deja una última frase en el aire de la cabaña. Dedicada a Reina: “Pudimos... haber... sido... tan... felices... Te... amaba, Reina...”
La escena final de “Ataraxia” retoma el título del libro, una línea de la epígrafe de Anne Sexton –“y bailó hasta morir”–. Reina Cardoso tropieza y cae sobre la fogata, arde su vestido “del material de sus flamantes senos”, se revuelca sobre la tierra para “aplacar a la bestia que la devoraba”.
Los cuentos “Las abuelas”, “Cerridwen y las sirenas”, “Claveles salvajes” y “La culpa es de los bolcheviques” completan la publicación. Con La reina baila hasta morir, de Ediciones Fósforo, Eve Gil nos acerca a historias anidadas en la infancia, al tiempo de llevar a éstos muy lejos de los brazos de sus príncipes azules, de la posibilidad de morir con manzanas envenenadas, de las hadas que aparecen vestidos con el toque de una varita, de los bailes que terminan a las doce de la noche.
Y la princesa, dicen, vivió feliz y escribiendo, siempre, con la pluma del cuervo.

Tuesday, May 06, 2008

MÁS ACERCA DE CRÍTICA

Tomado del periódico e-consulta:
CARTA ABIERTA
Opinión al conflicto entre Grupúsculos
Por medio de la presente y mediante el título de “trabajadores autónomos de la palabra” el medio de escritores jóvenes y no jóvenes que no pertenecemos al oscuro conflicto entre grupúsculos (porque seamos sinceros, este es un conflicto entre el grupo de Alí Calderón y el grupo, no de Crítica, sino de la que es considerada “la generación poética más sólida de Puebla”, me refiero a la generación del 50) intentamos verter nuestro sentir por medio de esta carta, pues entendemos que, sino es por este medio, nuestras voces literarias (lánguidas si se quiere, pero al fin voces.) parecieran no existir.
En el reclamo (injustificado) del señor Alí Calderón conviven a nuestro parecer dos ingredientes a subrayar, el primero tiene que ver con desestabilizar a la revista de la universidad (Crítica), y el segundo, una vez desestabilizada ésta, ascender (el grupúsculo del señor Alí ) a la dirección de la misma; lo cual, significaría no sólo un retrazo de la revista en sí, sino (y atendiendo, a la poética que pregonan los integrantes de este grupo) un atraso en la literatura misma de la Ciudad de Puebla.
No hace mucho, uno de los integrantes del grupo de Alí Calderón, andaba pregonando que si se quería ser poeta, los aspirantes a tal oficio, deberían unirse al grupo de Alí Calderón, porque de otra manera, sería prácticamente imposible.
Lo que ignora este grupo (concienzudamente), es que existe gente que cree en la literatura libre. Existe gente que no se abalanza sobre el dinero y los títulos que otorga el estado, incluso, combatimos dichas fuentes que no son más que partes constituyentes de la dinámica a la que Vargas Llosa entendía como la “Dictadura Perfecta” (refiriéndose Llosa al sistema político-cultural de nuestro país).
Al parecer los sueños de poder de Alí Calderón no son suficientes con haber ya tomado injerencia dentro del Colegio de Lingüística y Literatura de nuestra universidad, pues forma parte ya de la plantilla docente (lo cual encontramos rozando ya en lo grotesco, pues, a nuestro parecer, no tiene la preparación, ni la elucidación, que sólo los años brindan, habría que preguntarle a nuestro Rector si ¿esto es la excelencia académica?) así como también la organización de los congresos de literatura, ahora este señor quiere tomar la revista para entonces sí hacer su elite literario; debemos estar pendientes al trazo que se está evidenciando con esta exigencia, pues da lugar a preguntarnos, que si hoy el grupo de Calderón reclama la revista Crítica ¿qué reclamará el día de mañana? ¿Acaso el fomento editorial de nuestra universidad?
Más el señor Alí, no debe olvidar que abundan los grupos literarios, cuya única aspiración es encontrar solidez en su voz, a la vez, de liberar la literatura de esos tumores malignos que acaparan el trabajo de la palabra.
Al parecer la afectación de haber nacido en cuna de oro o cuna de libros, le es suficiente al señor Alí Calderón, para no pasearse por las calles de la Angelópolis y observar que hay gente comprometida con la literatura. No está de más mencionar algunos grupos como el caso de Oclesis, Fuerza del pueblo, Suicidio colectivo, Circulo de Lovecraft, Guillermo Carrera, Gabriela Puente, los compañeros del Colegio de Lingüística que no pertenecen a ningún grupo etc. Hablar de la poética del Grupo de Alí Calderón, sería una perdida de tiempo (que quede subrayado que dicha poética está lejos de representa un avance de la literatura en Puebla, y sí, implica un retroceso a la ortodoxa silueta del cisne) En cuanto a esta desfachatez de jactarse del currículum, habría que decirle al señor Alí que no está libre de especulaciones, tanto de su persona como de su grupo, que hacen suponer toda una corruptela del sistema de premiaciones (claro, hablamos de los jurados) baste recordar su declaración cuando presento su primer texto, la cual se llevo a cabo en profética: “ Yo no sé porque han premiado este texto, pues fue el resultado de una tarde en la que estaba que me llevaba, porque una chica me había dicho que no” y en efecto, señor Alí, el poemario es eso, no vale la pena, es como leer los versos de un Vicente Quirarte adolescente, pero en fin, mejor leamos directamente a Quirarte.
En cuanto a Crítica, debemos señalar, que si la revista no publica textos de unas cuantas personas, es debido a dos cosas, primero, porque los textos no publicados no corresponden al perfil de la misma, y segundo, porque los textos no cuentan con la calidad suficiente (debo decir que a más de uno de nosotros, la revista Crítica nos ha rechazado textos, sin dejar de hacernos ver nuestra deficiencias explícitamente literarias, y no como argumenta el señor Alí Calderón, esto es que tenga que ver con luchas generacionales; por cierto en esa revista se rebasa dicho conflicto generacional, pues hay gente publicada perteneciente, a los ochentas, setentas, sesentas y cincuentas) y que por ello mismo la revista Critica goza de un relevante prestigio a nivel nacional, del cual, nuestro Rector debe sentirse orgulloso.
Queremos (más allá de denunciar que esta pelea entre grupúsculos, invalidan la opinión de otras letras) hacer notar que más vale que se resuelva pronto dicho problema, porque de lo contrario la revista Crítica ( que es de los universitarios y no de Alí Calderón) estará en riesgo no sólo de desestabilizarse, sino (y lo peor) de sucumbir.
El señor Alí Calderón debe entender, que la cosas se ganan con el trabajo y no a través de la guerra sucia.
No está de más recordarle al “poeta” Alí, que goza con el título de poblano distinguido, y que por tanto, es (o debiera ser) ejemplo a seguir, y no languidecer con errores de la burocracia corriente, esto es, que mediante dicho título, exhiba su abuso de poder.
ATTE.“Trabajadores Autónomos de la Palabra”
Puebla, pue. 29 abril 2008

OPINIÓN DE ALEJANDRO BADILLO Y JUDITH CASTAÑEDA SOBRE CRÍTICA

Subo la nota que salió hoy en E-consulta sobre la opinión mía y de Alejandro por los ataques de Alí Calderón a la revista literaria Crítica.
ARGUMENTAR SOBRE CRÍTICA
En relación con la polémica en torno a la revista Crítica, queremos señalar lo siguiente:
Como colaboradores de la revista, lamentamos verla sujeta a una serie de ataques que parecen motivados más por una rencilla personal que por el deseo de hacer una crítica constructiva para mejorar los contenidos y criterios de la revista.
El supuesto descontento de la comunidad artística poblana, que refiere Alí Calderón, dista mucho de ser una realidad generalizada. En nuestro caso, como jóvenes escritores, siempre hemos encontrado en Crítica un espacio cuyo criterio privilegia la calidad por encima de nombres o reputaciones; cualidad, por cierto, que nos permitió colaborar desde hace algunos años.
Una revista literaria, como todo proyecto artístico, se fundamenta en criterios subjetivos que, en el caso de Crítica, garantizan su calidad. Democratizar la participación en una publicación de este prestigio, no es sinónimo de mejoría. Ser joven escritor universitario o pertenecer a alguna minoría, no deberían considerarse como requisitos únicos de colaboración.
Sin duda la línea editorial de la revista depende del criterio del director y subdirector. Como en cualquier escenario en donde se debe hacer una selección con base en juicios subjetivos, la existencia de un ambiente de continua discusión no sólo es obvia sino deseable.
Si el propósito es que se conozca la obra de “jóvenes escritores universitarios” omitidos en Crítica, sería benéfico que Alí Calderón difundiera el trabajo de éstos. De esta forma el público podría valorar la calidad de las obras y decidir si es o no imperativo modificar la dirección de la revista.
Toda universidad tiene un compromiso fundamental con la sociedad; debe promoverse una sana interacción entre la institución educativa y la comunidad a la que pertenece. No es sensato, por tanto, incitar modificaciones que convertirían a un proyecto universitario de repercusión nacional e internacional, como Crítica, en una revista limitada a la participación estudiantil y académica.
Con respecto a la carta de Alí Calderón surgen varias acusaciones cuya gravedad exige mayor sustento. ¿Por qué Crítica es anacrónica? ¿Por qué son “light” sus contenidos? ¿Cuáles son las fuentes consultadas para afirmar que la revista no es leída y su distribución es nula? ¿Quiénes, en la universidad, forman parte de la “mejor generación de escritores de su historia”? ¿Por qué es incapaz de competir con otras publicaciones de México y el resto del mundo? Crítica ha caído en el “olvido y en el desprecio” ¿De quién?
La riqueza de una publicación que admite colaboraciones es que en verdad se nutre del trabajo de todos quienes hemos publicado en ella. De tal suerte, calificar a Crítica de anacrónica, incapaz de competir, “light”, etc. equivale a condenar al “olvido y al desprecio” a cada uno de sus colaboradores. Nosotros no somos parte de ningún “grupúsculo” que se confabula para adueñarse de la revista. Los que nos conocen saben que no acostumbramos tomar partido en polémicas, sin embargo, la carencia de fundamentos claros y la generalización en los comentarios, nos orillan a hacerlo. Con lo anterior esperamos haber contribuido al menos con la exigencia de que se empleen argumentos concretos que expliquen, en principio, la absoluta necesidad de un cambio de dirección y contenidos en Crítica.
Judith Castañeda Suarí
Alejandro Badillo Cervantes

Wednesday, April 30, 2008

¿CRITICA?

Es lamentable que una publicación de la envergadura de Crítica, única revista cultural consolidada en el extranjero y en el país –como lo señala el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en su más reciente catálogo–, se vea envuelta en una serie de señalamientos más propia de programas televisivos de dudosa calidad, por ejemplo los denominados talk shows. Tan lamentable como que un poeta muestre opiniones y acusaciones sin calado en lugar de argumentos firmes.

Se dice que un cambio de dirección en Crítica sería “la mejor opción para solucionar el problema”, es decir, el que no se “difunda los materiales que producen los universitarios” pues los “niega” y “suprime al cerrar sus vehículos naturales de difusión”.

En la carta pública dirigida al rector de la Universidad Autónoma de Puebla, el poeta sugiere la necesidad de convertir a Crítica en una revista donde exclusivamente se publiquen textos escritos por la comunidad universitaria. Esta acción la regresaría al punto de partida de hace quince años, cuando se empezó a fomentar la excelencia educativa. Bajo la rectoría de José Doger Corte, en 1993, la publicación pasó de ser “La revista de la Universidad Autónoma de Puebla” a “la revista cultural de la Universidad Autónoma de Puebla”. A una nueva época; así lo señalaba su portada. De operarse este retroceso, Crítica perdería la presencia con la que cuenta a nivel internacional, y muy probablemente el interés se limitaría al del lector que se encuentra en el campus. Y no se trata de despreciar la calidad que puede tener una gaceta interna; sólo se señala un retroceso de quince años, en lugar del avance que pretenden plantear con el cambio de dirección y de línea editorial.

Se habla de “arrogancia insostenible”, de que la publicación está secuestrada por “un grupúsculo de escritores ajenos a la universidad” y “desprecio”. Es más arrogante pedir cabezas en un tono imperativo y asegurar con ello la “solución del problema”.

Tampoco es lógico asegurar que los cambios en la dirección de una revista deben ser constantes, o que deben durar cuatro, cinco o seis años para luego dar paso a la siguiente administración. Se trata de arte, no de la cámara de diputados o de senadores.

La literatura es amplia, acoge a quienes la ejercen con sinceridad sean o no universitarios, así escriban desde el conocimiento, desde la bohemia o el instinto. Las instituciones que lanzan las convocatorias para becas y concursos lo saben; por ello en las bases, invariablemente, figuran requisitos como presentar libros o cuartillas en los anexos: “De un mínimo de veinte cuartillas a un máximo de tres libros (publicados o no)” –esta construcción es una puerta abierta para que los jóvenes escritores demuestren su calidad, para que les sea posible solicitar las becas. Para ganarlas.

Asimismo, en el espectro de publicaciones literarias caben diferentes líneas, diferentes estilos. En vez de descalificar tanto a la revista como a las personas que la dirigen, sería mucho más sano, y por tanto beneficiaría a la literatura creada en Puebla, que el autor de la denuncia sumara esfuerzos. En otras palabras, que fundara o dirigiera una revista con las características que de Crítica exige.
Judith Castañeda Suarí.

Monday, April 28, 2008

MÁS SOBRE CRITICA

Este es un texto publicado el día de hoy por La jornada de oriente:
Sobre Crítica.
Ivan Ruiz
Estoy fuera de Mexico, para ser mas preciso, en Palermo, en una estancia de investigacion con un semiotista italiano que pronto tendra a su cargo un curso de especializacion en semiótica en Puebla, el cual ha sido organizado por el grupo de trabajo al cual pertenezco, en la BUAP. Aquí, tanto por consultas a periódicos digitales como por correos electronicos de amigos, me he enterado de una lamentable situación con respecto a la revista Crítica, pues el juicio peyorativo que sobre ella se ha vertido contiene una serie de imprecisiones y una de ellas me toca directamente, motivo por el cual me interesa exponer lo siguiente. Mi nombre ha sido utilizado en dos ocasiones por Alí Calderon (primero, en una carta al rector y despues en una entrevista a un periódico local) para ejemplificar la ausencia de profesores e investigadores universitarios "de casa" que publican en Crítica y que además cuentan con la distinción de un premio literario nacional, como es mi caso. Al respecto, tres aclaraciones: la primera, yo sí he publicado en Crítica (ver numero 86) y fue expresamente a partir de una invitación de Julio Eutiquio Sarabia, cuando aún era estudiante de la licenciatura en letras; en este sentido, creo que para mí las puertas de la revista no están cerradas, sin importar que haya o no ganado un premio como el Alfonso Reyes. La segunda, que se deriva de la anterior, es que para mi un premio, cualquiera que este sea, no garantiza una superioridad frente a otro grupo de colegas o amigos, pues si bien revela momentaneamente las virtudes –bien logradas, por supuesto– finalmente termina también por revelar las debilidades. Y, como tercer punto, me parece reprobable utilizar los nombres de conocidos o de colegas sin saber a fondo su situación tanto de escritura como de vida –que es un mismo drama a final de cuentas–. Por lo menos en mi caso, puedo afirmar que he luchado incansablemente con la escritura –especialmente, con un genero literario al que aspiro llegar– y que si no publico con la regularidad que deseo en revistas literarias –por ejemplo, en Crítica, que para mí, como lector pero tambien como profesor universitario de la BUAP, es una publicación de primer nivel– es por una carencia mía y no por una serie de obstaculos por parte de quienes dirigen la revista. No está de más decir que distingo perfectamente entre una revista academica (donde sí publico frecuentemente bajo los procesos estrictos de arbitraje) y una revista literaria como Crítica que se caracteriza por un rigor intelectual mas allá del grado académico de sus responsables y colaboradores. En todo caso, lo que parece urgente es discutir, de una manera eficaz, los modelos de planeación de las revistas literarias universitarias y no caer mas en descalificaciones arbitrarias y en datos imprecisos.

ACERCA DE CRITICA...

Este es parte del historial de textos en que, desafortunadamente, como si se tratara de algún chisme farandulero, se halla envuelta la revista de la Universidad Autónoma de Puebla Crítica -la única de este estado con presencia nacional e internacional, sobra decirlo:
Carta para el poeta Alí Calderón.
Querido Alí:
No sabes el gusto que me ha dado ver que has publicado un largo artículo sobre Crítica en El columnista. Pocas veces tengo la oportunidad de ver que alguien con un futuro tan promisorio como el tuyo (¿cuántos premios ya llevas?) ocupe una buena parte de su tiempo y su inteligencia para señalar los aciertos (creo que tú no encuentras ninguno) y los fallos de la Revista Cultural de la Universidad, aunque sea en una carta pública. Creo, sin embargo, que por las prisas caes en algunas confusiones que para beneficio de los posibles lectores de tu ensayo es preciso aclarar (y no para beneficio de nuestro rector pues él sabe, por supuesto, mucho más que tú, de lo que ocurre en la UAP y en concreto en Crítica). Pero antes de proceder quiero asegurarte que de ningún modo creo que tu artículo hay sido motivado por las reseñas que tu creíste negativas de tu libro (La luz va dando nombre) y que aparecieron en el número 125 de Crítica. 1. Dices que Julio Eutiquio y yo hemos obstaculizado “la misión y el desarrollo de la publicación cultural de la universidad”. Y aclaras que su dirección (la de Crítica) no “suele considerar la obra artística y de reflexión de los universitarios docentes y alumnos”. Claro, me imagino, que no sales en defensa de tu propia obra poética sino la de otros universitarios, pues resulta que en el número 126 (que está en circulación en 97 ciudades del país), sale tu poema: “Nunca pensé cuando te vi con collarín...” Pero no das ningún nombre de esos universitarios, docentes y alumnos, así que, por favor, si eres tan amable me gustaría que me los proporcionaras, pues ya sabes lo distraído que soy y capaz que he pasado junto a ellos sin ver que me tendían la mano con sus manuscritos. Reconozco que soy soberbio y, en ocasiones, intolerante, pero te aseguro que los mejores ensayistas, narradores y poetas de nuestra universidad publican en Crítica. Si sabes de alguno que aún no haya sido publicado dame su nombre (¡nombres, nombres!). 2. Pero, “eso no es lo más grave. Poco a poco y conforme pasan los años, Crítica pierde presencia, relevancia, rigor, a nivel nacional e internacional.” ¡Qué bueno saberlo!, pero me gustaría que precisaras a partir de qué año comenzó a perder “relevancia, rigor (sic), a nivel nacional e internacional”, pues con toda seguridad esto deben saberlo nuestros colaboradores: Eduardo Chirinos, Carlos A. Aguilera, Juan Antonio Masoliver, Matías Serra Bradford, Verónica Zondek, Iván Humanes Bespín, Andres Sánchez Robayna, Rolando Sánchez Mejías, Antonio Gamoneda, Fernando Arrabal, Martha L. Canfield, Juana Rosa Pita, Lorenzo García Vega, Gustavo Ferreyra, Oswaldo Aguirre, Dimitris Angûelis, David Cortés Cabán, Norbert Gstrein, Ena Lucía Portela, Antón Arrufat, Idalia Morejón, Andrés Ortiz-Osés, Jorge Ángel Pérez, Claudio Daniel, etc, etc. (Y sólo menciono algunos de los escritores de Chile, España, Cuba, Argentina, Italia, Puerto Rico, Alemania, etc. que hemos publicado en los últimos 12 meses. Y ya sabes, debes saberlo, que no publicamos refritos ¡sólo originales! ¿En verdad ves en sus trabajos falta de rigor? Si es así, dímelo, tal vez la migraña que de tanto en tanto me postra está arruinando mi capacidad crítica. ¿O tal vez no te refieres a ellos? Quizás a quien estás acusando de falta de rigor sea a los autores nacionales: Adolfo Castañón, Gabriel Bernal Granados, Juan Villoro, Maurizio Medo, Julián Herbert, Luis Vicente de Aguinaga, Carmen Boullosa, Luis Jorge Boone, Jorge Esquinca, Eve Gil, Teresa Gonzáles Arce, Jorge Fernández Granados, Marco Tulio Aguilera Garramuño (y no me vayas a decir que es colombiano después de tantos años de vivir en México), Gabriela Cantú, etc. etc. ¿O, aquí entre nos, cuando hablas de falta de rigor te refieres a los poblanos que publicamos en Crítica: Carlos Ríos, Álvaro Solís (les digo poblanos porque viven en Puebla), José Prats Sariol, Juan Sebastián Gatti, Gabriel Wolfson, Gerardo Arturo Zepeda Ordorica, Juan José Ortizgarcía, Gerardo Lino, Alejandro Badillo, Miguel Campos Ramos, Alejandro Lámbarry, Víctor Baca. Judith Castañeda Suarí, Jorge Juanes, Víctor Toledo, Alejandro Palma, José Sánchez Carbó, etc.? 3. Te refieres “al pleito y falta de entendimiento entre el director y el subdirector”. Vaya, creí que esa noticia era confidencial. Pues sí, la verdad, es que Eutiquio y yo no siempre estamos de acuerdo, discutimos, gritamos (bueno, en verdad grito yo), pero las disputas son siempre por cuestiones estéticas. ¿A ti te gustó la última novela de Carlos Fuentes? Bueno, pues a mí no, ¿hay algún problema? Querido Alí: lo mejor de la amistad es que puedes discutir y pelearte a gritos no una vez, sino decenas de veces, te lo aseguro. 4. Dices que “Crítica es anacrónica e incapaz de competir con otras publicaciones de México y el resto del mundo.” Discúlpame, pero no acabo de entender a qué te refieres con lo de anacrónica. ¿Al formato? ¿Al contenido? ¿Tal vez al papel? ¿Al diseño? Si eres mi amigo, dímelo y no me dejes con la duda. Y también dime ¿por qué me pediste que publicara tu poema si Crítica es anacrónica? También dime con cuáles revistas de literatura no puede competir, no sea que estés pensando en …bueno, pero no importa. Y luego dices que no está indexada y no tiene consejo editorial, luego estás pensando en revistas académicas. Pues, querido Alí, déjame decirte que Crítica es una revista de creación literaria, no una revista académica, por ello, pero ya lo sabes, es que depende de la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Cultura (la cultura universal, ojo, no vayas luego a pedir que la universidad enseñe sólo los conocimientos que sus mismos docentes y alumnos producen), no de la Vicerrectoria de Investigación y Estudios de Posgrado, ¿estamos? Y su “registro se encuentra, desde hace varios años, en trámite.” Eres muy joven para saberlo, pero la razón de que su registro esté eternamente en trámite se debe a que cuando la Universidad decidió publicar Crítica ese nombre estaba ya registrado por otra revista que, por cierto, es menos conocida que la nuestra. ¿Quieres saber por qué nuestra universidad se empeñó en mantener ese nombre? Supongo que no. 5. ¿Regalamos ejemplares de la revista? Pues claro, cada vez que, por ejemplo, hay un congreso les regalamos ejemplares a los visitantes. Es una cortesía, ¿no has oído hablar de la proverbial cortesía poblana? Y “A nadie le interesa leer Crítica.” Pero Alí, otra vez te pregunto, por qué, entonces, mencionas en tu currículum que has publicado en ella? 6. ¿La mejor opción para solucionar el problema es un cambio en la dirección? Querido Ali, ya que somos amigos, ¿me puedes decir qué te orilló, en verdad, a escribir tu carta al rector? Te recuerdo que si hay fallos en Crítica, el culpable sólo soy yo, pero los aciertos son del equipo y, sobre todo, de sus colaboradores (y te incluyo).
Un abrazo Armando Pinto.
El siguiente texto lo enviaron a mi correo, y se puede encontrar en: http://www.mistercolombias.blogspot.com/
Ataques contra Crítica
Hasta Xalapa ha trascendido que en Puebla hay una campaña contra la revista Crítica, o más específicamente contra quienes están actualmente al frente de la publicación. Llevo muchos años colaborando con Armando Pinto, su director y sin duda tendría muchas cosas que decir sobre la revista y sobre Armando.
Algo que sí es evidente es esto: sus criterios de publicación no están regidos por la amistad o el interés. Si el primer caso fuera tal, yo habría publicado un artículo por revista. Y es que con Armando conservo una amistad sólida y desinteresada. El caso es que de cuatro artículos que le mando, me rechaza o me manda a corregir dos. Nunca me he sentido ofendido por eso. A pesar de ser vanidoso como casi todos los escritores, no creo ser perfecto y sé que todo texto es perfectible.
Entonces no es la amistad la que determina lo que es publicable o impublicable.
Hasta donde sé Armando no es escritor ni aspira a serlo. Por ello en Crítica no se aplica el "si me publicas te publico". Armando es más bien retraído. Huye de los reflectores.
Es obvio que una revista como Crítica que se publica en una ciudad de provincia debe recibir críticas, censuras, ataques, de parte de quienes quieran apropiarse de la publicación para satisfacer sus intereses. Capear estos temporales es parte del oficio de director.
Si Eutiquio (subdirector) y Armando se pelean a gritos no es asunto que me concierna. Yo leo la revista y no me dedico a espiar por la ventana.
Crítica es una de las pocas revistas no sectarias que quedan en México. Es una revista universal, es una revista atemporal (no se ocupa sólo del presente sino del amplio especto de la cultura a lo largo de los siglos). Es una revista que vale la pena leer porque siempre trae algún artículo, algún cuento, una buena sección de reseñas, crónicas.
No creo que Crítica pueda estar en mejores manos. Auguro que si quitan de la dirección a Armando y de la subdirección a Eutiquio, se acabará la revista. Tal vez durante unos meses algún burócrata o intelectual ambicioso la sostenga. Luego las autoridades encontrarán la oportunidad de ahorrarse una buena parte del presupuesto que se podría utilizar en algo menos ocioso y más divertido que la cultura.
Atención: así como los ríos se están secando.También se están secando los veneros de la cultura. Hay que luchar contra eso. El planeta merece conservar algo de sombra y algún río de agua clara.
Marco Tulio Aguilera
Tomado de Intolerancia diario, que se publicó el día 24 de abirl:
Crítica. El texto de la discordia.
...[…] Sin embargo los antologadores (Alí Calderón, Jorge Mendoza, Antonio Escobar, Álvaro Solis) nos han corrido la cortesía de escoger textos medianamente aliñados —a diferencia de colecciones como Las afinidades electivas / las elecciones afectivas o Eco de voces, cuyos afanes democráticos pasan a veces no sólo por encima del sectarismo: también de la gramática. El prólogo, como ya dije, ha sido escrito con pulcritud. Y hago esta precisión: estoy hablando de la efectividad expositiva de la prosa, no del valor de verdad de sus afirmaciones— mayoritariamente falsas. El trabajo en cuestión quiere fundamentar sus tesis en las ciencias del lenguaje. Por eso lo interrogo a partir de la lógica.La primera contradicción aparece entre el nombre propio o descripción del objeto y uno de sus nombres conceptuales o predicados (valga decir: una de sus funciones). Se nos ha dicho que La luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última en México (1965-1985) “Es una antología de poemas, no de poetas”. Si esto es verdadero, ¿por qué los límites del conjunto radican en las fechas de nacimiento de los autores incluidos y no en las fechas de publicación de los poemas seleccionados?... Una anomalía subsidiaria surge del presupuesto de que se compilarán veinte años de poesía y no veinte años de poetas, cuando todos los textos seleccionados fueron compuestos en fecha posterior a 1985. Ergo, una de las afirmaciones sobre las que descansa todo el sistema (“una antología de poemas, no de poetas”) es falsa.Al ser cuestionado sobre la ausencia en el volumen de ciertos autores, Alí Calderón respondió hace poco: “Hay nombres que no aparecen porque sus poemas no eran nítidos en cuanto a lenguaje literario; a veces no aparecen porque los poemas simple y sencillamente no nos gustaron ni nos parecieron meritorios; a veces, simplemente, no conocíamos a los poetas”. El segundo y tercer argumentos me parecen incontestables; el primero en cambio (“sus poemas no eran nítidos en cuanto a lenguaje literario”) no sólo me parece absurdo, sino que manifiesta la ignorancia de Calderón en materia académica. Un elemento básico de la metodología de la investigación cualitativa es éste: si las categorías que has establecido resultan discordantes con el fenómeno, la carencia radica en el método y no en aquello que se analiza. Dicho de otro modo: si los poemas de autores meritorios “no eran nítidos” es porque las categorías resultaron insuficientes o no eran las adecuadas. Usualmente no le reprocharía esto a un antologador; pero quienes firman el prólogo de La luz… han pretendido blindarse frente a opiniones adversas recurriendo a un engreído discurso académico; lo que les abre un flanco del que quizá no son conscientes: su debilidad como teóricos (y sobre todo como investigadores).Recapitulo. La luz que va dando nombre es un libro interesante, aunque no tanto por sus aciertos: más bien porque permite observar de cerca los vicios literarios más jóvenes de México. Pese a que reúne algunos poemas interesantes y a que sus autores me parecen (quiero enfatizar esto) lectores de buena intuición, el volumen es empobrecido por su chambón proyecto crítico; su pretencioso “incluyentismo”; su agenda oculta: dar una plataforma curricular a los amigos. El problema de fondo, sin embargo, me parece intelectual y no de actitudes personales. Los antologadores emplean jerga teórica cuando carecen de destreza para construir hipótesis, tesis y argumentos cuya estructura resulte lógica. Su vocabulario finge ser analítico; su pensamiento no lo es. Esta clase de charlatanería ha devenido, por desgracia, el corazón de la mediocridad que muchos jóvenes avalan bajo el rubro “crítica literaria”.
Tomado de la Jornada de Oriente, del día 25 de abril de 2008:

Crítica, más allá de los insultos

Juan Sebastián Gatti

En los últimos días se ha suscitado una discusión creciente alrededor de la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla. Esto es novedoso, tanto por el hecho de que una revista cultural se vuelva tema mediático, como por el tono en que ese debate ha transcurrido hasta ahora.
No quisiera abundar en las injurias y las groserías proferidas a lo largo de este intercambio, que han sido muchas y tienen poco que ver con el asunto de fondo. Quiero decir que no importa, por ejemplo, si Alí Calderón tiene o no una querella personal contra la revista. Tampoco si el director y el subdirector de la revista acostumbran pelearse a gritos, o si Raúl Dorra es o no un experto en poesía mexicana. Lo que importa es si sus respectivos argumentos son válidos o no lo son.
Y el primer problema, me parece, es justamente la falta de argumentos. Si entiendo bien, Alí Calderón es portavoz de un grupo (según se desprende de una entrevista publicada en Síntesis) que considera que Crítica no publica a todos los que debería publicar, especialmente a estudiantes y maestros de la universidad; que ha perdido rigor y presencia nacional e internacional, y que sus directivos han traicionado la misión de la revista. Pero estos, así expresados, no son argumentos: son opiniones.
En sentido opuesto, parece evidente que muchas personas deben opinar lo contrario. Quienes compran Crítica, quienes la leen y seguramente la mayoría de quienes publican en ella (si no, ¿por qué lo harían?).
Pero apoyados en opiniones no se puede proceder a pedir la destitución de un director y un subdirector, y el cambio de línea editorial de una revista. Para hacer algo así hacen falta argumentos, y eso es lo que el grupo invocado por Alí Calderón debería proporcionar para sostener sus demandas. Tampoco es posible ampararse en encuestas, y menos si no se las da a conocer públicamente, explicando en detalle su forma de aplicación, el universo encuestado, las fechas... en resumen, la metodología empleada. De las encuestas a la superstición puede haber un paso bastante corto, pero un poco de rigor científico igualmente se agradece.
Más grave aun es que las opiniones no sean consistentes. En una misma entrevista en el diario Intolerancia, Alí Calderón dice que Crítica está dirigida por “un tipo sin preparación” y que la revista es “una joya”; que “hay consenso en el medio de los ensayistas y artistas universitarios de que Crítica debe abrir su abanico” y que “hay intelectuales que están de acuerdo con un cambio de rumbo de la revista”. Consenso, según el diccionario de la RAE, es el “Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”; que haya algunas personas de acuerdo con algo no constituye un consenso.
Sería más productivo, me parece, que los miembros del grupo al que Alí Calderón dice representar se mostraran públicamente y manifestaran de manera clara qué clase de revista creen que debería ser Crítica. Que mostraran también, por ejemplo, algunos de los textos no aceptados por esa revista, para que luego Pinto y Sarabia explicaran con qué criterios los rechazaron, e incluso que Renato Prada, Galván, Sampedro y los demás que él nombra dijeran si comparten sus opiniones –y, de una vez, cuál de ellas.
Yo coincido con una de esas opiniones: creo que Crítica es una joya. Seguramente lo es tanto por lo que rechaza como por lo que acepta, porque una revista que lo aceptara todo no valdría la pena. Armando Pinto cita a vuelapluma 45 escritores publicados en Crítica, 17 de ellos poblanos, y pide los nombres de quienes fueron excluidos. Alí Calderón ha dado, si no cuento mal, seis. Quiero imaginar que son muchos más. En los últimos años he enviado varios textos a la revista, fueron publicados dos de ellos y me enorgullecen más que si los hubieran aceptado todos, y mucho más que si aceptaran a todos. Aunque carezco de la superstición de las encuestas, tengo para mí que puede ser un orgullo compartido por otros.
Dice Alí Calderón que sin publicar en revistas, los jóvenes no pueden aspirar a las becas del Fonca. Esto, que tampoco es un argumento, ni siquiera es una opinión. Comercio o mercadotecnia, quizás. Pero si ése es el problema, tal vez valga la pena resolverlo de otra manera: por ejemplo, proponiendo en la universidad la creación de otra revista, con los criterios editoriales y los modos de funcionamiento que Calderón considere adecuados. Veríamos entonces una mayor pluralidad de ideas y propuestas, podríamos compararlas y confrontarlas, elegir y hasta tomar partido, si de eso se trata; tendríamos espacios que se complementaran en lugar de anularse unos a otros. De esta forma todos saldríamos ganando: los escritores, los lectores y la UAP.
Construir es más difícil que destruir, pero que se dediquen a construir es lo menos que puede esperarse de los creadores, tengan la edad que tengan.

Saturday, March 08, 2008

LAS POSIBILIDADES DEL ODIO

Escribir acerca de lo que se conoce, de lo que se vive. De sensaciones. Tender puentes entre el lugar que se habita y el que se abandonó. Observar, estar inmersos. María Luisa Puga lo hizo desde su primer libro; como Rosario Castellanos en sus cuentos de Ciudad Real, en su Oficio de tinieblas, la autora nacida en 1944 vivió varios años en Kenia para imprimir la misma pasión a Las posibilidades del odio.
Los diccionarios califican este sentimiento como antipatía, aversión hacia algo o hacia alguien. En el caso de la publicación de Siglo XXI, el odio se dirige hacia una piel sonrosada, hacia edificios altos, hacia la reverencia, casi adoración, que los africanos prodigan a los ingleses. Desemboca en “antiblanquismo”.
Compuesta por seis relatos independientes, con números como título, separados por una cronología histórica de Kenia, la obra refleja las diferentes rutas del odio, los personajes a quienes alcanza: patrones blancos de una agencia de turismo, quienes le enseñan a un keniano blanco a ver lo que antes no veía, la capa espesa de odio sobre los rostros negros, permanentemente inclinados; la agresión a un joven por la sospecha de que pertenece a un movimiento contrario a los colonizadores europeos, a los kenianos leales a ellos; un estudiante que hace de guía de turistas y finge, detrás de unas gafas, de la cámara fotográfica, ser americano o de quién sabe dónde, de lejos, porque si no lo miran con desconfianza, con desprecio; un empleado negro a quien se les va la vida en complacer al jefe británico; un británico empeñado en sacar a flote la superioridad fingida de sus compatriotas, asesinado por su hijastro, estudiante negro a quien alienta para organizarse contra la colonización; una joven con ataques de antiblanquismo y un hermano preso y muerto por apoyar movimientos subversivos.
María Luisa Puga traza desde África un paralelo del tercer mundo latinoamericano: el caos producto de la irrupción europea, el desprecio reinante entre las clases altas y las llamadas bajas o inferiores –¿en qué, por qué?–, la explotación, la riqueza en unas cuantas manos, mientras quienes trabajan para esas manos deben tener la cabeza humillada y los pies prestos. Suena familiar: América y África definitivamente comparten aspectos históricos
Las posibilidades del odio nos muestra en “Dos” a un mendigo, un exconvicto de veintiséis años que parece de más de sesenta, un hombre a quien el tiempo masticó y escupió, a quien le robó cuarenta años y una pierna. “Cuatro” es una especie de monólogo donde un oficinista negro se desvive por “el jefe” –Jefe, sumisión que no nos permite enterarnos de su nombre real– y termina engrosando las filas de los desempleados por el desprecio a los suyos. Llama la atención la presencia de la autora en “Seis”, es simplemente “la mexicana” que quiere escribir un libro acerca de África, quien viaja con su esposo y habla con Nyambura, estudiante africana, cuyos familiares encarnan los extremos de la comunidad negra: el padre católico, sumiso ante los blancos, el hermano menor deslumbrado por ese mundo que llegó de un allá desconocido antes de mudarse a la ciudad, el hermano mayor como parte de quienes se oponen a la idea de inferioridad, idea impuesta desde los tiempos en que secuestraban negros para hacerlos esclavos al otro lado del mar. Nyambura va a Roma gracias a una beca, a estudiar, a que la sigan colonizando –palabras de Ngongo, su hermano muerto.
Las rutas que toma el odio, diferentes, desembocan en un mismo punto de llegada: muros sin puertas ni ventanas en torno a quien lo ofrece. Y hasta el lector, como sucede con la protagonista de la última narración, de la más larga, llega esa sensación de estar fuera de todo, de no pertenecer. Nyambura es el conducto por el que María Luisa Puga, extranjera en un continente tan lejano, conduce con éxito la sensación de sentirse ajenos, molestos ante la historia que aparenta ser propia.

Friday, March 07, 2008

NO FUERON NI NUEVE Y MEDIA NI MADRUGADAS


Leí el libro de María Luisa Puga -¿novela, biografía, reunión de una persona consigo misma en dos edades alejadas por treinta y dos años?- en el trayecto de la casa al trabajo. El camión. Los brincoteos ocasionales no me impidieron asomarme a la obra de esta autora desaparecida en el 2004, a los sesenta años, quien impartiera talleres literarios para niños y jóvenes en Erongarícuaro, Michoacán.
Su disciplina la hizo levantarse a las cuatro de la mañana para iniciar la escritura, a diario, ir temprano a dormir, pues la libreta la esperaba la siguiente madrugada. Como reflejo de esta costumbre está Nueve madrugadas y media, sólo que en las páginas del libro editado por Alfaguara en el 2003 ni escribe ni está sola: alguien llamado simplemente “Hernández”, de veinticuatro años, llega y la entrevista para un proyecto, rompe sus días, su rutina: observar la vida de cinco escritores de lugares distintos.
Los capítulos son las madrugadas, una comida y una cena con el -¿la?- probable estudiante, y cada uno está construido por una cadena de diálogos por los que nos enteramos que Hernández tiene gripa, que la escritora puso como regla reunirse sólo de madrugada –imagino las cuatro en el reloj-. Que fue secuestrada.
La historia aparente es que una joven llega a visitar a una escritora como parte de un proyecto. Se reúnen en diez ocasiones, durante la madrugada, la escritora habla acerca de la literatura, de las imágenes, de las sensaciones al instante de regresar a México, de la corrupción, de la vida de cada una: el miedo a envejecer y aceptarlo porque simplemente pasa. Percances: la estudiante se cae, tiene gripa, no puede interrumpir a la escritora en su vida diaria –quien de repente sufre un dolor de muelas y un viaje a la ciudad para hablar de su nuevo libro–, sólo un día come con ella –“nunca había estado en la cocina contigo adentro”.
El libro, más que de una historia, de un ¿y luego qué pasó?, del sobresalto por algo inesperado, está compuesto con lecturas de Don de Lillo y Dostoievski adaptadas en parte a la realidad de Hernández, en parte al sueño que tuvo entre la sexta y la séptima madrugada, con imágenes de carreteras y volcanes, de habitaciones amplias, de cuartos de azotea.
Al principio es como si asistiéramos a un taller literario de los que la autora nacida en el Distrito Federal, en 1944, impartió a lo largo de su vida. Por momentos es el alumno quien cuestiona, a veces, el tallerista. Sin otro indicio del cambio de interlocutor que el guión largo, al iniciar la lectura, intenté seguir la secuencia: la escritora, la alumna, la escritora, la alumna… Decidí no hacerlo más pues, creo, los personajes no hablan alternadamente, así que las palabras junto a dos guiones contiguos pueden pertenecer a la misma interlocutora.
¿Autobiografía? ¿La autora confrontando sus puntos de vista acerca de la vida y la literatura y las lecturas con la que era a los 24 años, antes de partir hacia Europa y África? A lo mejor el espacio donde hablan es su propio cuerpo, su interior; si María Luisa Puga era escritura –palabras de Isaac Levín, su alumno en los talleres de Ciudad Universitaria, su compañero, con quien vivió desde 1985 junto a la laguna de Zirahuén– muy bien podría ser la madrugada dentro de la que llenaba sus libretas con letras sepia, su cabaña con la ventana abierta a “Esteban”.
El final de Nueve madrugadas y media es como el de cada uno de los capítulos: intempestivo, como un portazo frente a la cara. “Hernández”, aún con preguntas en los labios, aún con la vida fuera de los libros como un enorme signo de interrogación, aún aferrándose con las uñas a una última respuesta no para su proyecto, cuestiona acerca del secuestro que sufrió la escritora –quien se asoma con todo y nombre, se dice Sra. Puga de lleno, a diferencia de Las posibilidades del odio y su capítulo seis, donde es simplemente “la mexicana”
-Todo este tiempo te he tratado de decir que un secuestro es todos los secuestros. Piensa en el acto, no en los detalles. Eso ya es morbosidad. Ándale, vete a tu vida que yo me caigo de sueño– le contesta la escritora. Hernández apenas balbuce un “Pero…”
–Cierra la puerta cuando salgas. Que tengas una buena vida–. Casi imagino la puerta en la cara.
Y entonces María Luisa Puga, con veinticuatro años, se fue a vivir a Europa y África. A escribir.

Tuesday, February 05, 2008

FEMINISMO DE PAPEL

Una página llena de dibujos, párrafos, colores, imágenes sacadas de periódicos o revistas, puede ser tan firme y causar la misma impresión (o mayor) a la que causaría un grabado en la roca poseedora de dureza mayor a la del diamante; por ello decir feminismo de papel no significa insulto o menosprecio. Al contrario, además puede llegar a un mayor número de personas.
En la exposición de las libretas participantes del concurso “Muestra tu Moleskine”, abierta al público en la librería Profética de la UDLA hasta el 3 de marzo, hay una muestra de este feminismo puesto en trozos de celulosa. La autora, con el seudónimo de “Fémina”, Iliana Galilea Cariño Cepeda; las formas de expresarse, dibujo a colores y a lápiz, palabras, fotografías sacadas de publicidad de los periódicos. En esas páginas forma francesa pasamos de la visión de la mujer en China, con los pies flor de loto dorado, a la descripción de la indumentaria femenina en la cultura islámica, de los anuncios de “soy totalmente palacio” al consejo de escaparse de los cuentos de hadas y ser una mujer que sabe latín –haciendo alusión al libro de ensayos de Rosario Castellanos.
Las cruces azules sembradas en un desierto rosa y café, con nombres masculinos y la leyenda “Sin desearlo, ¿en cuanto tiempo se resolvería? Juárez”, asombran tanto como la publicidad de una tienda que vuelve maniquíes huesudos a cuerpos vivos: Sólo una frase separa a la niña de la mujer: no tengo nada qué ponerme (por favor, ¿no podría ser “No tengo nada que leer?”), El problema no es que me quede bien o mal, sino que ya me lo vieron.
En dos páginas, la libreta nos muestra por un lado varios títulos relacionados con mujeres o escritos por mujeres, caricaturistas, historia de las mujeres en el siglo XII, entre otros, y por otro, haciendo uso de la publicidad de la librería Profética, a una mujer que, sentada en el suelo, lee un libro atentísima. Los nombres de Sor Juana Inés de la Cruz (Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…), Alfonsina Storni, Virginia Woolf, hacen eco de Rosario Castellanos y su alusión a la mujer que sabe latín, que arrebata la pluma cuando sólo manos masculinas la ejercían, como en la época de la Décima Musa, la que con una inteligencia aguda explora la situación de la mujer que escribe, el caso de Virginia Woolf y su Una habitación propia. Tinta, grafito, colores, nos hacen regresar a la página anterior, mirar, casi sentir cómo se deforman los pies para poder entrar en zapatos que sólo a una muñeca le quedarían cómodos (¿de verdad visión de belleza oriental o una forma de no ir tan lejos?), recordar el humor del libro amarillo de la caricaturista Maitena, “Mujeres alteradas”, tal vez ignorar el nombre masculino en una cruz y poner el de alguna joven conocida que se fue a trabajar a Ciudad Juárez y que no ha regresado ni siquiera en una línea entrecortada del telégrafo, en la bocina del teléfono…
La libreta de “Fémina”, finalista en el concurso “Muestra tu Moleskine”, estará en las instalaciones de Profética de la UDLA, abierta de 9 de la mañana a 6 de la tarde, hasta el 3 de marzo del presente año.

EL MUNDO EN UNA LIBRETA

Por páginas cuadriculadas, pautadas, de líneas o blancas pueden desfilar números telefónicos, actividades o citas, pero también poemas, imágenes referentes al cine, a la música, esbozos y proyectos de cuentos o novelas.
Durante el mes de febrero, podemos ser testigos de los mundos que pueblan una libreta de apuntes en la exposición que se encuentra en la Universidad de las Américas, organizada por Profética.
Las libretas pertenecen a los finalistas del concurso “Muestra tu Moleskine”, que tuvo como premio de primer lugar $5.000 en vales de compra de dicha librería. El ganador fue, con el seudónimo “Tyto Alba”, Antonio Aurdirac, y en las páginas de su libreta –pequeña, de una sola hoja plegable–, búhos y garzas de grafito alternan con timbres postales, plumas de inciertas palomas y hojas secas.
El jurado, integrado por José Luis Escalera, Gabriel Wolfson y Yara Almoina, decidió otorgar una mención, premiada con $1.000 en vales canjeables en la librería Profética, a Luis Ricardo Ramos, quien participó con el seudónimo “Tito Rosete”.
La música, el feminismo, las construcciones con cartón de colores, nombres –Eduardo Sabugal, Andrea Coyotzi, Francisco Téllez, Víctor Manuel Garibay, Iliana Galilea Cariño, Israel Vergara, Virginia Muñoz, Julio Antonio Torres, Marcelino G. Barsi– llenan la exposición ubicada en la librería Profética que se encuentra en la zona del Ágora de la Universidad de las Américas y que permanecerá abierta al público de 9 de la mañana a 6 de la tarde, hasta el lunes 3 de marzo.

Friday, January 25, 2008

NO ES JUSTO...

Ayer, y no sé si fue buena o mala sorpresa, me encontré en una librería de viejo, en el último rincón del último anaquel y a un precio ínfimo, con el primer libro del autor (maestro, amigo) tlaxcalteca-poblano Alejandro Meneses, Días extraños, editado por Fomento Editorial de la BUAP en 1987 en su colección Asteriscos.
Tropecé con él mientras curioseaba en el fondo del lugar, espacioso, amarillo por fuera, blanco por dentro y con barrotes en las ventanas. Clavado en la 7 oriente, cerca de la Casa del Escritor, a una cuadra del antiguo cine Puebla. Y digo que dudo si fue buena o mala la impresión, porque un autor como es él no merece estar en el último rincón de un lugar que casi nadie visita. De esta situación se nos pueden ocurrir diferentes pensamientos, todos acerca de las librerías y quienes adornan aparadores y contraportadas, los elogiados por las cuartas de forros.
Repito: un autor tan extremadamente talentoso, hábil tejedor de atmósferas e historias donde los personajes podrían ser aquellas, alguien que concebía la literatura como la vida, al cuento como un trozo de tiempo extendido en el antes y el después, no se merece estar olvidado, confinado a un espacio cercano al suelo, segunda muerte para un escritor -para cualquier persona-. Pensemos un momento en qué autores llegan a la mesa de novedades de las librerías; su publicidad, con pocas variantes, es que ese libro es "el libro", que cambiará tu vida, como si fuera una receta aplicable a la totalidad de la gente. Esos libros, luego, se convierten en éxito de ventas. Sólo éso es importante. ¿Y los buenos autores? ¿O es porque el cuento vende menos que la novela?
Lo segundo que se me viene a la mente, es algo que leí del propio Alejandro: la falta de espacios para comercializar las publicaciones de la Universidad Autónoma de Puebla. Creo que a más de uno le gustaría conocer los títulos no sólo de literatura, sino los académicos. A pensar.
Alejandro Meneses murió en Puebla el 4 de julio del 2005 y además de maestro en la SOGEM-Puebla y en los talleres independientes PlantAlta, fue autor del libro Días extraños, de 1987, de Ángela y los ciegos, editado por Cal y Arena en el 2000, Vidas lejanas, de ABZ editores, y del póstumo Tan lejos, tan cerca, del 2005, editado por Ediciones de Educación y Cultura, todos ellos libros de cuentos, además de las recopilaciones Noche Adentro y Casa vacía, de Fomento Editorial de la BUAP y LunArena, respectivamente.

Tuesday, January 15, 2008

EL PALACIO DE LOS SUEÑOS

La novela El palacio de los sueños de Ismail Kadaré es una historia de familia, de caer para que alguien crezca. Con un lenguaje sencillo crea atmósferas opresivas donde los minutos se arrastran y los pasillos son largos y vacíos, son los dejados varias vueltas atrás, como si quien los recorre estuviera en un laberinto del que nunca va a salir.
En la portada de la edición de Cátedra Letras Universales de 1999, escrito entre 1976 y 1981 en Tirana, Albania, lugar de nacimiento del autor, se muestra una fotografía que es un presagio: la de un hombre prisionero, cubierto por entero, dos brazos asiéndolo a manera de cadenas. A lo largo de la gran parte de la lectura se presiente alguna desgracia para el protagonista, Mark-Alem.
El libro también añade un paso hacia lo que sería una dictadura completa, simbolizada por el Tabir Saray o Palacio de los Sueños, una dependencia gubernamental a la que la población debe reportar por escrito cada sueño que acuda a sus noches. El protagonista llega a trabajar a este sitio, una construcción enorme y gris. Por sus manos de seleccionador de nuevo ingreso, empiezan a desfilar sueños que luego deberán llegar al departamento de interpretación, a donde él es promovido al poco tiempo de su ingreso. Entre ellos, uno que muestra un instrumento musical junto a un puente y a un toro presto a embestir, llama su atención porque, siendo tan numerosos los funcionarios del Palacio, llega a él en el departamento de selección y luego vuelve a encontrarlo en el de interpretación.
Este sueño llegará a ser el Sueño Maestro, el seleccionado para representar el estado de ánimo popular, el que puede presagiar el futuro político del gobierno. El catalizador que seguirá cumpliendo el destino de la aristocrática familia Qyprilli – familia albanesa influyente varios miembros fueron visires, grandes visires, generales, y altos cargos a lo largo de la historia del imperio otomano–, a la cual pertenece el protagonista, consistente en éxito y desgracias enormes tomados de la mano. El poder premonitorio de la portada se cumple pero no en la persona de Mark–Alem.
A lo largo de la lectura, como al de pronto Jefe del Departamento del Sueño Supremo y Director General Adjunto del Tabir Saray, Mark–Alem, nos sentimos tragados por la atmósfera salida de la pluma de Ismaíl Kadaré, tan opresiva como la que lo rodeó en Albania.
Ismaíl Kadaré acerca de esta novela afirma: "Desde hacía mucho tiempo tenía ganas de construir un infierno. Mediaba, no obstante, lo que semejante proyecto tenía de ambicioso y hasta de quimérico, después de los anónimos egipcio, Virgilio, San Agustín, y sobre todo, Dante".

Tuesday, December 04, 2007

MEMORIAS DE ADRIANO

La literatura contiene en su interior a la vida, nos lleva a otros lugares, pone frente a nosotros personajes de épocas anteriores o por venir, ambientes lejanos. Estos aspectos se encuentran en la novela histórica Memorias de Adriano, donde Marguerite Yourcenar, después de aproximadamente treinta años de investigaciones en bibliotecas, de viajar a la Villa Adriana, a los lugares frecuentados por el emperador romano, de observar esculturas y ruinas, de iniciar y abandonar en más de una ocasión el libro, de entrar en la desesperación de un escritor que no escribe, nos entrega la vida de un hombre cuando éste se encuentra próximo al mausoleo.
La novela refleja, incluso en su estructura, la vida del emperador Adriano –la de cualquiera de nosotros–. Narrada en primera persona, refiriéndose en poquísimas ocasiones una segunda –Annio Vero (Marco Aurelio)–, va de la juventud, en búsqueda constante, llena de ideas sin materializar y de actos que tienen la finalidad de volverlas sólidas, hasta los deseos de interrumpir la respiración con la propia mano. El libro se puede abordar desde aristas diferentes: un político que lega su experiencia a quien, mucho después de su muerte, heredará el imperio, un hombre enfermo hablándole con cariño a su nieto, ansioso por dejar sus asuntos en orden.
En cada letra se enreda la política y sus frases, que siguen conformando el vacío discurso de los aspirantes a cargos de elección popular, la enorme cascada de nombres –funcionarios, gobernadores de provincias, consejeros, poetas, médicos–, la preocupación por un futuro donde el mundo se busca otros dueños, el amor hacia un favorito ahogado a los veinte años, durante un viaje a Egipto, el dolor de una agonía tan larga como se la deseó un enemigo.
Inicia con un “Querido Marco:”, frase dirigida al futuro emperador Marco Aurelio. Este primer capítulo es una carta donde se resume la intención del libro; le cuenta del médico, de su enfermedad, de sus costumbres y placeres perdidos de a poco. Esta parte y el capítulo final es donde la referencia a una segunda persona está más presente.
Dentro del conocimiento de la política, del gobernar, escuchar, defender y servir al pueblo, hay frases repetidas hasta la memorización por quienes se dedican a esa misma actividad actualmente, quienes tienen entre sus logros el haber vaciado las palabras, el desgastarlas de tanto pisar sobre ellas. Y tanto es así que al leer la novela, cincuenta años después de publicada, el mismo discurso se transporta a las páginas y desplaza la caligrafía de Marguerite Yourcenar, devaluándola, volviéndola un manual para diputados y senadores.
En cuanto a una frase subrayada en la correspondencia de Flaubert por la autora nacida en Brucelas en 1903, acerca de un período donde el hombre estuvo solo –los dioses ya no estaban y Cristo aún no aparecía–, ubicado entre Cicerón y Marco Aurelio, lo que refleja no es tanto la soledad como lo imperioso de acudir a un ser superior, o en todo caso fabricarlo. El emperador que gobernó Roma desde el año 117 hasta su muerte en el 138, fue iniciado en ciertos cultos con un baño de sangre de toro, y se refiere en repetidas ocasiones a los dioses, tal vez no muy convencido, pero cuando muere su favorito, el joven Antínoo, Adriano lo deifica; aunque su culto desapsareció con él. En la novela traducida por Julio Cortázar los hombres no estuvieron solos, por lo menos no el emperador: creó un dios y así mantuvo caliente el recuerdo de quien ofreció la vida en un sacrificio para alargar la del emperador.
Y al igual que Antínoo, hundidos en el barro del Nilo, en un mundo de columnas y bustos de mármol, olvidándonos de referencias históricas y dejando pasar el río de nombres y cargos, es un placer sumergirse en la narartiva elegante de Marguerite Yourcenar, en su compromiso con el emperador y su tiempo, con quien se dirige a su alma como “mínima, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo” y encontrarnos tal vez con nuestra vida hecha párrafos.

LYDIA CACHO

Infancia Común, integrantes del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM y otros grupos que apoyan la campaña contra la explotación sexual infantil, "¡simplemente no lo aceptamos!" estamos reuniendo firmas de protesta por el fallo de la SCJN. Las entregaremos a los magistrados este jueves 6 de diciembre en la SCJN a las 12:00. Queremos reunir firmas en papel y por correo-e.
Si quieren adherirse al texto siguiente, favor de mandar sus datos (nombre completo, credencial de elector o institución u ocupación) a: expresionpublica@gmail.com a mas tardar el jueves 6 de diciembre a las 9:00 am.

TEXTO
La decisión de la Corte (SCJN) que avala la impunidad, la corrupción de Mario Marín, y la red de pornografía y pederastia. ¡Simplemente no la aceptamos!
Olga Sánchez Cordero, Margarita Luna Ramos, Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela Güitrón, Sergio Valls Hernández, Guillermo Ortiz Mayagoytia: su fallo arrasa con todo sentido de justicia. ¡Es una vergüenza!
Los firmante protestamos y exigimos su renuncia. Demandamos alto a la impunidad y justicia para Lydia Cacho.
Diciembre 2007
Nombre y firma Credencial de elector o institución
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Lucía Melgarlucia.melgar@gmail.com